Las Cosas De Altisidora

Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú la goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro.

Le Petite Prince 08/02/2009

Antoine de Saint-Exupéry es uno de mis héroes personales, en esta ocasión por sus labores como corresponsal durante la Guerra Civil y, por supuesto, por haber escrito una de mis obras preferidas: El Principito. Creó a uno de los personajes literarios más fascinantes que existen, capaz de atraer la atención de niños y adultos, sin distinciones, porque uno de sus grandes méritos fue escribir una obra que tenía varias lecturas, según la edad, madurez, situación, etcétera del lector. Un genio.

Murió envuelto en misterio y romanticismo (en el sentido más literario del término): su avión desapareció en 1944, mientras realizaba una misión de reconocimiento. Los radares dejaron de ver el avión, y nunca más se supo de Antoine hasta que en 1998 un pescador encontró en la costa de Marsella una pulsera que tenía grabado el nombre del escritor. Cinco años más tarde, las autoridades francesas encontraron los restos del avión y un piloto alemán de 88 años, reconoció, con gran pesar, haber sido él quien derribó el avión de un escritor al que adoraba en su juventud. Poético hasta en su muerte.

En definitiva, El Principito concentra páginas llenas de sabiduría, para grandes y pequeños. Una delicia perderse entre sus páginas y vivir con El principito sus aventuras y desventuras entre baobabs y planetas con habitantes imposibles. Lectura muy recomendada para todo aquel que quiera aprender algo de la vida y de nosotros mismos.

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Por cierto, que al asteroide #2578 se le dio como nombre oficial en 1975 el de Saint-Exupéry, en honor al ilustre escritos francés. Al fin y al cabo, el principio era un niño proveniente de un asteroide al que conoció en el desierto…

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“¡Niebla, Niebla!”

( publicado el 2 de septiembre de 2008 )

Antesdeayer empecé a leerme “Niebla” la nivola por excelencia de Unamuno (con permiso de “San Manuel Bueno, mártir”) y apenas he leido 8 capítulos y ya no hago más que pensar en Augusto Pérez y Eugenita la pianista.

Hace un par de años estuve, en octubre, en Salamanca, donde lo que más me gustó fue pasear por la rectoría que don Miguel habitó y recorrió durante años. Allí, en la que fue su casa, conocí buena parte de su amarga historia:

Proclamó la República en Salamanca 2 días después de ser elegido concejal aunque 4 años después afirmó sentirse desencantado con todo, incluido el Gobierno y Azaña.

Luego, al iniciarse la guerra civil, apoyó a los sublevados porque defendían la civilización occidental y la tradición cristiana. Pero no contaba con el asesinato, a manos del ejército franquista, de muchos de sus amigos salmantinos, así como con el encarcelamiento de otros muchos. Pidió clemencia a Franco, pero fue inútil: a las dictaduras no les interesan los intelectuales, sus mayores estorbos en su lucha hacia el poder y la megalomanía más absoluta.

Así que Unamuno se arrepintió públicamente de haber apoyado a los sublevados y durante el acto de apertura del curso académico un 12 de octubre de 1936 se produjo otra de tantas infamias que contra escritores cometió el Régimen: la señora esposa del “Generalísimo”, Carmen Polo, sacó “amablemente” al rector del Paraninfo de la Universidad y, acto seguido, la corporación municipal, en un acto vil, cobarde, repulsivo, bajo, tremendo…expulsó a Unamuno. Posteriormente, el propio Franco firmó también el decreto de destitución de Unamuno como Rector de la Universidad de Salamanca.

Todos esos acontecimientos lo sumieron en la más absoluta tristeza y desolación que lo atormentaban durante los meses que duró su arresto domiciliario…hasta que murió el 31 de diciembre de aquel mismo año 36, que también se llevó por delante la vida de Lorca.

Toda aquella historia me conmovió y, de paso, convirtió a Unamuno en uno de mis grandes héroes de la intelectualidad nacional. De ahí que ahora le rinda mi particular homenaje a través de este post y con la lectura de “Niebla”.

Por cierto, aún hoy nadie en la ciudad castellano-leonesa le ha restituido a Unamuno el honor perdido devolviéndole, a título póstumo, su acta de concejal ni la rectoría vitalicia de la Universidad de Salamanca. Otra de las grandes vergüenzas de la Historia de este nuestro país.

Para la historia:
“Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha.” (Unamuno a las palabras de Millán Astray de “¡Muera la inteligencia!”).