Las Cosas De Altisidora

Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú la goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro.

Denunciar e investigar los hechos, restablecer el honor perdido, darles a las familias un lugar donde llorarles que no sea una cuneta 14/04/2010

“Los crímenes internacionales de genocidio o los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura española entre el 17 de julio de 1936 y el 20 de noviembre de 1975 no pueden ser calificados como delitos de intencionalidad política”.

Publicado en El País.com hoy 14 de abril de 2010, es parte de la querella que se ha presentado en Buenos Aires contra los crímenes del franquismo.

Y por cierto, aquí el alegato inicial del Fiscal Supremo de los Estados Unidos, Robert H. Jackson, en el discurso de apertura del juicio de Nüremberg contra los crímenes del nazismo en 1946:

“El trato que un gobierno da a su propio pueblo, normalmente no se considera como asunto que concierne a otros gobiernos o la comunidad internacional de Estados. El maltrato, sin embargo, de alemanes por alemanes durante el nazismo traspasó, como se sabe ahora, en cuanto al número y a las modalidades de crueldad, todo lo que la civilización moderna puede tolerar. Los demás pueblos, si callaran, participarían de estos crímenes, porque el silencio sería consentimiento”.

¿Queremos consentirlo?

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Feliz aniversario

Tal día como hoy, pero hace 79 años, se proclamó en España la II República, gobierno legal y democráticamente elegido por los españoles que ya sabemos todos cómo terminó: un 1 de abril de 1939, tras una guerra civil que dio paso a 40 años de autarquía, militarismos varios, miedo, estatuas de pequeños ególatras, encarcelaciones, torturas, garrotes viles y otras tantas cosas que esperemos nunca más se repitan.

Parece ser que, realmente, la II República se proclamó realmente un día después, porque se le quiso conceder al rey Alfonso XIII el tiempo suficiente para que llegara a Marsella…y eso ocurrió un 15 de abril de 1931. A partir de ese momento, Niceto Alcalá Zamora se hizo cargo del gobierno provisional.

Sea como fuere, hoy es un día de alegría para todos aquellos que nos sentimos republicanos y herederos de aquel periodo de nuestra historia, independientemente de que lo conociésemos o no.

¡¡Felicidades!!

 

Memoria 08/02/2009

( publicado el 6 de enero de 2009)

Esta mañana, mientras me dirigía con mis padres a casa de mi abuela, tradición familiar desde que mi memoria alcanza a recordar en el día de Reyes, ha surgido, de pronto, una extraña conversación en torno a la memoria histórica, la apertura de fosas comunes para devolverle el honor, la honra, el recuerdo y todo lo que perdieron los asesinados de la Guerra Civil, sobre Lorca, el Valle de los Caídos, el Juez Garzón, los herederos de Lorca…etc, he recordado algo que leí la semana pasada, y es que, en tierras del Ebro, se colgó una placa conmemorativa en la que puede leerse:

“A los que perdieron la guerra, que fueron todos”.

Dos tíos de mi padre fueron sacados de sus casas, por la fuerza y sin explicaciones, en una de las trágicas noches que duró aquella guerra entre hermanos. Jamás su volvió a saber de ellos…¿quién sabe?: quizás sean nuestros tíos ricos de América, aunque la cruda realidad es que, probablemente, no volvieran a ver la luz del sol. Seguramente fueron disparados a quemarropa por algún pelotón de fusilamiento y lanzados a una fría fosa común donde aún hoy reposan sus huesos. Y como dice mi padre: “todo el mundo tiene el derecho de enterrar a sus muertos”.

Y no voy a hablar de que un bando fuese mejor o peor que el otro: todos cometieron atrocidades y punto. Es lo que tiene una Guerra Civil que, de entre todas las guerras, es la que saca lo peor de cada ser humano, porque no deja de ser una matanza cainita: familiares denunciándose mutuamente para intentar salvar el pellejo, amigos a los que les tocó luchar en bando opuestos, personas que fueron obligadas a pertenecer a un bando que, quizás, no fuera el que iba con sus convicciones políticas (a mi abuelo paterno le pasó: fue enfermero del bando nacional, a pesar de que, dentro de su mente, estuviese más a la izquierda), saqueos, enfrentamientos…y todo lo que sobrevino después: la Dictadura, la Autarquía, el aislamiento internacional, las prohibiciones, la falta total y absoluta de derechos y libertades, el racionamiento, los grises, las persecuciones, las cárceles, y así hasta el infinito.

