Las Cosas De Altisidora

Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú la goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro.

Filosofismos de domingo por la tarde 08/02/2009

Acabo de ver un episodio de “Entre fantasmas” que me ha hecho pensar en un tema que suele ser recurrente en mi y, en general, en toda la humanidad: la existencia del amor verdadero, más allá de la vida y la muerte.

Resulta que nuestra protagonista Melinda (o Jennifer Love-Hewitt) pierde a su marido, pero éste se resiste a abandonar a su esposa, así que su espíritu se introduce en el cuerpo de un hombre que ha estado implicado en el mismo accidente o lo que sea que pasó (esto no lo tengo claro, porque no soy seguidora de la serie, y sólo veo episodios sueltos…los domingos lluviosos en los que no salgo, como hoy). Ella empieza a ver a este hombre con el rostro de su esoso muerto, aunque cuando él se mira al espejo tiene otra cara…

El caso es que ella está segura de que en un nuevo cuerpo vive el espíritu de su difunto esposo, el amor de su vida, el único…ella lo había encontrado y el amor verdadero va más allá de la muerte, de ahí que ahora su alma esté en otro sitio pero, al fin y al cabo, es la que era antes…mismo espíritu, distinto envoltorio, de tal forma que, si el amor verdadero es el amor de las almas, al más alto nivel, no importa qué cara tenga…como decía Julieta “¿acaso una rosa no llamándose así no tendría el mismo perfume?”.

Como siempre me da por marearme con cuestiones al más alto nivel filosófico me he preguntado: ¿existe el amor verdadero?. es decir, ¿existe alguien, en algún lugar del mundo, que es justo la otra mitad de nuestro ser?. Y si existe…¿todos tenemos esa otra mitad?. Entonces…¿por qué hay personas que nunca conocen a su media naranja?. ¿Tenemos que conformarnos con quien más se aproxime esa idea, aún sabiendo que nuestra alma gemela estará en algún lugar?. ¿Cómo sabes que es el amor de tu vida?

Por lo general, cada vez que te enamoras piensas y siente que esa persona es el amor de tu vida, el único, el definitivo, el que ha sido capaz de acariciar con las yemas de los dedos tu espíritu, el que ocupa la totalidad de tu corazón. Pero, si la relación no funciona, al principio siempre piensas que has perdido al amor de tu vida…luego pasa el tiempo, aparece otra persona, vuelves a enamorarte y te das cuenta de que la primera vez estabas equivocada…¿o quizás no?. Podría ser que esa persona fuera tu verdadero amor, el extremo de tu hilo rojo, tu Florentino/Fermina porque, como diría Florentino: ¿Cuánto esperarías por amor? La respuesta es simple: para siempre.

El problema con esto suele ser que hasta que encuentras a una persona que sustituye a la anterior como objeto de tu afecto en tu corazón no puedes evitar pensar que quizás hayas perdido a ese amor de tu vida, que nada ni nadie será igual, que quizás pienses para siempre en lo que pudo ser y no fue…etcétera.

Una cosa está clara: todo sucede por alguna razón, así que si no estás con alguien, obviamente no era el amor de tu vida, independientemente de que exista o no eso de la media naranja.Lo malo es que los espíritus románticos le damos demasiadas vueltas a este tipo de cuestiones de Amor al más alto nivel, en vez de dedicarnos a, simplemente, vivir la vida y disfrutar de lo que nos da y nos permite. ¿Que no vuelves a enamorarte?…eso no lo sabemos, nunca se sabe, que la vida (y el mundo) dan muchas vueltas y a lo mejor puedes conocer a alguien incluso en la cola del supermercado, en un ascensor, el amigo de un amigo…o vete a saber.

Y si no conoces a nadie lo suficientemente especial… ¿qué más da? La vida no se limita a eso simplemente, ¿no? Hay muchas formas de amar: a los amigos, a la familia, la naturaleza, tu profesión…todo llena, todo te hace sentir bien, sentir viva, y no estar enamorada no significa que no puedas disfrutar de las relaciones “amorosas”, aunque no sea tu alma gemela. De cualquier forma, esta idea tiene más de romanticismo que de realidad, ¿no? porque cada persona es un mundo, eso nos diferencia y nos distancia, y es complicado que exista alguien como tú en alguna parte. ¿Dos iguales? Madre mía…que Dios nos coja confesados (o mejor, os coja a los que me conoceis…).

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El Hilo Rojo

Filed under: Pensamientos Profundos — altisidora @ 19:34
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Cuenta la leyenda anónima oriental que un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, a pesar del tiempo, a pesar del lugar, a pesar de las circunstancias. Ese hilo rojo puede tensarse o enredarse, pero nunca podrá romperse.

