Las Cosas De Altisidora

Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú la goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro.

Dignidad siempre 18/03/2010

Ayer se aprobó en Andalucía la Ley que regula la muerte digna de los andaluces. Por fin. Cualquiera de los que tenemos miles de razones para estar orgullosos de ser andaluces tenemos otra más y es que se nos concede la potestad de decidir sobre nuestra propia vida si tenemos la desgracia de encontrarnos en fase terminal o en una situación irreversible.

No se trata de favorecer la eutanasia o el suicidio asistidos. Ni mucho menos. Se trata, simplemente, de que si estando en posesión de mis plenas facultades firmo mi testamento vital (última voluntad vital o como se quiera llamar) pidiendo que no quiero vivir de forma artificial ‘gracias’ a una máquina o que no quiero que en fase terminal y sin posibilidad de milagros ni milongas, me den más medicamentos que aquellos que palien los dolores inhumanos que sufriría.

Se trata de vivir y morir con dignidad. No quiero que la objeción de conciencia de un médico o las decisiones arbitrarias que una familia no hace con la cabeza, me obliguen a vivir “x” años respirando y bombeando sangre artificialmente a través de una máquina, mientras me tienen que alimentar sondada hasta que finalmente muera, me tengan que limpiar durante años y años. No quiero ser como Eluana y gracias al Parlamento de Andalucía no tendré que serlo.

Tampoco quiero tener una enfermedad de muerte, en fase terminal, y que me sigan manteniendo viva, ¿para qué? ¿con qué intención?: ¿seguir sufriendo?. Nadie merece vivir (ni morir) así. Quiero poder negarme a que me mediquen sin posibilidad de mejorar ni mínimamente. Medicina paliativa en todo caso y a morir con dignidad. Que una persona no sólo merece vivir dignamente, sino morir en las mismas condiciones.

Aquí no valen argumentos del tipo: lo que Dios te da, Dios te quita, porque nadie merece vivir de esa forma, si es que a eso se le puede llamar vivir, cuando la realidad es que es un sinvivir agónico y dolorosísimo para el enfermo y su familia, por mucho que haya personas que digan que prefieren tener a un familiar vivo aunque sea en esas circunstancias antes que muerto y enterrado. Eso se llama egoísmo y es el peor egoísmo de todos, el que pisotea una vida a favor de la tranquilidad de otra, el no sentirse culpable. Es como si defendiésemos la postura del doctor Frankestein cuando convirtió a su amada en un monstruo terrible y espantoso porque prefería tenerla con él a cualquier precio antes de dejar que muriese en paz y su alma fuese a donde tuviese que ir. Esto es lo mismo, pero sin experimentos científicos imposibles.

No seré yo, de todas formas, quien le quite la razón a las personas que puedan decirme que hay que verse en esa situación para opinar. Es cierto: si no tienes a alguien a quien quieres con toda el alma pegado a una máquina que le insufla la vida no sabes realmente si estarías dispuesto a desconectarlo. Y precisamente por eso ahora Andalucía nos da la oportunidad de decidir, con antelación, por nosotros mismos al respecto. Por si tuviésemos la desgracia de que algo así nos pasara que no dejemos a otros tomar la decisión por nosotros. Porque no sé si sería capaz de desconectar a un padre o a un hermano, pero sí tengo claro que yo quiero que me desconecten. No quiero vivir así, eso no es vida. Es otra cosa.

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Queda Prohibido 25/02/2009

Queda prohibido llorar sin aprender,

levantarte un día sin saber que hacer,

tener miedo a tus recuerdos.

Queda prohibido no sonreír a los problemas,

no luchar por lo que quieres,

abandonarlo todo por miedo,

no convertir en realidad tus sueños.

Queda prohibido no demostrar tu amor,

hacer que alguien pague tus deudas y el mal humor.

Queda prohibido dejar a tus amigos,

no intentar comprender lo que vivieron juntos,

llamarles solo cuando los necesitas.

Queda prohibido no ser tú ante la gente,

fingir ante las personas que no te importan,

hacerte el gracioso con tal de que te recuerden,

olvidar a toda la gente que te quiere.

Queda prohibido no hacer las cosas por ti mismo,

tener miedo a la vida y a sus compromisos,

no vivir cada día como si fuera un ultimo suspiro.

Queda prohibido echar a alguien de menos sin

alegrarte, olvidar sus ojos, su risa,

todo porque sus caminos han dejado de abrazarse,

olvidar su pasado y pagarlo con su presente.

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,

pensar que sus vidas valen mas que la tuya,

no saber que cada uno tiene su camino y su dicha.

Queda prohibido no crear tu historia,

no tener un momento para la gente que te necesita,

no comprender que lo que la vida te da, también te lo quita.