Está claro que yo no viví aquella época y, gracias a Dios, soy una hija de la Democracia (literalmente, que por algo nací en 1978), así que no estoy en posición de opinar si antes se vivía mejor o peor, pero, desde luego, no cambio la libertad por nada y, probablemente, si hubiera vivido en aquella época habría acabado como las 13 rosas o, un poco más tarde, en la cárcel, “entre rojas”, por sindicalista, por la defensa a ultranza de la memoria histórica, por condenar el vacío en torno a la muerte de Lorca, por los exiliados (sobre todo culturales: una vergüenza. Todo dictador, lo primero que hace al llegar al poder, es quitar de en medio a los intelectuales, porque son ellos los que piensan. Y así aquella guerra mató, no sólo a Lorca, sino a Machado e incluso a Miguel Hernández), por todo.

Quizás hoy, día de la Epifanía del Señor, no sea el más adecuado para este posrt pero, simplemente, quería tener mi particular regalo de Reyes con todas las víctimas de la guerra (de ambos bandos) y de la Dictadura, y no sólo los asesinados, sino los encarcelados, los exiliados…y todos los que sufrieron que fue españa entera.

Aunque no soy muy aficionada al cine de José Luis Garci, me encanta su dedicatoria final en la película Asignatura Pendiente, dividida en dos partes:

1. “A nosotros que nos han robado la inocencia….”, en clara alusión a la juventud de los últios años de la Dictadura, los que más sufrieron las represiones probablemente.

2. “A Miguel Hernández que murió sin que supiéramos de su existencia”

El día que vi esta película, durante mis años de facultad, me emocioné al leer esa dedicatoria a Hernández, el poeta, porque es uno de mis preferidos, y murió pobre y relegado al olvido más vergonzoso porque su recuerdo no le convenía al régimen.

 

…El mutuo jardín que inventan dos corazones al par…

Se dice en Sevilla que los padres de Antonio Machado se conocieron mientras presenciaban un acontecimiento único, increible e irrepetible en esta ciudad: delfines nadando en el Guadalquivir. Este ambiente mágico fue propicio sin duda para que el amor naciese primero y creciera después. Además, con semejante historia de amor, el segundo hijo de Antonio y Ana no podía ser más que poeta.

El 26 de julio de 1875, día de Santa Ana (como su madre y la mía) nacía este sevillano ilustre en una de las viviendas que, por entonces, albergaba el Palacio de las Dueñas (residencia de la Duquesa de Alba). Sus recuerdos siempre lo fueron de un patio de Sevilla, el del palacio, y el limonero que fue una constante de su obra, como la primavera, estación en la que su ciudad (y la mía) brilla con más y mejor intensidad. Y es que Sevilla es sinónimo de primavera.

Con ocho años se trasladó a Madrid, ya que al ser nombrado su abuelo catedrático de la Universidad de la capital, toda la familia decidió acompañarlo. Se alejó de Sevilla en cuerpo, porque su espíritu seguía vivo en cada flor de azahar de ese patio que vió sus primeros juegos infantiles.

Dos veces visitó París durante su juventud, conociendo a Oscar Wilde o Pío Baroja primero y Rubén Darío, después. De vuelta a Madrid entabló amistad con otro andaluz ilustre de la época, Juan Ramón Jiménez (andaluz y Premio Nobel, con acento “choquero” incluido) y publicó su primer libro Soledades, que luego ampliaría pasando a denominarlo Soledades, Galerías y Otros Poemas en 1907, año en el que se trasladó a la ciudad donde conoció al primer amor de su vida, la joven y malograda Leonor, a la que le doblaba la edad, pero es que el amor no entiende de diferencias de ningún tipo: edad, raza, sexo, religión…no son impedimentos para sentir y amar.

