Las Cosas De Altisidora

Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú la goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro.

I remember 28/03/2009

Voy a ‘imitar’ a Joe Brainard y a evocar recuerdos en forma de frasecitas breves. Estos recuerdos de Brainard fueron considerados una especie de experimento poético vanguardista que resultó ser, simplemente, la forma más fiable, sencilla y sincera de recordar tu pasado.

  • Recuerdo a todas y cada una de mis amigas…incluidas las que no lo son ya.
  • Recuerdo el día en que nació mi prima Marta: su primer día de vida, casi mi último día de facultad. 22 años de diferencia.
  • Recuerdo mi primer día en ABC: menos mal que me acompañaba Antonio.
  • Recuerdo casi todos los días de aquel verano que pasé en ABC: las fiestas con los compañeros, el trabajo, las meriendas, mi absurdo choque con el poste azul, las conversaciones con los dos Antonios, el R5 echando calor en pleno julio…
  • Recuerdo las risas y las sonrisas de mis amigos de la facultad.
  • Recuerdo haber visto llorar a mi padre varias veces…a mi madre sólo una.
  • Recuerdo el día en que nació mi hermano: yo cenaba en el balcón, al calor de agosto, con mi padre. Tenía 4 años.
  • Recuerdo un sábado de playa: el cielo estaba gris, hacía frío pero eso no importaba.
  • Recuero mi primer día de colegio: lloraba y mi amiga Bea también. Así nos hicimos amigas: unidas por el llanto.
  • Recuerdo a mi amor platónico: Jesús. Era tan guapo…
  • Recuerdo la Exposición Universal de Sevilla 92…y ¡recuerdo a Curro!
  • Recuerdo a una amiga enferma, postrada en la cama de un hospital…y recuerdo el día de su funeral y las lágrimas de mi hermano mezcladas con las mías.
  • Recuerdo un sábado de lluvia, mi pelo enredado. Recuerdo cada minuto.
  • Recuerdo las Olimpiadas de Barcelona 92: España, oro en fútbol; Fermín Cacho; el Borbón de abanderado; el pebetero…
  • Recuerdo mi Selectividad…las dos veces (la segunda fue peor, por la presión de necesitar subir nota).
  • Recuerdo mi uniforme del colegio de monjas, de la falda de lana que picaba en mayo.
  • Recuerdo la primera vez que estuve en Italia, y la segunda, y la tercera y la cuarta.
  • Recuerdo bailar la banda sonora de ‘Grease’ y de ‘Fiebre en Sábado Noche’ con mis primos.
  • Recuerdo que vi ‘Regreso al Futuro II’ en el cine; y ‘Batman’; y ‘Cariño, he encogido a los niños’.
  • Recuerdo las camisetas de Gn’R de mi primo Antonio y sus posters de Iron Maiden (que me daban miedo).
  • Recuerdo mi llanto en la Piazza di Spagna por sentir que jamás volvería a Roma…¡qué estupidez! (eso no puedo saberlo).
  • Recuerdo el concierto de Mecano del 91 en el Auditorio de la Cartuja.
  • Recuerdo los concierto de la Expo: Sergio Dalma, Alejandro Sanz, Cómplices, Presuntos Implicados, Barricada…
  • Recuerdo el calor que desprendían los asientos de la plaza de toros de Córdoba cuando tuve el privilegio de asistir, en directo, a la despedida de B.B. King de los escenarios con mi hermano.
  • Recuerdo el concierto, en la Sala Q, de “The Sunday Drivers”. Lo mejor, la compañía y el resto del fin de semana, que, al final, resultó ser casi una despedida.
  • Recuerdo a Rafa y la extraña relación que nos unía…y lo mal que acabó todo.
  • Recuerdo cuando el Trastabaro aún no era O’Davids.
  • Recuerdo a Dani, a Moisés, a muchos pero, sobre todo, a 2.
  • Recuerdo las tardes en el Bitákora.
  • Recuerdo las despedidas, las rupturas, las cosas que no se dicen, las que nunca deberían haberse dicho…
  • Recuerdo las clases coñazo de cierto profesor de la facultad de Ciencias de la Información de cuyo nombre no quiero acordarme…
  • Recuerdo un regalo: un libro de viñetas de Snoopy.
  • Recuerdo un par de regalos más: unas Converse rosas y el primer disco de Craig David.
  • Recuerdo cada Feria pero, sobre todo, las dos últimas.
  • Recuerdo dos peluches que ahora duermen en una caja.
  • Recuerdo cada episodio de ‘Friends’.
  • Recuerdo mis tres comidas de Navidad en mi empresa actual con sentimientos diferentes: buena, horrible, y muy buena a pesar de todo, respectivamente.
  • Recuerdo lo estúpida que me he sentido mil veces por culpa de personas que fingieron ser mis amigos.
