Las Cosas De Altisidora

Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú la goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro.

En realidad preocupa España 29/04/2010

Hoy, al hilo de las publicación en El País de una noticia sobre el mapa de las fosas comunes en España, he tenido el disgusto de leer un comentario realmente atroz y espeluznante.

Una persona decía que a los ‘rojos’ sólo les preocupa seguir intentando localizar el cuerpo del ‘maricón’ de Lorca. No daba crédito a lo que leía. Sobre todo, no daba crédito a la publicación de semejante comentario. Sé cómo funciona un diario digital y los comentarios se moderan, como en un foro, y aunque la censura es algo macabro y desfasado, y la libertad de expresión un derecho constitucional, hay cosas que no se pueden consentir.

No sólo no podemos consentir que se utilice el término ‘maricón’ como un insulto sino que, además, alguien se mofe, con ello, de un fusilamiento terrible que nos privó de uno de los más grandes de la Literatura y que, además, nos quitó la posibilidad de ir a llorarle a su sagrada sepultura porque está enterrado, como un animal, en Dios sabe dónde en Granada.

Con ese comentario se mofa de todos los ‘maricones’ que fueron encarcelados por ese hecho que atañe a su vida íntima y personal (la antigua cárcel de Huelva da fe de ello con una placa a los homosexuales que allí cumplieron condena), amén de todos los ‘maricones’ actuales y diría incluso de todos los muertos y torturados por pensar diferente (ya sea en tendencia sexual, religión, política…o lo que sea).

A los ‘rojos’ no nos preocupa sólo encontrar el cuerpo de Lorca, ‘maricón’ o no, símbolo de la destrucción de la intelectualidad por parte de aquel señor bajito que no quería que ningún español pensase por sí mismo. A los ‘rojos’ y a mucha gente que no es roja le preocupa restaurar la dignidad de tantos y tantos desaparecidos durante uno de los periodos más oscuros y sangrientos de nuestra historia moderna.

Todos tenemos derecho a descansar en paz, todos tenemos derecho a llorar a nuestros muertos y todos tenemos derecho a que se respete nuestro honor y dignidad, a que se nos respete como seres humanos.

No es cuestión de venganza sino de reparación del daño. No es cuestión de alejar a la opinión pública de lo que ‘realmente importa’ (paro, corrupción, crisis, crisis, crisis) sino de hacer ver que todo importa: importa ese 20% de parados, importa que ZP sea incapaz de hacer algo con la crisis y que estemos abocados a ser otra Grecia, importa que no seamos emprendedores, importa la corrupción, importan los delitos actuales…todo importa. Pero también importa reparar la memoria de aquellos que fueron condenados al olvido en cunetas y campos de España. Importa Lorca, importa Hernández… importamos todos.

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El rastro de mi sangre en la nieve… 14/07/2009

Hace unas 3-4 semanas me compré en Fnac dos libros de Gabriel García Márquez: uno de ellos de título larguísimo prácticamente imposible de recordar (me lo compré porque me gustó eso de la cándida Eréndira) y los 12 cuentos peregrinos.

Entre los cuentos, que he leido con una rapidez asombrosa, sobre todo teniendo en cuenta que en los últimos meses he estado bastante apática con la lectura y he sido incapaz de leerme un solo libro entero, hay algunos muy buenos y otro solo buenos (no me atrevo a decir que malos porque es Gabo y él no hace nada mal cuando escribe). Pero, por lo general, me han sorprendido gratamente por esa carga de realismo mágico que los impregnaba a todos. Por eso y por sus grandes personajes, sobre todo los femeninos: Lázara, Frau Frida, la señora Forbes, María Dos Prazeres, Prudencia…y, por supuesto, Nena Daconte.

Nena Daconte fue dejando el rastro de su sangre en la nieve de Madrid a París, de una forma absurda y, a la vez, mágica: ¿puede una persona desangrarse por culpa de la espina de una rosa?. Me ha fascinado este personaje y, sobre todo, el de su joven esposo, desesperado y perdido en un París agobiante, tan distinto al Caribe, y donde no conoce a nadie, no habla el idioma y ni todo el dinero del mundo ni el apellido más lustroso de toda Sudamérica pueden hacer nada por tí, tus miedos y tu pérdida.

Claustrofóbico y espeluznante, genial y profundo. Sin duda, el mejor cuento de los 12 de García Márquez es el último, el de Nena Daconte, aunque, desgraciadamente, la gente creerá que simplemente es el nombre de un grupo comercial de pop en español y no uno de los personajes más interesantes creados por el Nobel colombiano.

Por cierto, otro título poético y profundo de otro de sus cuentos peregrinos que también me fascinó: “me alquilo para soñar”…

 

“Un hombre sencillo y humilde” 18/05/2009

Filed under: Actualidad,Genios,Literatura — altisidora @ 18:24
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Ayer murió uno de los grandes de las Letras contemporáneas: Mario Benedetti. El Parnaso gana su presencia, nosotros lloraremos su ausencia. Para la historia y el recuerdo quedan cada uno de sus versos, suaves, armoniosos, profundos.

