Las Cosas De Altisidora

Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú la goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro.

Filosofismos de domingo por la tarde 08/02/2009

Acabo de ver un episodio de “Entre fantasmas” que me ha hecho pensar en un tema que suele ser recurrente en mi y, en general, en toda la humanidad: la existencia del amor verdadero, más allá de la vida y la muerte.

Resulta que nuestra protagonista Melinda (o Jennifer Love-Hewitt) pierde a su marido, pero éste se resiste a abandonar a su esposa, así que su espíritu se introduce en el cuerpo de un hombre que ha estado implicado en el mismo accidente o lo que sea que pasó (esto no lo tengo claro, porque no soy seguidora de la serie, y sólo veo episodios sueltos…los domingos lluviosos en los que no salgo, como hoy). Ella empieza a ver a este hombre con el rostro de su esoso muerto, aunque cuando él se mira al espejo tiene otra cara…

El caso es que ella está segura de que en un nuevo cuerpo vive el espíritu de su difunto esposo, el amor de su vida, el único…ella lo había encontrado y el amor verdadero va más allá de la muerte, de ahí que ahora su alma esté en otro sitio pero, al fin y al cabo, es la que era antes…mismo espíritu, distinto envoltorio, de tal forma que, si el amor verdadero es el amor de las almas, al más alto nivel, no importa qué cara tenga…como decía Julieta “¿acaso una rosa no llamándose así no tendría el mismo perfume?”.

Como siempre me da por marearme con cuestiones al más alto nivel filosófico me he preguntado: ¿existe el amor verdadero?. es decir, ¿existe alguien, en algún lugar del mundo, que es justo la otra mitad de nuestro ser?. Y si existe…¿todos tenemos esa otra mitad?. Entonces…¿por qué hay personas que nunca conocen a su media naranja?. ¿Tenemos que conformarnos con quien más se aproxime esa idea, aún sabiendo que nuestra alma gemela estará en algún lugar?. ¿Cómo sabes que es el amor de tu vida?

Por lo general, cada vez que te enamoras piensas y siente que esa persona es el amor de tu vida, el único, el definitivo, el que ha sido capaz de acariciar con las yemas de los dedos tu espíritu, el que ocupa la totalidad de tu corazón. Pero, si la relación no funciona, al principio siempre piensas que has perdido al amor de tu vida…luego pasa el tiempo, aparece otra persona, vuelves a enamorarte y te das cuenta de que la primera vez estabas equivocada…¿o quizás no?. Podría ser que esa persona fuera tu verdadero amor, el extremo de tu hilo rojo, tu Florentino/Fermina porque, como diría Florentino: ¿Cuánto esperarías por amor? La respuesta es simple: para siempre.

El problema con esto suele ser que hasta que encuentras a una persona que sustituye a la anterior como objeto de tu afecto en tu corazón no puedes evitar pensar que quizás hayas perdido a ese amor de tu vida, que nada ni nadie será igual, que quizás pienses para siempre en lo que pudo ser y no fue…etcétera.

Una cosa está clara: todo sucede por alguna razón, así que si no estás con alguien, obviamente no era el amor de tu vida, independientemente de que exista o no eso de la media naranja.Lo malo es que los espíritus románticos le damos demasiadas vueltas a este tipo de cuestiones de Amor al más alto nivel, en vez de dedicarnos a, simplemente, vivir la vida y disfrutar de lo que nos da y nos permite. ¿Que no vuelves a enamorarte?…eso no lo sabemos, nunca se sabe, que la vida (y el mundo) dan muchas vueltas y a lo mejor puedes conocer a alguien incluso en la cola del supermercado, en un ascensor, el amigo de un amigo…o vete a saber.

Y si no conoces a nadie lo suficientemente especial… ¿qué más da? La vida no se limita a eso simplemente, ¿no? Hay muchas formas de amar: a los amigos, a la familia, la naturaleza, tu profesión…todo llena, todo te hace sentir bien, sentir viva, y no estar enamorada no significa que no puedas disfrutar de las relaciones “amorosas”, aunque no sea tu alma gemela. De cualquier forma, esta idea tiene más de romanticismo que de realidad, ¿no? porque cada persona es un mundo, eso nos diferencia y nos distancia, y es complicado que exista alguien como tú en alguna parte. ¿Dos iguales? Madre mía…que Dios nos coja confesados (o mejor, os coja a los que me conoceis…).

