Las Cosas De Altisidora

Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú la goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro.

Los creyentes de Apple 31/01/2010

Esta semana he leído en  El País, al hilo de la presentación del iPad de Apple, una frase que se me ha quedado grabada en la mente, sobre todo porque es una verdad como un templo: Apple no tiene clientes sino creyentes. Y es cierto: Apple es mi religión y Steve Jobs su profeta.

Apple no necesita hacer publicidad de sus productos, se la hacen los medios, y gratis, cuando acuden a cubrir estos grandes eventos anuales en el que Jobs, mi gurú y héroe particular (uno de ellos) presenta el nuevo ‘juguetito’ (o la nueva versión) con el que hacer las delicias de sus seguidores. Y no sólo el día del ‘estreno’ mundial, sino que ya desde semanas antes no hay medio digital que se precie que no dedique unas líneas a profetizar en torno a lo nuevo de la compañía de la manzana.

Jobs es un genio: un hombre capaz de revolucionar las tecnologías de la información y la comunicación, demostrando que el diseño y la belleza no tienen por qué estar reñidas con lo último en tecnología, con su facilidad de uso, su utilidad, su calidad de imagen y de sonido, sus funciones que mejoran nuestra experiencia y un millón de cosas más que, cada día, disfrutamos los que escuchamos música con un iPod o utilizamos un Mac para navegar por Internet o escribir documentos, descargar nuestras fotos, etcétera.

Tengo dos iPods en casa: un nano de 2ª generación: ya prácticamente pieza de coleccionista porque casi nadie tiene uno de ellos (y no fue el primero: cuando nadie tenía artilugios con manzanas impresas, yo escuchaba mi música con un iPod mini azul turquesa precioso: aquello era una maravilla y yo la envidia de todas mis amigas); y un recientemente adquirido iPod Touch que es como tener un iPhone, pero sin la función de llamada (al iPhone me resisto, de momento, porque me niego a que mi compañía de móvil sea MoviStar: mientras esto sea así, me conformaré con mi Nokia táctil, que tampoco está nada mal).

Y mi relación con Apple no se limita al MP3-4, sino que va más allá, a lo más grande que creo Steve: los ordenadores. Tengo un G3 de sobremesa con la pila de años que va de lujo a pesar que ni siquiera es Intel y prácticamente no es compatible con nada (¡ni con los iPods!), pero para navegar por la Red y darle la utilidad que se le da en casa, está perfecto.

Además, mi pequeña joya de la corona: un Mac Book de 13,3 pulgadas. Mi niño pequeño. Blanco, reluciente, precioso, con esa manzana que se ilumina cuando lo enciendo (¡y tarda 30 segundos en hacerlo! No como el lentísimo Windows) y que es mi tesoro (material) más preciado.

Una vez has probado un Mac te cuesta horrores usar un PC. Desgraciadamente, en el trabajo tengo que hacerlo. Pero no importa: tengo a Apple donde me interesa, en la parte más importante de mi vida: la privada.

Yo he esperado ansiosamente en las últimas semanas a que se presentara el iPad. ¿Me compraré uno? No lo sé. Dependerá de si le encuentro, en mi vida, utilidad y de si se mejorará con el tiempo. No sea flor de un día, dejen de fabricarlo y acabe con un iPhone gigantesco que no sabré ni dónde llevarlo si se estropease.

Esto parece publicidad encubierta de Apple. Nada más lejos de la realidad. Alabo las virtudes que, para mi, tiene la tecnología de la manzana y quien nunca ha usado un portátil Mac o ha intentado buscar el botón derecho a uno de sus ratones (¡¡es Ctrl+botón ddel ratón!!…no es tan complicado, y te ahorras un botoncito) no puede opinar.

De cualquier forma, estoy en contra de quien se compra un Mac sin saber en realidad lo que está comprando. He escuchado niñas en grandes almacenes pidiendo “un ordenador de esos que tienen la manzanita” simplemente porque son bonitos. Sin saber para qué o por qué. La ‘manzanita’ no es para cualquiera, sólo para quienes de verdad sabemos apreciarla. Al menos en lo que a ordenadores se refiere. Para el gran público ya están los iPods e incluso los iPhones. Que nos dejen lo importante a quiénes nos interesa de verdad.

Un beso a los macqueros del mundo

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¡¡Felicidades Internet!! 29/10/2009

Filed under: Actualidad — altisidora @ 16:22
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Hoy es el 40º Aniversario de la invención de Internet. ¿Qué sería de nuestra vida sin las WWW? Habría mucho más paro (porque muchas personas nos dedicamos a las Nuevas Tecnologías), nuestras búsquedas de información serían más complicadas y costosas, no podríamos comunicarnos con tanta facilidad con personas que se encuentren en cualquier lugar del mundo, no estaríamos informados al segundo, ni interconectados, no existirían las redes sociales, ni el p2p (y la SGAE sería feliz, aunque nosotros no), ni Youtube. Nuestra vida sería un poco peor sin duda.