Así, un hilo rojo se extiende, desde sus nacimientos, entre dos personas para las que está escrito que existirá algún tipo de vinculación afectiva en algún momento de sus vidas y que implica que se conocerán, tarde o temprano, porque el hilo puede tensarse mucho pero, en algún momento, la fuerza del vínculo hará su aparición destensando ese hilo. Porque, al final, todas las personas que tiran de uno de los extremos del hilo, llegarán, irremediablemente, a reunirse. Por lo que no hay que tener miedo a tirar demasiado de él, porque es imposible que se rompa. Pase lo que pase, sea como sea.

De todo esto se deduce que la Leyenda del Hilo Rojo sería algo así como la Fuerza del Destino para los occidentales o las conspiraciones del Universo (para Coelho) aplicadas al amor.

No sé si será cierto eso de que existe, desde que naces, algo que te une, irremediable e irremisiblemente, a alguien: de tu meñique al suyo, de tu corazón al suyo. Desde luego, la historia es preciosa, y un alma romántica anhela creer es algo así…ahora, sólo falta encontrar dónde acaba tu hilo rojo, cuidarlo, mimarlo y disfrutarlo, por supuesto.

Ayer, mientras pensaba en mi hilo rojo me dije a mí misma que me habría encantado que, al otro extremo, estuviese alguien que conocí hace casi 10 años y que siempre ha estado dando vueltas en mi corazón, a pesar de todo, en mayor o menor medida según las circunstancias de mi vida, pero presente, al fin y al cabo. Y todavía hoy le da por revolotear en mi mente a veces, y logra arrancarme una sonrisa porque jamás olvidaré cómo me sentía cada vez que estaba cerca…pero mi hilo rojo no es el suyo, y la verdad es que no me importa: me quedo con lo bueno.

 

Serendipia…

…Serendipity como la película o, lo que es lo mismo: accidente afortunado, inesperada casualidad o coincidencia…

Por lo general, el término se ha utilizado en la ciencia y, posteriormente, en la tecnología, desde que en 1754 un tal Horace Walpole se le ocurrió la palabreja tras leer un cuento persa llamado “Los 3 Príncipes de Serendip”, siendo Serendip nada más y nada menos que la isla de Ceilán (actual Sri Lanka) y los tres príncipes unos señores que habitaban la isla y que resolvían todos sus problemas a partir de afortunadas casualidades.

Se consideran serendipias famosas desde el descubrimiento de América (al fin y al cabo, Colón estaba equivocado y nunca llegó a la India atravesando el Atlántico pero descubrió un continente enterito) hasta la invención de los “post-it”, pasando por el hallazgo de la estructura del átomo, el LSD, la Ley de la Gravedad, la Piedra Rosetta, los Manuscritos del Mar Muerto, la Penicilina, la dinamita, …etcétera.

Pero también se han dado casos de serendipias en la Literatura por ejemplo: Julio verne quizás sea el más “serendipiano” (o como me diga) de todos ellos, dado que avanzaba, a través de sus historias, futuros descubrimientos. Así, por todos es conocido que Verne anticipó la llegada del hombre a la luna o la futura existencia de submarinos y helicópteros.

Mi idea no era hablar de serendipias científicas o anticipaciones literarias, sino más bien del componente romántico que tiene eso del “Serendipity”. Obviamente, fue la película de John Cusack y Kate Beckinsale la que le dió esta característica romántica al “accidente afortunado”. Es decir, dos personas se conocen comprando un regalo para sus respectivas parejas, eligen lo mismo, después de una serie de idas y venidas en el mismo día, acaban pasando una tarde maravillosa y ella, que cree en el Destino y esas cosas, decide hacer una prueba: que el Universo decida si deben estar juntos. Le pide a él que escriba su número de teléfono en un billete que le da a un kioskero y ella escribe su teléfono en una edición de “El Amor en los Tiempos del Cólera” (un detalle que me pareció encantador, ya que es uno de mis libros preferidos) que donará a una tienda de segunda mano. Si el libro o el billete caen en manos de uno de ellos, significará que el Universo desea y aprueba que deben estar juntos por siempre jamás.

serendipity

Al fin y al cabo, el amor es, por lo general, un accidente afortunado, dado que dos personas, de pronto, reparan la una en la otra, no se sabe muy bien cómo ni por qué, y se enamoran. Coincidencia, casualidad, accidente…pero, en cualquier caso, afortunado. En definitiva, que todo pasa por alguna razón, ¿no?. Y como reza el slogan de la película de Cusack: Serendipia sería algo así como “El Destino con sentido del humor”.

Así se descubren a las personas que te marcan a fuego el corazón para siempre, por accidente y de forma total y absolutamente inesperada. Y si ha ocurrido una vez, o dos, ¡o diez!…nadie dice que no pueda volver a suceder, porque el Universo sigue conspirando y las serendipias formarán parte de nuestra existencia siempre…sólo tenemos que estar atentos para entenderlas y asimilarlas.