Pero aunque el sentimiento de amor pueda permanecer intacto para siempre, Dios parece jugar a los dados con nosotros, y eso hizo con Antonio, al que le arrebató a su joven esposa cuando ésta apenas contaba con 18 años y llevaban casados 3.

Sin hijos, sin esperanza, solicitó el traslado a Andalucía, que no había visitado desde sus 8 años, cuando abandonó su patio, esta vez para asentarse en Baeza (Jaén, como los aceituneros de otro grande: Miguel).

Ya en Baeza publicó Campos de Castilla y más tarde, los únicos textos en prosa que escribió: Abel Martín y Juan de Mairena, sus apócrifos…¿o fueron heterónimos como los de Pessoa? Eso no importa…fue precursor del portugués de cualquier forma.

Y en 1924, con casi 50 años, se volvió a enamorar. La dama se descubrió, muchísimos años después, que era Pilar Valderrama. Para Antonio (y para mí) siempre será Guiomar, Doña Guiomar, a la que Sevilla honra su existencia con una estrechísima callejuela en su centro histórico…

En un jardín te he soñado,

alto, Guiomar, sobre el río,

jardín de un tiempo cerrado

con verjas de hierro río.

A su Guiomar le dedicó un libro entero, Nuevas Canciones (1924), última obra que fue ampliando con los años. Nunca fueron amantes en cuerpo, sólo lo fueron en alma: Amor puro, limpio, profundo. “Por tí, Guiomar”, “A tí Guiomar” repitió el poeta incansablemente.

Luego estalló la Guerra Civil y todos sabemos qué pasó: encarcelados, fusilados, exiliados…hermanos derramando sangre de hermanos. Antonio marchó a Valencia en 1937 y del 37 al 39 publicó artículos en La Vanguardia, por entonces el medio oficial de la República.

Pero en 1939, cuando Barcelona se rindió, Machado se vió obligado a huir a Francia: llegó a Colliure, una pequeña villa en la frontera con españa donde murió, apenas recién llegado. En uno de sus bolsillos llevaba escrito un verso:

“Estos días azules y este sol de la infancia”

Sevilla, siempre Sevilla, y su infancia, el azul infinito de su cielo, el sol reflejado en su río, los olores a azahar y a incienso de mil iglesias, cada calle, cada fuente. Su último recuerdo fue para aquel huerto claro donde maduraba el limonero.

Fue enterrado en Colliure, pero en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, aún aguarda su nicho, entre otros sevillanos ilustres, para proteger, como un gran tesoro, sus restos para siempre…

 

Le Petite Prince

Antoine de Saint-Exupéry es uno de mis héroes personales, en esta ocasión por sus labores como corresponsal durante la Guerra Civil y, por supuesto, por haber escrito una de mis obras preferidas: El Principito. Creó a uno de los personajes literarios más fascinantes que existen, capaz de atraer la atención de niños y adultos, sin distinciones, porque uno de sus grandes méritos fue escribir una obra que tenía varias lecturas, según la edad, madurez, situación, etcétera del lector. Un genio.

Murió envuelto en misterio y romanticismo (en el sentido más literario del término): su avión desapareció en 1944, mientras realizaba una misión de reconocimiento. Los radares dejaron de ver el avión, y nunca más se supo de Antoine hasta que en 1998 un pescador encontró en la costa de Marsella una pulsera que tenía grabado el nombre del escritor. Cinco años más tarde, las autoridades francesas encontraron los restos del avión y un piloto alemán de 88 años, reconoció, con gran pesar, haber sido él quien derribó el avión de un escritor al que adoraba en su juventud. Poético hasta en su muerte.

En definitiva, El Principito concentra páginas llenas de sabiduría, para grandes y pequeños. Una delicia perderse entre sus páginas y vivir con El principito sus aventuras y desventuras entre baobabs y planetas con habitantes imposibles. Lectura muy recomendada para todo aquel que quiera aprender algo de la vida y de nosotros mismos.

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Por cierto, que al asteroide #2578 se le dio como nombre oficial en 1975 el de Saint-Exupéry, en honor al ilustre escritos francés. Al fin y al cabo, el principio era un niño proveniente de un asteroide al que conoció en el desierto…