Interconectados

Interconectados

 

La curiosidad de un periodista no tiene límites 08/02/2009

Me refiero a un verdadero periodista, el que lo es por auténtica vocación, ese que, desde casi que tenía uso de razón, con lo único que soñó fue con ser estrella de las ondas, busto parlante del telediario, colaborador de El Larguero, radiar partidos del Betis (o del equipo que cada quien prefiera), escribir en El País, ser corresponsal en Nueva York, dar la noticia del siglo en exclusiva, luchar por la libertad de información y de prensa en paises donde esto brilla por su ausencia, convertirse en Woodward, ¡o en Bernstein!, haber estado en el Congreso el 23-F, tener a su propio “garganta profunda” (informante del Watergate…nada que ver con el porno), haber sido profesional de los medios durante la primera guerra televisada (la del Golfo), terminar escribiendo una novela de éxito, entrevistar a grandes figuras de la política, las artes…lo que sea, ser jefes de prensa de cualquier cosa…etc.

La curiosidad de estos periodistas de vocación no conoce fronteras, límites…¡nada!. Y por eso hay que tener cuidado con ellos porque, al final, te descubren.

¡A disfrutar de la curiosidad y el cotilleo!

 

La vida antes de Internet, Messenger y la Web 2.0

Ayer un buen amigo me dio una idea sobre la que postear a través del Blog: qué era de nuestra vida antes de Internet y el Messenger. Me pareció una idea excelente. Sobre todo ahora, que mi prolífica creatividad empieza a brillar por su ausencia, porque parece ser que, en mi caso, el talento prosístico, que no prosaico con sus connotaciones negativas, bebía directamente del mal de amores…por lo que el inicio de la recuperación marca, ni más ni menos, que el final de mi “carrera” literaria. Hay que joderse. Al menos, tengo un motivo más que alimente mi odio profundo hacia su persona…

Sin más dilación, la cuestión es ¿cómo podíamos vivir antes sin Internet?. Pues ni idea pero el caso es que lo hacíamos. Estudiábamos, hacíamos trabajos y deberes en el colegio y en el instituto sin que Dios Google nos ayudase en lo más mínimo. Costaba, pero salía.

Pero claro: una vez te acostumbras a lo bueno…vamos, que te quedas un día sin Internet y sientes que se acaba el mundo. Sin ir más lejos, sin Internet yo no podría trabajar y, lo que es peor, ¡no tendría trabajo! (es lo que tiene dedicarse a esa pijada que denominan por ahí “Arquitectura de la Información”: ¡toma ya!).

Ahora utilizas Internet para trabajar, para comunicarte (gratis) con los amigos que están lejos o quedar con los que están cerca. Porque mandar (y recibir) sms está muy bien pero hay que pagarlos. Sin embargo, enciendes el ordenador, conectas el Messenger, y todo un mundo de posibilidades se abre ante tí: cotilleas con los amigos, pones a parir a la gente, haces planes para el fin de semana, comentas la última película que has visto, intercambias canciones, enlaces a Youtube, envías las fotos vergonzosas de esa noche tonta de alguno de tus amigos…y así hasta el infinito.

Y todo esto va creciendo. Así que si el Messenger nos parecía la leche e Internet el mejor invento de la segunda mitad del siglo XX (sin duda lo único que le podemos agradecer al ejército, americano en este caso), ahora vamos y nos damos de frente con las redes sociales y la Web 2.0. Y así todos tenemos Facebook, los grupetes musicales de nueva hornada se publicitan vía Myspace, además del Messenger nos comunicamos por Google Talk, existe el Skype, todo el que tiene algo que decir, o quiere dar salida a su talento bloggea, se hacen wikis (en mi empresa la Intranet se basa en una Wiki sin ir más lejos), publicas tus fotos en Flickr, especulas en EBay, compras on line de todo,  Apple creó el ITunes, etcétera.

Por todo lo anterior, ¿qué más da como fuera nuestra vida antes de Internet? Lo que realmente importa es cómo será de aquí en adelante, porque no dejará de crecer y sorprendernos. Y si un cataclismo del tipo “Efecto 2000″ o algo peor en la línea catastrofista del Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN, finalmente se produjese, pues que Dios nos coja confesados y que cada uno rece lo que sepa o se encomiende a quien considere necesario.