Así que…¡buenas serendipias a todos!

 

Universo conspirando

( publicado el 15 de noviembre de 2008 )

El jueves fui con una amiga a comprar el regalo de cumpleaños de otras de nuestras amigas: una chaqueta y un libro. Hasta ahí, todo normal. Compramos esa chaqueta (que nos costó, porque sólo la conocíamos por las vaguísimas descripciones que nuestra cumpleañera había ido haciendo por ahí) y luego fuimos a la búsqueda del libro.

Me encantan los libros y las librerías: son sitios mágicos, llenos de páginas y más páginas de historias, aventuras, vidas reales o inventadas, temores, miedos, amores y desamores…y así hasta el infinito. Es el lugar perfecto en el que soñar. De mayor, quiero tener mi propia librería: la llamaré Barataria (sí, como la ínsula ficticia de Sancho Panza) y no sólo se venderán libros, sino que la gente podrá sentarse allí y leerlos, como si fuese una biblioteca. O mejor: como si fuese el mismísimo Parnaso.

El caso es que, estando en una librería el jueves, mis ojos se posaron en un libro por el que jamás había sentido ningún interés, a pesar de que todo el universo habla maravillas sobre él: “El Alquimista” de Paulo Coelho. Lo cogí de la estantería, le dí la vuelta y en la sinopsis, sólo una frase:

“Si deseas algo con mucha fuerza, el Universo entero conspira para que lo consigas”

Aquello me hizo pensar…bueno y, sobre todo, desear que fuera verdad. Porque siempre he creido mucho en el destino, el karma, las fuerzas del Universo, etcétera. Fue curioso, además, que, en este momento de mi vida, me topase con una frase que me llegó tan profundo.

Un par de horas después, la amiga que me acompañaba a la librería me hizo un regalo: ¡un libro de citas de Paulo Coelho!. Y entre esas citas, la de “El Alquimista”. Como diría Pablo Motos: “¿Coincidencia? No lo creo”.

Al día siguiente, muy temprano, recibí un sms muy especial: mi amigo Juanma, que vive en Madrid, venía a hacer el programa de radio en el que trabaja desde Sevilla, así que tenía un rato (una hora y media, pero menos da una piedra) antes de que cogiese el AVE de vuelta a Madrid, para que, al menos, Marta, Alfonso y yo lo viésemos y nos tomásemos un café juntos.

Toda la historia de volver a ver a Juanma está siendo curiosa: hace algunos meses me quejaba a Antonio que hacía muchísimo que no hablaba con él y que el móvil siempre me daba desconectado, no contestaba a los mails…nada. Y, hace algunas semanas, ¡Pum! Petición en el Facebook de “Juanma quiere ser tu amigo”: ¡genial! El Universo empieza a conspirar…Luego Marta se hizo del Facebook también, ya lo éramos Alf, Antonio, Javi y yo…y seguro que aumentando. Y ahora el mensaje de ayer: por cierto, resultó que el motivo por el que no me cogía el teléfono era que tenía mal un número: había cambiado un 4 por un 6, de ahí que siempre me diese sin conexión. Cosas del Destino.

Total que, al final, ayer tuvimos nuestro reencuentro con Juanma. El Universo empieza a conspirar a mi favor. Para ello, seré positiva porque, si piensas en lo negativo, le envías al Universo señales contradictorias, no sabrá con cual quedarse y, por tanto, las cosas no saldrán como esperas. Hay que ir en una única dirección: tomar el camino correcto y no desviarse. Así, lograré vivir, ser más despreocupada y feliz, agobiarme y angustiarme menos, sentir menos impotencia y frustración…estar bien conmigo y el Universo, en definitiva.

Y fue genial que, precisamente ayer, el Universo decidiera conspirar para que lograse una o dos cosas que deseaba con todas mis fuerzas, porque necesitaba sentirme parte del Cosmos. Lo logré.

Al fin y al cabo, siempre hay espacio para acontecimientos, situaciones, palabras, encuentros, conversaciones… inesperados y que te hacen pensar que no es una simple coincidencia. Es como estar pensando en alguien, encender la radio y que suene la canción preferida de esa persona, u otra que te recuerda a alguna experiencia vivida. Eso no es coincidencia, sino una señal.

 

El concepto de “amor contrariado”

( publicado el 28 de agosto de 2008 )

Como ya dije en mi primer post sobre el amor platónico, tuve uno cuando tenía 12 años y años después, cuando me lo cruzaba, aún me sonreía y suspiraba. Y el otro día, al hablarme mi amiga de su amor platónico, pensé en él y en qué sería de su vida. Sé que es platónico porque jamás me ha importado que traspasase mi imaginación y se convirtiera en realidad, porque nunca he sufrido por ese amor, no he llorado ni me he lamentado, porque no sueño con él ni me quita las ganas de dormir ni de comer, porque no vive en mi día a día sino en el recuerdo de mi adolescencia como “la primera vez que sentí q estaba enamorada o algo parecido” (más bien algo parecido…).