 

Más almendras amargas

Hace un ratito he descubierto que García Márquez escribió una vez un artículo para la revista Cambio que se llamaba “La nostalgia de las almendras amargas” donde decía justo lo mismo (aunque con palabras más hermosas…al fin y al cabo es Gabo ni más ni menos) que yo en el post de ayer, es decir: que la primera línea de una novela tiene que atrapar la atención del lector y mantenerlo en vilo hasta el final.

Para García Márquez es Kafka el auténtico maestro en atraer y mantener la atención, especialmente con el comienzo de La Metamorfosis (”Gregorio Samsa despertó una mañana convertido en un gigantesco insecto”) y con el relato breve El Buitre (”Érase un buitre que me picoteaba los piés”). Y Gabriel se vió en la obligación de crear el mejor inicio posible para El Amor en los Tiempos del Cólera. Dice que le costó sudor y lágrimas…Gracias, Gabo, por llorar tan bien.

En mi humilde opinión, creo que hay muchos grandes inicios de novelas:

Vladimir Nabokov, Lolita:

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Mi pecado, mi alma. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un trayecto en tres etapas a través del paladar e impacta, en el tercero, en los dientes. Lo. Li. Ta.”

Miguel de Cervantes, El Quijote:

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor…”

José de Espronceda, El Estudiante de Salamanca:

“Era más de medianoche/ antiguas historias cuentan,/ cuando en sueño y en silencio/ lóbrega envuelta la tierra,/ los vivos muertos parecen,/ los muertos la tumba dejan.”

Gabriel García Márquez, Cien Años de Soledad:

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.

Truman Capote, A Sangre Fría:

“El pueblo de Holcomb está en las elevadas llanuras trigueras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llamán “allá”.”

Miguel de Unamuno, Niebla:

“Al aparecer Augusto a la puerta de su casa extendió el brazo derecho, con la mano palma abajo y abierta, y dirigiendo los ojos al cielo quedóse un momento parado en esta actitud estatuaria y augusta. No era que tomaba posesión del mundo exterior, sino era que observaba si llovía. Y al recibir en el dorso de la mano el frescor del lento orvallo frunció el entrecejo. Y no era tampoco que le molestase la llovizna, sino el tener que abrir el paraguas. ¡Estaba tan elegante, tan esbelto, plegado y dentro de su funda! Un paraguas cerrado es tan elegante como es feo un paraguas abierto.”

Y habrá cientos, pero he seleccionado mis preferidos (de los que recuerdo ahora mismo por supuesto).

En fin…me pareció muy interesante el artículo de García Márquez en el que habla de cómo inició la escritura de El Amor en los Tiempos del Cólera, así que, para quien esté interesado, aquí os dejo el enlace: La nostalgia de las almendras amargas.

Por cierto, que como me ha dicho un gran bloggero esta mañana: también existen finales de novelas grandiosos y para muestra, un botón:

Gabriel García Márquez, El Coronel no tiene quien le escriba:

“¿Y qué comeremos mañana?”

 

Almendras amargas

Un buen escritor sabe que la primera frase de un libro debe enganchar al lector. Debe contener las palabras precisas para que desees, con todas tus fuerzas, seguir leyendo. Deberá provocar sensaciones, evocar sentimientos y pasiones, invitar al lector a recordar, sentirse llamado por esas primeras palabras…Y eso fue justo lo que me pasó a mi con el olor de las almendras amargas.

Creo que ya he escrito sobre esto en alguna ocasión pero es que pienso, sinceramente, que la novela que contiene el mejor comienzo de todas las que he leido es El Amor En Los Tiempos del Cólera porque Gabo logró que oliese las almendras mientras me sumergía sin descanso en las páginas que escribió, en esos 51 años de amor sincero y profundo que Florentino profesaba a su Fermina, a pesar de todo, por encima de todo.

He aquí esa maravilla de la Literatura que son las primeras líneas de una novela plagada de romanticismo y sufrimiento por el desamor:

“Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados. El doctor Juvenal Urbino lo percibió desde que entró en la casa todavía en penumbras, adonde había acudido de urgencia a ocuparse de un caso que para él había dejado de ser urgente desde hacía muchos años antes.”