  • Recuerdo la entrevista que tuve el honor y el placer de hacerle a David DeMaría.
  • Recuerdo una dedicatoria en una tarjeta de cumpleaños: “Espero que nuestra relación de amor-odio crezca (en ambos sentidos)”. Y vaya si lo hizo…
  • Recuerdo a Brenda abrazándome en Palermo mientras cantaba ‘aire, soy como el aire’ en libre versión en inglés macarrónico.
  • Recuerdo un fin de semana de agosto en la playa, afianzando la relación con mis amigas.
  • Recuerdo el 11S y el 11M.
  • Recuerdo el día que asesinaron al Concejal Alberto Jiménez Becerril y a su esposa, por la espalda, como enfrentan las cosas los cobardes, en una calle cercana a la Giralda.
  • Recuerdo cuándo se me cayó el cenicero, de camino a la habitación de mi abuelo moribundo (eso lo supe luego) cuando apenas tenía un año y medio.
  • Recuerdo el día en que mi padre se puso tan enfermo que le dije a Dios que le entregaba mi felicidad a cambio de su vida. (A veces pienso que se lo cobró).
  • Recuerdo mi primer día en mi actual trabajo.
  • Recuerdo muchos de los motivos por los que he llorado a lo largo de mi vida.
  • Recuerdo que mis manos siempre han estado frías.
  • Recuerdo el Renault 7 verde limón de mi padre…y el Renault 11 rojo, que acabó siendo mi primer coche.
  • Recuerdo mi 30 cumpleaños…no hace demasiado (6 meses).
  • Recuerdo las tardes de sábado en casa de Alicia.
  • Recuerdo mi vida en Huelva, aunque fuera muy breve.
  • Recuerdo un verano con Yoli: qué bien lo pasamos.
  • Recuerdo cómo me sentía mientras leía ‘El Amor en los Tiempos del Cólera’ y lo muhco que disfruté cuando la vi en el cine, aunque la película no me gustó nada.
  • Recuerdo besos y caricias…
  • Recuerdo muchas sonrisas bonitas de muchas personas distintas.
  • Recuerdo la boda de Aurora y lo mal que me sentía. Curiosamente, me olvidé de mis problemas por unas horas.
  • Recuerdo un golpe fortuito en la rodilla en casa de Marta: vi las estrellas.
  • Recuerdo una vez que se paró el mundo hace muchísimo tiempo (unos 8 años) gracias a un abrazo.
  • Recuerdo palabras, recuerdo miradas.
  • ¡Recuerdo las magdalenas!
  • Recuerdo los domingos en la piscina con los vecinos.
  • Recuerdo el día de mi Primera Comunión. Recuerdo que a mi tía y mis primos sólo los pude ver a la salida de la Iglesia: cosas de familias, que no se eligen.
  • Recuerdo la impotencia, la frustración, el dolor, la estupidez y lo recuerdo porque, a veces, aún me siento así.
  • Recuerdo mis aventuras en Amsterdam, y en Praga, y en la Toscana, y en Sicilia, y en Mallorca…
  • Recuerdo el día en que un cliente, cuando trabajaba en Telefónica, me hizo llorar.
  • Recuerdo mi último día en El Correo de Andalucía: la única vez en un año que salí a una hora razonable para una becaria.
  • Recuerdo la final de la Copa del Rey del 97: yo estuve en el Bernabeu, animando a mi Betis. Perdimos. No importa.
  • Recuerdo al Betis campeón de Copa en 2005. Este me tuve que conformar con verlo por la tele. Lloré, igual que en 1997, pero ahora de alegría.
  • Recuerdo la primera vez que fui al fútbol: Betis-Real Madrid B.
  • Recuerdo los partidos del equipo del trabajo y mi estrella preferida demostrando que era el mejor con contundencia.
  • Recuerdo la final de la Eurocopa pasada y España campeona.
  • Recuerdo una exposición de corresponsales durante la Guerra Civil que me hizo mucha ilusión.
  • Recuerdo los Domingos de Ramos luminosos y alegres.
  • Recuerdo la Esperanza de Triana girando para adentrarse en Pagés del Corro de recogida un Viernes Santo por la mañana.
  • Recuerdo ‘Titanic’ en el cine y las chicas gritando cada vez que salía Di Caprio.
  • Recuerdo mi experiencia como extra en la película ‘Crimen Ferpecto’.
  • Recuerdo lágrimas, muchas lágrimas.
  • Recuerdo las sensaciones del primer día de Feria, cuando te apuras por llegar al albero de Los Remedios y ver la grandeza de la ciudad fugaz de la primavera sevillana mientras tus volantes se airean al sol de abril.
  • Recuerdo los veranos en Punta del Moral con Estrella, mi amiga más antigua.
  • Recuerdo las flores de papel mojadas en Romerías otoñales.