Queda prohibido no buscar tu felicidad,

no vivir tu vida con una actitud positiva,

no pensar en que podemos ser mejores,

no sentir que sin ti este mundo no sería igual.

(Atribuido a Pablo Neruda)

 

Hace un año que fui Lucy 11/02/2009

Ayer hizo exactamente un año que tuve mi primera experiencia con las drogas: un año de aquel viaje a Amsterdam. Qué bien lo pasamos, la verdad: recuerdo el olor del mercado de las flores y de aquella maravillosa tienda de chocolates, la humedad de la ciudad, el bocadillo del restaurante Cobra, las pinturas de Van Gogh, los canales, el timbre de las bicicletas, el frío, el tiempo (hizo bueno, a pesar de que no es lo habitual), la escalera del hotel de Raquel, el bar de “ambiente” que fui incapaz de reconocer (efecto secundario de la marihuana), al recepcionista guapito de nuestro hotel, mi móvil que no funcionaba (menos mal, porque le habría dicho a alguien que le quería, con cierta antelación a la que al final terminó siendo), cómo nos engañaron en la casa de Ana Frank…Y cómo me convertí en Lucy: porque ví el cielo de colores y los diamantes, y yo volaba, pensaba demasiado rápido, me reía sin parar, me aceleraba…

Hoy, un año después, mi vida es diferente. Ni mejor ni peor, sólo diferente. Peor seguro que no, porque todo lo que ocurrió después fue por una buena razón. Seguro. Tanto lo bueno como lo malo. Y en este último año he aprendido muchas cosas (o las sigo aprendiendo más bien): a valorarme un poco más, a ser pelín menos empática, a preocuparme menos por la opinión de la gente, a reestructurar mi pensamiento en la medida de lo posible, a pensar más en mí, a subir mi autoestima, a recuperar a mis amigas, a ser menos dependiente, a decidirme a ser, literalmente, independiente (mi mudanza se aproxima…), a deshechar a aquellas personas que nunca debí confundir con amigas (y amigos), a crecer, a derribar los muros poco a poco, a confiar más en mí, a replantearme mi vida y mi futuro, a liberarme a través de la escritura (a pesar de todo lo que eso también ha supuesto para mí), a saber qué quiero y qué no quiero, a aprender de mis errores para no volver a cometerlos…etc. Aún sigo aprendiendo e intentando todas esas cosas, que el camino el arduo y largo, y, por supuesto, aún no está completado.

Y como toda acción tiene su reacción, una serie de malos acontecimientos que sucedieron algunos meses después de aquel viaje a Amsterdam que cambió mi vida, fue lo que provocó que quisiera aprender, mejorar, crecer. Por lo que se deduce que de todo se saca siempre algo bueno, incluso de los que piensas y sientes que es muy malo, nefasto, horroroso.

Así que seguiré siendo Lucy, aunque en versión ampliada y mejorada.

 

Universo conspirando 08/02/2009

( publicado el 15 de noviembre de 2008 )

El jueves fui con una amiga a comprar el regalo de cumpleaños de otras de nuestras amigas: una chaqueta y un libro. Hasta ahí, todo normal. Compramos esa chaqueta (que nos costó, porque sólo la conocíamos por las vaguísimas descripciones que nuestra cumpleañera había ido haciendo por ahí) y luego fuimos a la búsqueda del libro.

Me encantan los libros y las librerías: son sitios mágicos, llenos de páginas y más páginas de historias, aventuras, vidas reales o inventadas, temores, miedos, amores y desamores…y así hasta el infinito. Es el lugar perfecto en el que soñar. De mayor, quiero tener mi propia librería: la llamaré Barataria (sí, como la ínsula ficticia de Sancho Panza) y no sólo se venderán libros, sino que la gente podrá sentarse allí y leerlos, como si fuese una biblioteca. O mejor: como si fuese el mismísimo Parnaso.

El caso es que, estando en una librería el jueves, mis ojos se posaron en un libro por el que jamás había sentido ningún interés, a pesar de que todo el universo habla maravillas sobre él: “El Alquimista” de Paulo Coelho. Lo cogí de la estantería, le dí la vuelta y en la sinopsis, sólo una frase:

“Si deseas algo con mucha fuerza, el Universo entero conspira para que lo consigas”

Aquello me hizo pensar…bueno y, sobre todo, desear que fuera verdad. Porque siempre he creido mucho en el destino, el karma, las fuerzas del Universo, etcétera. Fue curioso, además, que, en este momento de mi vida, me topase con una frase que me llegó tan profundo.

Un par de horas después, la amiga que me acompañaba a la librería me hizo un regalo: ¡un libro de citas de Paulo Coelho!. Y entre esas citas, la de “El Alquimista”. Como diría Pablo Motos: “¿Coincidencia? No lo creo”.

