Las Cosas De Altisidora

Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú la goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro.

La rutina, las vacaciones y Chipiona 09/08/2010

Qué durísimo se hace incorporarse a la mundana realidad después de dos semanas de vacaciones en las que el sol, el mar y las personas a las que quieres han sido absolutas protagonistas de tu vida.

Pero todo acaba y hay que volver al trabajo…¡bendito trabajo! Porque, dadas las circunstancias, también es bueno saber que las vacaciones se te acaban porque debes regresar a tu rutina laboral, que no todo el mundo tiene esa suerte ahora mismo.

Me encanta Chipiona. Nunca me había gustado (ni disgustado) especialmente, pero desde que mis padres tienen casa allí mi amor por aquel pequeño pueblecito de la costa gaditana ha ido creciendo. Y sí, está masificado y lleno de sevillanos (como yo), pero tiene mucho encanto. Además, es pequeño, puedes ir a todas partes andando (hay otros pueblos cercanos demasiado grande para esos lujos: Rota, Sanlúcar, El Puerto…), tiene uno de los faros en activo más antiguos de España, hace menos calor que en Sevilla, es una delicia caminar por el paseo marítimo y es genial tomarse unos mojitos en el Picoco o en el nuevo Pub Irlandés.

Menos mal que podré seguir disfrutando del encanto chipionero los fines de semana que le restan al verano…eso y, por supuesto, alguno que otro en invierno, cuando en el pueblecito sólo están los de allí, los de siempre, y no hay masificación que valga, a pesar de que todo sigue igual, sólo que con más frío.

Y para disfrutar de dos largas semanas allí, tendré que esperar un año. Y, como dice mi madre, a partir de los 25 los años pasan volando. Así que no esperaré demasiado.

 

El estrés de la gran ciudad 14/07/2009

Filed under: Miscelánea — altisidora @ 11:03
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Hoy es mi cuarto día de vacaciones de verano 2009 y, tras 3 días de relax en la costa gaditana, esta mañana bien temprano he tenido que venir a Sevilla por cuestiones médicas sin importancia (la alergia acabará conmigo…). Ha sido entrar en la capital andaluza y estresarme. Automáticamente, sin que me diese tiempo a reaccionar. Total, que me despierto a las 8 en un bonito pueblo costero, me monto en el coche y, hora y cuarto más tarde ya estoy tocando el cláxon del coche, acordándome de las madres de media Sevilla y total y absolutamente estresada.

Creo que debería vivir en un pueblecito. Sin tanto ruido ni contaminación, sin tanta gente que vive con la hora al límite, sin tanto coche, sin tanta tontería. Y conste que me encanta Sevilla, pero es pasarte 3 días en la playa y tu concepción del espacio y del tiempo se modifica totalmente.

Estoy deseando que llegue mañana para regresar a mi pequeño paraíso gaditano, con su Levante, con su ‘estrés’ de pueblo de veraneo, con su agua salada, y dormir tapada por las noches, respirar el olor a mar y a pescado, no tener nada más que hacer que tumbarme en la arena blanca, darme un baño, tomarme un café helado en la nueva cafetería del norteamericano y descansar…

…Ya faltan menos horas. Y os lo recomiendo: escapada a la costa de Cádiz, a cualquiera de sus pueblos marítimos. Todos son encantadores.

 

Como una pastilla… 23/02/2009

En 2002 Pink lanzó al mercado su single ‘Just Like a Pill’, que pertenecía a su disco Missundaztood y que corroboró el paso del R&B al Rock en la carrera de la cantante norteamericana.

A mi Pink siempre me gustó, desde aquel ‘There You Go’ que sí era bastante negro, pasando por ‘Stop Fallin’ (porque Pink también sabe hacer baladas) y hasta lo más nuevo. Y, entre todos sus temas, siempre ocupó un lugar destacado ‘Just Like a Pill’, sobre las relaciones dolorosas de las que queremos salir, porque son como una droga (no importa lo que te lastimen, porque ahí sigues, al pie del cañón, pensando que todo puede mejorar, que él puede cambiar, o lo que sea) a la que estás enganchada sin remedio.