Tenía fama de humilde y sencillo, amén de haber sido un hombre comprometido socialmente, probablemente, como consecuencia de haber sido un eterno desexiliado, como él mismo decía. A pesar de todo, siempre cantó al amor y a la alegría. Y sus versos nos acompañarán por los siglos de los siglos: ahora y siempre.
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
.
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
.
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
.
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
.
no haya telón
ni abismos
.
mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites

 

Me Basta Así 05/04/2009

Filed under: Genios — altisidora @ 00:26
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Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso—;
entonces,

si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas…
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta).

 

29/03/2009

Filed under: Literatura — altisidora @ 20:31
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Nunca el corazón lastimado de deseo toma la buena nueva por cierta ni la mala por dudosa.

 

El recuerdo de las magdalenas 15/03/2009

A mi las magdalenas me recuerdan a una de las hijas de Bernarda Alba. Curiosa elección de nombre la realizada por Lorca. ¿o quizás no? Angustias, Martirio y Magdalena: escogió los nombres con sumo cuidado, por lo que significaban, por lo que representaban.

También me recuerda a María Magdalena y un montón de teorías ‘pseudo-conspiratorias’ muy en línea con ‘La última tentación de Cristo’, los presuntos descendientes de Jesús, lo que oculta la iglesia, los evangelios apócrifos, etcétera.

Me recuerdan las magdalenas a la más tierna infancia. Me encantaban. Aquella niñita pequeña de ojos enormes que charlaba hasta por los codos devoraba las magdalenas de ‘La Bella Easo’ y a su padre le hacía tanta gracia que, un día, me dijo: ‘No comas tantas magdalenas, que chupan la sangre y te vas a quedar seca‘. Y dejé de comerlas. Tardé años en entender que aquello fue una guasa de un padre con exceso de humor en sangre…

Y luego llegó la facultad y, con ella, Marcel, Swann…el té y la magdalena. Aunque un par de mis lectores no estén de acuerdo conmigo, Proust me pareció un auténtico coñazo. Casi nadie terminó de leer ‘Por el Camino de Swann’ en clase porque aquello era prácticamente infumable. Pero me dije a mí misma que si Alonso Quijano no pudo conmigo cuando tenía 16 años, mucho mejos iba a poder un francés intensísimo a mis 22. Y leí aquel volumen de los que conformaban ‘En Busca del Tiempo Perdido’ como si en ello me fuera la vida.

Y ahora me doy cuenta de que no estoy tan alejada de Marcel porque, para mí, el recuerdo de las magdalenas también está unido a mi infancia. Aunque, en vez de a una tía, a mis padres y, con ellos, a la felicidad y la dicha de haber sido una niña feliz. Así que, gracias Marcel por unir tus recuerdos a los míos.

(…)  Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro tan melancólico por venir, me llevé a los labios una cucharada de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior (…)

(…)   Dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal. ¿de dónde podía venirme aquella alegría tan fuerte? Me daba cuenta de que iba unida al sabor del té y del bollo, pero le excedía en mucho, y no debía ser de la misma naturaleza.(…)

(…) y de pronto el recuerdo surge. Ese sabor es el que tenía el pedazo de magadalena que mi tía Leoncia me ofrecía, después de mojado en su infusión de té o de tila, los domingos por la mañana en Combray (…)

 

Homenaje a Molly Bloom 10/03/2009

Existen personajes literarios que gozan de vida más allá de su autor, que son reconocidos en sí mismos y por sí mismos, que apenas necesitan presentación, que no hace falta decir algo como ‘personaje de tal libro, escrito por tal autor’.
Casos como los Buendía; Don Quijote, Sancho Panza y Dulcinea (y Altisidora en mi imaginario personal también) ; Dolores Haze y el profesor Humbert; Celestina, Calixto y Melibea; Montescos y Capuletos; Angustias, Magdalena, Amelia, Martirio y Adela; Wendy Moira Angela Darling (o ‘Wendy’ a secas), Peter y ‘los niños perdidos’; Alicia; Lizzy Bennet; Dorian Gray; Drácula; Tom Sawyer; El Señor Scrooge; Holly Golightly; Doña Inés (y Don Juan Tenorio); mi adoradísimo Florentino Ariza; Holden Caulfield; Gregor Samsa; Hamlet y Ofelia; Emma Bovary; Jean-Baptiste Grenouille; Valmont; Sherlock Holmes; Mr Hyde; Monteiro Rossi y Pereira….y Leopold y Molly Bloom.
Cuando en la facultad nos ‘obligaron’ a leer buena parte del ‘Ulises‘ de James Joyce pensé que me moría. Sobre todo porque, justo antes, me había tenido que leer ‘Por el Camino de Swann‘ de, con perdón, un autor coñazo como Marcel Proust (es que el Realismo no es lo mío…ni las magdalenas empapadas en té, las detesto desde entonces). Pero Molly me fascinó como personaje literario. Muchísimo más que Leopold. Es la ‘Penélope’ que pasó olímpicamente de mantenerse fiel a su esposo, traicionándolo y, a la vez, y ‘metaliterariamente’ hablando, traicionando a su álter-ego Penélope, que tejía y destejía un sudario (qué ¿coincidencia?: Amaranta Buendía hacía lo mismo, sólo que para ella) para mantener su fidelidad conyugal a salvo.
Y, en medio de esa fascinación, el monólogo interior con el que Joyce cierra su novela (menudo 16 de junio más largo creó el irlandés). 90 páginas sin signos de puntuación entre las que el lector tiene la sensación de perderse y ahogarse…hasta que se da cuenta de que así es, más o menos, como se desarrolla el pensamiento humano: atropellado, inconstante, imaginativo, mezclando presente, pasado e incluso futuro, saltanto de un tema a otro sin orden ni concierto…etc.
Sin duda, ese soliloquio es una obra maestra, uno de los grandes momentos literarios de la historia. A continuación, el final del monólogo: Molly en la cama, junto a un Leopold dormido, recuerda su juventud gibraltareña…