Al día siguiente, muy temprano, recibí un sms muy especial: mi amigo Juanma, que vive en Madrid, venía a hacer el programa de radio en el que trabaja desde Sevilla, así que tenía un rato (una hora y media, pero menos da una piedra) antes de que cogiese el AVE de vuelta a Madrid, para que, al menos, Marta, Alfonso y yo lo viésemos y nos tomásemos un café juntos.

Toda la historia de volver a ver a Juanma está siendo curiosa: hace algunos meses me quejaba a Antonio que hacía muchísimo que no hablaba con él y que el móvil siempre me daba desconectado, no contestaba a los mails…nada. Y, hace algunas semanas, ¡Pum! Petición en el Facebook de “Juanma quiere ser tu amigo”: ¡genial! El Universo empieza a conspirar…Luego Marta se hizo del Facebook también, ya lo éramos Alf, Antonio, Javi y yo…y seguro que aumentando. Y ahora el mensaje de ayer: por cierto, resultó que el motivo por el que no me cogía el teléfono era que tenía mal un número: había cambiado un 4 por un 6, de ahí que siempre me diese sin conexión. Cosas del Destino.

Total que, al final, ayer tuvimos nuestro reencuentro con Juanma. El Universo empieza a conspirar a mi favor. Para ello, seré positiva porque, si piensas en lo negativo, le envías al Universo señales contradictorias, no sabrá con cual quedarse y, por tanto, las cosas no saldrán como esperas. Hay que ir en una única dirección: tomar el camino correcto y no desviarse. Así, lograré vivir, ser más despreocupada y feliz, agobiarme y angustiarme menos, sentir menos impotencia y frustración…estar bien conmigo y el Universo, en definitiva.

Y fue genial que, precisamente ayer, el Universo decidiera conspirar para que lograse una o dos cosas que deseaba con todas mis fuerzas, porque necesitaba sentirme parte del Cosmos. Lo logré.

Al fin y al cabo, siempre hay espacio para acontecimientos, situaciones, palabras, encuentros, conversaciones… inesperados y que te hacen pensar que no es una simple coincidencia. Es como estar pensando en alguien, encender la radio y que suene la canción preferida de esa persona, u otra que te recuerda a alguna experiencia vivida. Eso no es coincidencia, sino una señal.

 

Ausencia (Borges)

Filed under: Poesía — altisidora @ 19:08
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Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.

(J.L. Borges)

 

A pesar de la distancia aún escucho tu voz, vuestras voces, a lo lejos

( publicado el 20 de octubre de 2008 )

Ayer leí, a través del blog de mi pululante ser preferido, el interesante mensaje que le dejaba otra de nuestras amigas de la facultad y me hizo pensar, y mucho, en la verdad de sus palabras.

Meli ha dejado constancia por escrito algo que todos (me refiero a mi grupo de amigos de la facultad) sabemos pero parece que ninguno se ha atrevido a decir en voz alta: estamos muy lejos, y no es sólo distancia física, que eso es lo de menos, sino lejos en el sentido de que nuestras vidas son, prácticamente, desconocidas ya para el resto.

Es una pena, porque hace 7 años éramos inseparables: las personas con las que más tiempo pasábamos al cabo del día. Lo conocíamos todo, pormenorizado, unos de otros. Y de pronto…la vida, que dicen que es eso que te pasa mientras tú estás planeando otra cosa (qué curioso, porque parece ser que lo dijo John Lennon). Terminamos la facultad y cada uno se enfrentó al futuro que se abría paso ante nosotros cómo y dónde pudo. Unos con más suerte, otros con menos, pero, al fin y al cabo, cada uno siguió su camino. Como debe de ser, ¿no?: son sólo eso: cosas de la vida.

Y mientras tanto nos enfrentamos a retos profesionales, a frustraciones porque el periodismo nunca termina siendo lo que soñabas (y es que Woodward y Bernstein hicieron mucho daño con su apasionante vida profesional mientras que el resto nos conformamos con lo que podemos), a relaciones que funcionan, otras que no funcionan y algunas que son de ida y vuelta o en dos tiempos, a traslados para buscarse la vida y el futuro, a nuevos amigos, a pérdidas de todo tipo, a nuevas y “mejoradas” frustraciones, crecemos, maduramos…nos alejamos.