…Seguiré recordando.

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Más almendras amargas 08/02/2009

Hace un ratito he descubierto que García Márquez escribió una vez un artículo para la revista Cambio que se llamaba “La nostalgia de las almendras amargas” donde decía justo lo mismo (aunque con palabras más hermosas…al fin y al cabo es Gabo ni más ni menos) que yo en el post de ayer, es decir: que la primera línea de una novela tiene que atrapar la atención del lector y mantenerlo en vilo hasta el final.

Para García Márquez es Kafka el auténtico maestro en atraer y mantener la atención, especialmente con el comienzo de La Metamorfosis (”Gregorio Samsa despertó una mañana convertido en un gigantesco insecto”) y con el relato breve El Buitre (”Érase un buitre que me picoteaba los piés”). Y Gabriel se vió en la obligación de crear el mejor inicio posible para El Amor en los Tiempos del Cólera. Dice que le costó sudor y lágrimas…Gracias, Gabo, por llorar tan bien.

En mi humilde opinión, creo que hay muchos grandes inicios de novelas:

Vladimir Nabokov, Lolita:

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Mi pecado, mi alma. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un trayecto en tres etapas a través del paladar e impacta, en el tercero, en los dientes. Lo. Li. Ta.”

Miguel de Cervantes, El Quijote:

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor…”

José de Espronceda, El Estudiante de Salamanca:

“Era más de medianoche/ antiguas historias cuentan,/ cuando en sueño y en silencio/ lóbrega envuelta la tierra,/ los vivos muertos parecen,/ los muertos la tumba dejan.”

Gabriel García Márquez, Cien Años de Soledad:

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.

Truman Capote, A Sangre Fría:

“El pueblo de Holcomb está en las elevadas llanuras trigueras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llamán “allá”.”

Miguel de Unamuno, Niebla:

“Al aparecer Augusto a la puerta de su casa extendió el brazo derecho, con la mano palma abajo y abierta, y dirigiendo los ojos al cielo quedóse un momento parado en esta actitud estatuaria y augusta. No era que tomaba posesión del mundo exterior, sino era que observaba si llovía. Y al recibir en el dorso de la mano el frescor del lento orvallo frunció el entrecejo. Y no era tampoco que le molestase la llovizna, sino el tener que abrir el paraguas. ¡Estaba tan elegante, tan esbelto, plegado y dentro de su funda! Un paraguas cerrado es tan elegante como es feo un paraguas abierto.”

Y habrá cientos, pero he seleccionado mis preferidos (de los que recuerdo ahora mismo por supuesto).

En fin…me pareció muy interesante el artículo de García Márquez en el que habla de cómo inició la escritura de El Amor en los Tiempos del Cólera, así que, para quien esté interesado, aquí os dejo el enlace: La nostalgia de las almendras amargas.

Por cierto, que como me ha dicho un gran bloggero esta mañana: también existen finales de novelas grandiosos y para muestra, un botón:

Gabriel García Márquez, El Coronel no tiene quien le escriba:

“¿Y qué comeremos mañana?”

 

Almendras amargas

Un buen escritor sabe que la primera frase de un libro debe enganchar al lector. Debe contener las palabras precisas para que desees, con todas tus fuerzas, seguir leyendo. Deberá provocar sensaciones, evocar sentimientos y pasiones, invitar al lector a recordar, sentirse llamado por esas primeras palabras…Y eso fue justo lo que me pasó a mi con el olor de las almendras amargas.

Creo que ya he escrito sobre esto en alguna ocasión pero es que pienso, sinceramente, que la novela que contiene el mejor comienzo de todas las que he leido es El Amor En Los Tiempos del Cólera porque Gabo logró que oliese las almendras mientras me sumergía sin descanso en las páginas que escribió, en esos 51 años de amor sincero y profundo que Florentino profesaba a su Fermina, a pesar de todo, por encima de todo.