Y esta canción me trae muy buenos recuerdos, porque aquel año 2002 y el siguiente (2003) fueron geniales: mi año de beca en El Correo de Andalucía (donde conocí a Irene, donde aprendí muchísimo, donde lo pasé genial) y un año y medio aproximadamente fantástico con mis amigos del barrio y mis niñas: ese fin de año en el zulo del Arenal que fue mucho mejor de lo que pensábamos cuando vimos aquel antro y los niños quitando la cal de la pared después de jugar a la “locomotora”; la noche en Collage del incidente del Clío de Fernando con el ‘putero’ y la borrachera que lo postró en la escalara del disc-jockey; las tardes (y las noches) en el Bitákora, donde éramos famosos; la inauguración del ‘tablao’ flamenco de Los Remedios y el ‘Marisa porfaaaaaaa, dame un piquito, ¿qué te cuesta?’ (y lo logró…menuda carita se le quedó…y los morros llenos de brillantina); las breves pero intensas relaciones que acabaron mal, muy mal…; la Semana Santa en El Portil, el fantasma en medio de la carretera, El Terrón, dormir de tres en tres; reir hasta llorar o, como canta Amaral: ‘de tanto reir no puedo ni hablar’; los cócteles en mi Santo después de un nefasto e infame fin de semana en Córdoba de cuya esencia no quiero ni acordarme; la Feria de aquel 2003 y el ‘cachondeito’ y, de paso, espectáculo público divertidísimo con el que animamos aquella caseta; el fin de semana en Conil, 10 en una tienda de campaña protegiéndonos del Levante y jugando a los chupitos (aún recuerdo a alguien pidiéndome que le diera un besito y diciendo lo mucho que nos queríamos todos porque en el vino está la verdad; mi primo derramando el whisky en el saco de dormir; mi huida a medianoche y Jose persiguiéndome por el camping…); Rafa y el triángulo amoroso (mejor sin comentarios por la parte que me toca) o ¿era cuarteto?; los que se iban de misiones humanitarias y los que volvieron para fundirse la pasta que ganó en 6 meses en el maldito infierno bosnio; las salidas nocturnas, las quedadas de domingo por la tarde, pasarnos horas en la placita charlando, el coche de Jose y el techo movible que dejaba melenas al viento (por la velocidad sobre todo), las terracitas de verano, las cenitas improvisadas en el Alamillo las noches de julio…

Esta canción fue banda sonora de aquel año, porque Fernando no dejaba de ponerla en la radio-CD de su flamante coche nuevo (el incidente del Clío precipitó su compra) y supongo que por eso es especial para mí, porque me trae buenos recuerdos.

Al final, cada uno tomó su camino y hoy apenas tenemos relación entre nosotros, excepto las chicas que seguimos siendo tan amigas como antes, incluso algunas vivimos juntas. Pero fue una época fantástica. De las mejores hasta la fecha y, al menos yo, siempre recordaré aquel año y medio intenso (y tenso a veces), divertido y único con una sonrisa. Porque no me arrepiento, a pesar de que también hubo cosas malas, pero me quedo con las carcajadas, el buen rollo, lo que compartimos, lo que vivimos, porque algunos maduramos un poco con todo aquello y aprendimos a valorar la amistad y sus circunstancias.