De cualquier forma, para mí, es el olor de la lluvia en primavera lo que me recuerda el destino de los amores contrariados….

Por cierto, es curioso que García Márquez eligiese las almendras amargas como símbolo de esos amores contrariados, porque éstas se caracterizan por su alto nivel de toxicidad, de tal forma que un adulto podría morir ingiriendo 20 almendras amargas, y cuyos síntomas son la asfixia, los mareos, el aumento del ritmo cardíaco, la parada respiratoria y la muerte…casi como perder a un gran amor.

Es como si Gabo nos dijese que el amor contrariado es el más tóxico de todos, porque es aquel que se enquista, no se supera y te consume poco a poco…el mal de amores, en definitiva.

 

El concepto de “amor contrariado”

( publicado el 28 de agosto de 2008 )

Como ya dije en mi primer post sobre el amor platónico, tuve uno cuando tenía 12 años y años después, cuando me lo cruzaba, aún me sonreía y suspiraba. Y el otro día, al hablarme mi amiga de su amor platónico, pensé en él y en qué sería de su vida. Sé que es platónico porque jamás me ha importado que traspasase mi imaginación y se convirtiera en realidad, porque nunca he sufrido por ese amor, no he llorado ni me he lamentado, porque no sueño con él ni me quita las ganas de dormir ni de comer, porque no vive en mi día a día sino en el recuerdo de mi adolescencia como “la primera vez que sentí q estaba enamorada o algo parecido” (más bien algo parecido…).

Ahora, eso sí, no puedo decir si hoy me lo volviese a encontrar, siendo ya una mujer adulta, si no lo intentaría con él, quizás tener la oportunidad…imagino que no, para no romper la magia ni ensuciar el recuerdo, pero ¿quién sabe?…quizás hoy día sea un hombre interesantísimo a quién sí me gustaría conocer en mi realidad y ver qué pasa…de todas formas, eso no pasará jamás, porque hace años que no lo veo, y no importa, porque es imposible que él sea la persona que era con 14 años, de la misma forma que yo ya no soy esa niña de 12 que se sonrojaba al cruzarse con él en el colegio.

Desgraciadamente, existen otros dos tipos de amor que sí que duelen: los imposibles y los “contrariados” (que fue un término acuñado por Gabriel García Márquez para hablar de un tipo de amor concreto que aparece en su libro “El amor en los tiempos del Cólera”).

Para mí, un amor imposible es uno no correspondido y que, pase lo que pase, jamás será correspondido. Aunque claro, para mucha gente un amor imposible también es aquel que, por diversas circunstancias (uno de los dos está casado o tiene pareja, viven en países diferentes, son amigos y no quieren estropear la amistad, son familia, la diferencia de edad es un obstáculo…etc) no se puede materializar aunque los enamorados sí que lo deseen con todas sus fuerzas. Para mí esto es un amor contrariado, no imposible.

Por lo que llegamos así al AMOR CONTRARIADO. Un amor contrariado es el que, a pesar de todo, no sale bien o las circunstancias impiden que esas dos personas estén juntas y sean felices compartiendo el amor que ambos sienten. Ambas personas se aman, no es platónico ni idealizado, es correspondido, no hay impedimentos en la línea del “no puedo ni quiero corresponderte”, pero no puede ser a pesar de que se da, entre ambas personas, la condición más importante: ambos se aman y desean estar juntos. Es como una jugarreta del Destino que convierte lo que podría ser un amor prácticamente perfecto en un auténtico desastre porque las circunstancias impiden que se desarrolle con normalidad. También es un amor contrariado ese en el que dos personas logran estar juntas, ambos no se cansan de repetirse que se quieren y se importan, pero a uno de los dos le pueden más sus ganas de, por ejemplo, ser libre, no atarse a nada ni a nadie…etc. Es contrariado en definitiva porque hay algo por encima de él que impide que se desarrolle con normalidad y se convierte en algo obsesivo, que provoca sufrimiento y dolor que es justo en lo que nunca debería convertirse el amor.