Entonces todo era tan fácil, tan bonito: nos teníamos unos a los otros, y si uno lloraba, el resto estaba ahí, para cambiar eso; nos enfadábamos y reconcialiábamos, porque son cosas de postadolescencia; salíamos, mucho, dormíamos poco, estudiábamos de vez en cuando, jugábamos al buscaminas por las tardes en casa de Carlos, oíamos las historias de Juanma y sus “pepis”, Alfonso y yo hablábamos de música negra, Meli hacía gala de su salero gaditano, Marisa de su dulce inocencia que hacía que a la mayoría se nos cayese la baba con ella, Monti y su música (y todo lo demás), Javi y Raúl, el Sevilla, el Madrid y sus historias, David, ese gran desconocido, Jose y Rafa, nuestros cordobeses preferidos…y Marta, no me olvido de tí, sólo te dejo para el final porque tú, para mí, eres, simplemente, Marta: la amiga, la única de nosotras 4 de la que apenas me he alejado. Gracias a Dios, al menos logré conservar a una de las 3, porque, de lo contrario, ahora estaría perdida.

Meli, quizás estemos separados, pero yo aún soy capaz de oir vuestras voces a lo lejos, de escuchar vuestras risas, que retumban en mi cabeza haciéndome recordar viejos, y buenos, tiempos. Porque vosotros me disteis la mejor época de mi vida, al menos hasta la fecha. Y por eso siempre estareis en mí, formais parte de mi, de mil formas diferentes, en mayor o menor medida, pero jamás saldreis de mi corazón. Por muy lejos que parezcamos estar.

De cualquier forma, eso siempre puede arreglarse: cuando entre las personas se estableció en el pasado un vínculo poderoso, como es el de la amistad, nada es insalvable y mucho menos la distancia porque, en este caso, nunca será el olvido. Al menos yo lucharé por ello. Y espero que me ayudeis.

Un beso…os quiero.

 

Aclaraciones al concepto “platónico” del amor

( publicado el 3 de agosto de 2008 )

El amor platónico:

  • No tiene matices
  • No tiene negociación
  • No tiene detalles sucios
  • Esta fuera del tiempo: no envejece
  • No cambia de humor
  • No da lugar a discusiones
  • Es limpio puro, y está siempre en suspensión

Por lo que un amor no se convierte en platónico en un momento concreto ni por un motivo determinado, simplemente ya desde su origen lo es. Pero si Antonio necesita saber cuándo un amor se convierte en platónico supongo que será cuando tienes conciencia de que jamás se materializará y que no lo hará bien porque la persona que ama platónicamente no quiere (probablemente porque el ideal que se ha formado en su mente siempre será mejor que lo que puede encontrar en la realidad: un amor que vive en tu imaginación es tal y como tú quieres que sea, por lo que puedes hacer desaparecer todo lo malo: las discusiones, el miedo al abandono o a que se acabe el amor, al engaño…) o bien porque, por el motivo que sea (tu amor idealizado es homosexual, o alguien a quien sólo has visto un instante en un bar, el autobús, un semáforo, el centro comercial…, un amigo de toda la vida, el novio de una amiga, un famoso de la televisión, tu vecino del 1º, un compañero del trabajo…etc) su materialización es imposible o, como mínimo, demasiado dificultosa y complicada.

Además, hay otra cuestión importante y es el hecho de que el amor platónico es más emocional y pasional que físico (incluso puede que no pienses, en ningún momento, en esa persona como objeto sexual y físico del amor), en el que prevalecen los sentimientos, los pensamientos y la fantasía, que sólo se hace realidad en nuestra imaginación y nos gusta que sea precisamente así: real sólo a través de la creatividad que cada uno es capaz de desplegar en su mente.

Es un amor idealizado y soñado, que forma parte de cada uno pero que, incluso, deseamos que jamás se materialice porque, probablemente, perdería todo su encanto porque, y aquí creo que es donde está el quid de la cuestión, es más que probable que tengamos miedo de confirmar que ese ser perfecto y que hace y siente justo como queremos que lo haga, según nuestros propios deseos, porque vive en nuestra fantasía, nos decepcione y desilusione a través de su propia realidad más mundana. Aunque, claro, siempre podemos ser optimistas y arriesgarnos porque quizás la realidad supere nuestras expectativas a pesar de todo.

De todas formas, podríamos considerar que todo amor es platónico al principio, porque no es inmediatamente materializable, sino que esto se daría, en todo caso, con el tiempo, independientemente de que sean días, semanas, meses o incluso años. Porque, en definitiva, sólo el tiempo es quién puede decirnos si un amor platónico puede hacerse realidad o no, puede materializarse e, incluso, convertirse en “amor verdadero” (seguro que esto también traerá cola y generará polémica).

Además, no hay que olvidar que tener un amor platónico hace la vida más interesante, menos triste y aburrida, porque mantiene viva la ilusión y la esperanza. Aunque sólo sea por eso, merece la pena el tener y mantener un amor platónico, al menos mientras no exista uno real.

Ya sé que no he aclarado absolutamente nada y que en los grandes temas de la vida es imposible llegar a una conclusión satisfactoria porque, de ser así, ¿sobré qué discutiría el ser humano?. Al menos, espero que sirva para algo.