Hoy esta canción ha venido a mi memoria…curiosamente, resulta que la letra es de esas que me parecen ‘interesantes’, de una forma sutil como no le gusta que haga a una de mis amigas…

[Pink – Just Like a Pill]

Voy a largarme de aquí, donde pueda

Correr tan rápido como sea posible

En medio de ninguna parte

En medio de mis miedos y frustraciones

Y te juro que eres casi como una píldora

En lugar de hacerme mejorar

Me sigues haciendo enfermar

 

¿Felicidad o momentos felices? 08/02/2009

Filed under: Pensamientos Profundos — altisidora @ 01:04
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¿Existe la Felicidad o solamente los momentos felices? Tuve esta conversación con mi amigo Antonio hace muchísimos años, tantos que aún estábamos en la facultad y la vida era mucho más sencilla. Fue una tarde de verano, allá por el año 2000, cuando los dos Antonios y yo éramos becarios en ABC: ¡qué recuerdos!. Ese día, durante el rato de la merienda nos dio por ponernos filosóficos. 21 añitos y filosofando…cosas de periodistas (todos pedantes, en mayor o menor medida).

No sé cómo surgió el tema, ni cual de los dos Antonios lo planteó. La cuestión es que jamás nos pusimos de acuerdo (yo creía en la existencia de momentos felices, igual que uno de los Antonios…y el otro Antonio sí creía en la Felicidad, aunque no recuerdo que argumentase demasiado bien su teoría)…y creo que nunca retomamos el tema, ni en días, ni meses, ni años posteriores: la próxima vez que vea a Antonio lo comentaremos, a ver si en 8 años han cambiado nuestras opiniones al respecto.

Yo opté por la existencia de momentos felices, que son como oasis que aparecen, de vez en cuando, a lo largo de tu vida, y que se intercalan, irremediablemente, con otro tipo de momentos, situaciones o circunstancias que no son buenas (y no tienen por qué ser infelices sino que, simplemente, no son grandes momentos que recordar con una sonrisa).

No creo que exista la Felicidad, así, con mayúsculas, porque siempre habrá problemas, siempre ocurrirán cosas malas y, por tanto, no puede existir nada más allá de momentos felices: pocos o muchos, eso ya es cuestión de suerte.

Pero que no exista la Felicidad, sino sólo los momentos felices, no tiene por qué ser malo: es una cuestión de equilibrios en el Universo. Ni sería soportable el sufrimiento constante ni divertido la felicidad permanente, porque eso sería aburrido. Además, es una cuestión de lecciones de vida: al fin y al cabo, la mejor forma de apreciar lo bueno que te regala la vida es siendo plenamente consciente de tus padecimientos pasados y del dolor que puede venir en el futuro. Es como eso de que hay que aprender de los errores para no volver a cometerlos. Esto es lo mismo, pero a un nivel incluso más elevado si cabe: disfrutas más de la felicidad cuando, previamente, has sufrido. Aprender a valorar lo bueno que te regala la vida.

Nos debatimos constantemente entre tristezas y alegrías, se pasa por unas y luego por otras, y viceversa y, en el fondo, el dolor también te ayuda a sentir que estás viva. Y no hay mayor felicidad conocida que respirar, sentir…¡vivir! Superar los obstáculos que la Vida nos pone en el camino, conocer la amistad y el amor y tener la esperanza, cuando el mundo se te ha venido abajo, de que algo bueno está por llegar porque, gracias a Dios, después de la tormenta siempre llega la calma (Sí, ya sé que es de una canción de Alejandro Sanz, pero no por ello menos cierto).

Además, el ser humano es incorformista por naturaleza y aunque lográsemos todo aquello que, en un momento dado, consideramos que nos haría plenamente felices, siempre encontraríamos un motivo para estar descontentos, quejarnos, sufrir, llorar…

La cuestión es que hay que disfrutar al máximo de los momentos felices que nos regala el Destino proque no sabemos cuánto van a durar y, cuando se esfumen, guardar los buenos recuerdos y esperar con paciencia a que, de nuevo, nos llegue esa felicidad momentánea que tanto ansiamos. Pero siempre mirando al frente, sin miedos. Y no es malo llorar, las lágrimas te liberan del dolor, pero hay que poner de nuestra parte y quedarnos sólo con lo bueno, deshechar lo malo y ser consciente de que, tarde o temprano, volveremos a encontrarnos inmersos en un momento feliz.

Por cierto:

Si la vida te da la espalda…¡TÓCALE EL CULO!