Los amores contrariados son los peores porque por ellos las personas sufren más. Los amores contrariados son esos que no pueden ser o que lo son a destiempo y me explico: en un momento dado una de las dos personas ama a la otra pero la otra no siente lo mismo y cuando la primera aprende a vivir sin la segunda, es la segunda quien se siente enamorada…y ahora no puede ser: siempre andan a destiempo. Los amores contrariados son los que duelen de verdad, porque sobre ellos pesa el imperativo imposible de la felicidad completa. Me gustaría pensar que, en algún momento, Dios compensa a los “amantes contrariados” y acaba ocurriendo como en “El amor en los tiempos del cólera” aunque haya que esperar 51 años, 9 meses y 4 días (prácticamente para siempre).

El amor contrariado es el amor desdichado, el que te hace llorar una y otra vez y te hace sentir impotente ante la conciencia de saber que es “contrariado”, que no puede ser y no por falta de amor, sino por circunstancias externas, que es peor. Por ahí dicen que duelen más los amores correspondidos que los no correspondidos, y la existencia de los amores contrariados reafirma esta idea con fuerza.

El amor contrariado frena la imaginación y la necesidad de soñar con nuestro amor, porque eso sólo lo haría más complicado y doloroso, es abrumador sentir que tu amor está “malogrado” a pesar de sentir también que es “para siempre” y eso es lo peor porque te impide amar a otras personas e intentar ser feliz con ella/el. Un amor contrariado sigue una pasión desmedida por el objeto amado que hace que el que lo siente termine sufriendo “mal de amores” o “melancolía de amor”. De hecho, en el siglo XVII tuvo lugar una epidemia que la sufrían las mujeres jóvenes y cuyos síntomas eran languidez, tristeza, ganas frecuentes de llorar, palidez, dolores de cabeza, desgana para hacer nada, etc. Esto es el mal de amores, y aún hoy día sigue siendo una epidemia que afecta tanto a hombres como a mujeres y que es la consecuencia lógica de tener un amor contrariado o también, por qué no, uno imposible.

El amor de Romeo y Julieta fue contrariado para que nos entendamos. Los amores contrariados son los trágicos, los que son superados por las circunstancias. Por ahí he leido que un amor contrariado es un amor sin dueño, supongo que se refería a sin dueño en el sentido físico del término: sí que tiene dueño, pero no puede tomar posesión de él por diversos motivos.

Por cierto, para los poetas clásicos (griegos) un amor tenía que ser contrariado para que fuera grande, por lo que podemos considerar que el amor contrariado es el Amor escrito con mayúsculas.

 

…Y de la prosa

“Terminaron por conocerse tanto, que antes de los treinta años de casados eran como un mismo ser dividido, y se sentían incómodos por la frecuencia con la que se adivinaban el pensamiento sin proponérselo, o por el accidente ridículo de que el uno se anticipara en público a lo que el otro iba a decir. Habían sorteado juntos las incomprensiones cotidianas, los odios instantáneos, las porquerías reciprocas y los fabulosos relámpagos de gloria de la complicidad conyugal. Fue la época en que se amaron mejor, sin prisa y sin excesos, y ambos fueron mas conscientes y agradecidos de sus victorias inverosímiles contra la adversidad. La vida había de depararles todavía otras pruebas mortales, por supuesto, pero ya no importaba: estaban en la otra orilla.”

(El Amor en los Tiempos del Cólera. García Márquez)

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“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta”.

(Lolita. Vladimir Nabokov)

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“Ha sido en vano que yo luchase. Nada he conseguido con ello. Mis sentimientos pueden más que yo. Permítame que le diga cuanta es la admiración que me inspira y cuanto la amo”

(Orgullo y Prejuicio. Jane Austen)

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“Todos los niños crecen, excepto uno. No tardan en saber que van a crecer y Wendy lo supo de la siguiente manera.

Un día, cuando tenía dos años, estaba jugando en un jardín, arrancó una flor más y corrió hasta su madre con ella.

Supongo que debía estar encantadora, ya que la señora Darling se llevó la mano al corazón y exclamó:
-¡Oh, por qué no podrás quedarte así para siempre!

No hablaron más del asunto, pero desde entonces Wendy supo que tenía que crecer. Siempre se sabe eso a partir de los dos años. Los dos años marcan el principio del fin.”

(Peter Pan. J.M. Barrie)

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“Bienvenido a mi morada. Entre por su propia voluntad y deje parte de la felicidad que trae”.