He aquí esa maravilla de la Literatura que son las primeras líneas de una novela plagada de romanticismo y sufrimiento por el desamor:

“Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados. El doctor Juvenal Urbino lo percibió desde que entró en la casa todavía en penumbras, adonde había acudido de urgencia a ocuparse de un caso que para él había dejado de ser urgente desde hacía muchos años antes.”

De cualquier forma, para mí, es el olor de la lluvia en primavera lo que me recuerda el destino de los amores contrariados….

Por cierto, es curioso que García Márquez eligiese las almendras amargas como símbolo de esos amores contrariados, porque éstas se caracterizan por su alto nivel de toxicidad, de tal forma que un adulto podría morir ingiriendo 20 almendras amargas, y cuyos síntomas son la asfixia, los mareos, el aumento del ritmo cardíaco, la parada respiratoria y la muerte…casi como perder a un gran amor.

Es como si Gabo nos dijese que el amor contrariado es el más tóxico de todos, porque es aquel que se enquista, no se supera y te consume poco a poco…el mal de amores, en definitiva.

 

Serendipia…

…Serendipity como la película o, lo que es lo mismo: accidente afortunado, inesperada casualidad o coincidencia…

Por lo general, el término se ha utilizado en la ciencia y, posteriormente, en la tecnología, desde que en 1754 un tal Horace Walpole se le ocurrió la palabreja tras leer un cuento persa llamado “Los 3 Príncipes de Serendip”, siendo Serendip nada más y nada menos que la isla de Ceilán (actual Sri Lanka) y los tres príncipes unos señores que habitaban la isla y que resolvían todos sus problemas a partir de afortunadas casualidades.

Se consideran serendipias famosas desde el descubrimiento de América (al fin y al cabo, Colón estaba equivocado y nunca llegó a la India atravesando el Atlántico pero descubrió un continente enterito) hasta la invención de los “post-it”, pasando por el hallazgo de la estructura del átomo, el LSD, la Ley de la Gravedad, la Piedra Rosetta, los Manuscritos del Mar Muerto, la Penicilina, la dinamita, …etcétera.

Pero también se han dado casos de serendipias en la Literatura por ejemplo: Julio verne quizás sea el más “serendipiano” (o como me diga) de todos ellos, dado que avanzaba, a través de sus historias, futuros descubrimientos. Así, por todos es conocido que Verne anticipó la llegada del hombre a la luna o la futura existencia de submarinos y helicópteros.

Mi idea no era hablar de serendipias científicas o anticipaciones literarias, sino más bien del componente romántico que tiene eso del “Serendipity”. Obviamente, fue la película de John Cusack y Kate Beckinsale la que le dió esta característica romántica al “accidente afortunado”. Es decir, dos personas se conocen comprando un regalo para sus respectivas parejas, eligen lo mismo, después de una serie de idas y venidas en el mismo día, acaban pasando una tarde maravillosa y ella, que cree en el Destino y esas cosas, decide hacer una prueba: que el Universo decida si deben estar juntos. Le pide a él que escriba su número de teléfono en un billete que le da a un kioskero y ella escribe su teléfono en una edición de “El Amor en los Tiempos del Cólera” (un detalle que me pareció encantador, ya que es uno de mis libros preferidos) que donará a una tienda de segunda mano. Si el libro o el billete caen en manos de uno de ellos, significará que el Universo desea y aprueba que deben estar juntos por siempre jamás.

serendipity

Al fin y al cabo, el amor es, por lo general, un accidente afortunado, dado que dos personas, de pronto, reparan la una en la otra, no se sabe muy bien cómo ni por qué, y se enamoran. Coincidencia, casualidad, accidente…pero, en cualquier caso, afortunado. En definitiva, que todo pasa por alguna razón, ¿no?. Y como reza el slogan de la película de Cusack: Serendipia sería algo así como “El Destino con sentido del humor”.

Así se descubren a las personas que te marcan a fuego el corazón para siempre, por accidente y de forma total y absolutamente inesperada. Y si ha ocurrido una vez, o dos, ¡o diez!…nadie dice que no pueda volver a suceder, porque el Universo sigue conspirando y las serendipias formarán parte de nuestra existencia siempre…sólo tenemos que estar atentos para entenderlas y asimilarlas.

Así que…¡buenas serendipias a todos!