…Me gustan las flores quisiera tener la casa entera nadando en rosas Dios del cielo no hay nada como la naturaleza las montañas salvajes luego el mar y las olas precipitándose luego la hermosa campiña con campos de avena y trigo y todo género de cosas y todo el lindo ganado andando por allí que haría bien al corazón ver los ríos y los lagos y las flores y todo género de formas y olores y colores brotando hasta de las zanjas primaveras y violetas eso es la naturaleza para aquellos que dicen que no hay Dios no daría ni el blanco de una uña por toda su ciencia por qué no se ponen a crear algo le preguntaba muchas veces al ateos o como se llamen que vayan primero a lavarse sus miserias luego van pidiendo a gritos un sacerdote cuando se mueren y por qué por qué tienen miedo del infierno a causa de su mala conciencia ah sí les conozco bien quién fue la primera persona en el universo antes de que hubiera nadie el que lo hizo todo ah ellos no saben y yo tampoco así pues podrían lo mismo tratar de impedir que el sol saliera mañana el sol brilla por ti me dijo el día que estábamos tumbados entre los rododendros en el promontorio de Howth con el traje de mezclilla gris y su sombrero de paja el día que conseguí que se me declarara si primero le di un poco de la torta de semilla que tenía dentro de mi boca y era bisiesto como ahora sí hace dieciséis años Dios mío tras aquel largo beso yo casi perdí el aliento sí él decía que yo era una flor de la montaña sí eso somos flores todo el cuerpo de mujer sí esa fue la única verdad que dijo en su vida y el sol brilla hoy por ti sí por eso me gustó porque vi que comprendía o sentía como es una mujer y supe que yo podría hacer de él lo que quisiera y le di todo el placer que podía para llevarle a que me pidiera que dijese sí y yo primero no quería contestarle mirando sólo el mar y el cielo estaba pensando en tantas cosas que él no sabía de Mulvey y Mr. Stanhope y Hester y de Papá y del viejo capitan Groves y de los marinos que jugaban a pájaro al vuelo y a saltar del burro y a lavar platos como ellos lo llamaban en el malecón y el centinela frente a la casa del gobernador con esa cosa alrededor del casco blanco pobre diablo medio achicharrado y de las muchachas españolas riendo con sus mantones y sus altas peinetas y de los gritos por la mañana de los griegos judíos árabes y Dios sabe quienes más de todos los rincones de Europa y de la calle del duque y del mercado de aves todas cloqueando ante Larby Sharon y de los pobres burros resbalando medio dormidos y de los vagos tipos dormidos con su cara a la sombra de las gradas y de las grandes ruedas de los carros de bueyes del viejo castillo de hace miles de años sí y de todos aquellos hermosos moros todos de blanco y con turbante como reyes pidiéndole a una que se sentara en su tiendecita y de Ronda con las viejas ventanas de las posadas ojos mirando tras las rejas ocultos para que el enamorado bese los barrotes y de las tiendas de vinos entreabiertas por la noche y las castañueñas y de la noche que perdimos el barco de Algeciras el vigilante rondando sereno con su linterna y oh el mar el mar carmesí a veces como de fuego y las soberbias puestas de sol y las higueras de los jardínes de la Alameda si todas las raras callejuelas y las casas rosa y azul y amarillo y de las rosaledas y los jazmines y los geranios y cactus y de Gibraltar cuando niña y cuando flor de montaña sí cuando puse la rosa en mis cabellos como las muchachas andaluzas la llevan y debí llevar una roja sí, y cómo él me besaba al pie de la pared morisca y me pareció bien lo mismo de él que de otro y después le pedí con los ojos para poder volverle a pedir sí y él luego me pidió si quería decir sí mi flor de montaña y primero le rodeé con mis brazos y lo atraje hacia mí para que pudiera sentir mis pechos todo perfume sí y su corazón latía como alocado y sí dije si quiero Sí