(Drácula. Bram Stoker)

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“Ahora medía sólo veinticinco centímetros, y su cara se iluminó de alegría al pensar que tenía la talla adecuada para pasar por la puertecita y meterse en el maravilloso jardín. Primero, no obstante, esperó unos minutos para ver si seguía todavía disminuyendo de tamaño, y esta posibilidad la puso un poco nerviosa. «No vaya consumirme del todo, como una vela», se dijo para sus adentros. «¿Qué sería de mí entonces?» E intentó imaginar qué ocurría con la llama de una vela, cuando la vela estaba apagada, pues no podía recordar haber visto nunca una cosa así.”

(Alicia en el País de las Maravillas. Lewis Carroll)

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“Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo. “

(El Quijote. Miguel de Cervantes)

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” Habiendo interrogado al hombre y al pájaro y a los insectos (porque los peces, cuentan los hombres que para oírlos hablar han vivido años su soledad de verdes cavernas, nunca, nunca lo dicen, y tal vez lo saben por eso mismo), habiendo interrogado a todos ellos sin volvernos más sabios, sino más viejos y más fríos -porque ¿no hemos, acaso, implorado el don de aprisionar en un libro algo tan raro y tan extraño, que uno estuviera listo a jurar que era el sentido de la vida?- fuerza es retroceder y decir directamente al lector que espera, todo trémulo, escuchar qué cosa es la vida: ¡ay! no lo sabemos. “

(Orlando. Virginia Woolf)

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” ¡He aquí la excelente estupidez del mundo; que, cuando nos hallamos a mal con la Fortuna, lo cual acontece con frecuencia por nuestra propia falta, hacemos culpables de nuestras desgracias al sol, a la luna y a las estrellas; como si fuésemos villanos por necesidad, locos por compulsión celeste; pícaros, ladrones y traidores por el predominio de las esferas; beodos, embusteros y adúlteros por la obediencia forzosa al influjo planetario, y como si siempre que somos malvados fuese por empeño de la voluntad divina! ¡Admirable subterfugio del hombre putañero, cargar a cuenta de un astro su caprina condición! Mi padre se unió con mi madre bajo la cola del Dragón y la Osa Mayor presidió mi nacimiento; de lo que se sigue que yo sea taimado y lujurioso. ¡Bah! Hubiera sido lo que soy, aunque la estrella más virginal hubiese parpadeado en el firmamento cuando me bastardearon. “

(El Rey Lear. William Shakespeare)

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“El amor precede al conocimiento, y este mata a aquel. Nihil volitum quin praecognitum, me enseñó el padre
Zaramillo, pero yo he llegado a la conclusión contraria y es que nihil cognitum quin praevolitum. Conocer es
perdonar, dicen. No, perdonar es conocer. Primero el amor, el conocimiento después. Pero ¿cómo no vi que me daba mate al descubierto? Y para amar algo, ¿qué basta? ¡Vislumbrarlo! El vislumbre; he aquí la intuición amorosa, el vislumbre en la niebla. Luego viene el precisarse, la visión perfecta, el resolverse la niebla en gotas de agua o en granizo, o en nieve, o en piedra. La ciencia es una pedrea. ¡No, no, niebla, niebla! ¡Quién fuera águila para pasearse por los senos de las nubes! Y ver al sol a través de ellas, como lumbre nebulosa también. ”

(Niebla. Miguel de Unamuno)

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” La memoria es frágil y el transcurso de una vida es muy breve y sucede tan deprisa que no alcanzamos a ver la relación entre los acontecimientos, no podemos medir la consecuencia de los actos… por eso mi abuela Clara escribía en sus cuadernos, para ver las cosas en su dimensión real. “

(La Casa de los Espíritus. Isabel Allende)

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” Uno tiene la angustia, la desesperación de no saber qué hacer con la vida, de no tener un plan, de encontrarse perdido. Andrés se inclinaba a creer que el pesimismo de Schopenhauer era una verdad casi matemática. El mundo le parecía una mezcla de manicomio y de hospital; ser inteligente constituía una desgracia, y sólo la felicidad podía venir de la inconsciencia y de la locura. “

(El Árbol de la Ciencia. Pío Baroja)

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