Ahora, eso sí, no puedo decir si hoy me lo volviese a encontrar, siendo ya una mujer adulta, si no lo intentaría con él, quizás tener la oportunidad…imagino que no, para no romper la magia ni ensuciar el recuerdo, pero ¿quién sabe?…quizás hoy día sea un hombre interesantísimo a quién sí me gustaría conocer en mi realidad y ver qué pasa…de todas formas, eso no pasará jamás, porque hace años que no lo veo, y no importa, porque es imposible que él sea la persona que era con 14 años, de la misma forma que yo ya no soy esa niña de 12 que se sonrojaba al cruzarse con él en el colegio.

Desgraciadamente, existen otros dos tipos de amor que sí que duelen: los imposibles y los “contrariados” (que fue un término acuñado por Gabriel García Márquez para hablar de un tipo de amor concreto que aparece en su libro “El amor en los tiempos del Cólera”).

Para mí, un amor imposible es uno no correspondido y que, pase lo que pase, jamás será correspondido. Aunque claro, para mucha gente un amor imposible también es aquel que, por diversas circunstancias (uno de los dos está casado o tiene pareja, viven en países diferentes, son amigos y no quieren estropear la amistad, son familia, la diferencia de edad es un obstáculo…etc) no se puede materializar aunque los enamorados sí que lo deseen con todas sus fuerzas. Para mí esto es un amor contrariado, no imposible.

Por lo que llegamos así al AMOR CONTRARIADO. Un amor contrariado es el que, a pesar de todo, no sale bien o las circunstancias impiden que esas dos personas estén juntas y sean felices compartiendo el amor que ambos sienten. Ambas personas se aman, no es platónico ni idealizado, es correspondido, no hay impedimentos en la línea del “no puedo ni quiero corresponderte”, pero no puede ser a pesar de que se da, entre ambas personas, la condición más importante: ambos se aman y desean estar juntos. Es como una jugarreta del Destino que convierte lo que podría ser un amor prácticamente perfecto en un auténtico desastre porque las circunstancias impiden que se desarrolle con normalidad. También es un amor contrariado ese en el que dos personas logran estar juntas, ambos no se cansan de repetirse que se quieren y se importan, pero a uno de los dos le pueden más sus ganas de, por ejemplo, ser libre, no atarse a nada ni a nadie…etc. Es contrariado en definitiva porque hay algo por encima de él que impide que se desarrolle con normalidad y se convierte en algo obsesivo, que provoca sufrimiento y dolor que es justo en lo que nunca debería convertirse el amor.

Los amores contrariados son los peores porque por ellos las personas sufren más. Los amores contrariados son esos que no pueden ser o que lo son a destiempo y me explico: en un momento dado una de las dos personas ama a la otra pero la otra no siente lo mismo y cuando la primera aprende a vivir sin la segunda, es la segunda quien se siente enamorada…y ahora no puede ser: siempre andan a destiempo. Los amores contrariados son los que duelen de verdad, porque sobre ellos pesa el imperativo imposible de la felicidad completa. Me gustaría pensar que, en algún momento, Dios compensa a los “amantes contrariados” y acaba ocurriendo como en “El amor en los tiempos del cólera” aunque haya que esperar 51 años, 9 meses y 4 días (prácticamente para siempre).

El amor contrariado es el amor desdichado, el que te hace llorar una y otra vez y te hace sentir impotente ante la conciencia de saber que es “contrariado”, que no puede ser y no por falta de amor, sino por circunstancias externas, que es peor. Por ahí dicen que duelen más los amores correspondidos que los no correspondidos, y la existencia de los amores contrariados reafirma esta idea con fuerza.

El amor contrariado frena la imaginación y la necesidad de soñar con nuestro amor, porque eso sólo lo haría más complicado y doloroso, es abrumador sentir que tu amor está “malogrado” a pesar de sentir también que es “para siempre” y eso es lo peor porque te impide amar a otras personas e intentar ser feliz con ella/el. Un amor contrariado sigue una pasión desmedida por el objeto amado que hace que el que lo siente termine sufriendo “mal de amores” o “melancolía de amor”. De hecho, en el siglo XVII tuvo lugar una epidemia que la sufrían las mujeres jóvenes y cuyos síntomas eran languidez, tristeza, ganas frecuentes de llorar, palidez, dolores de cabeza, desgana para hacer nada, etc. Esto es el mal de amores, y aún hoy día sigue siendo una epidemia que afecta tanto a hombres como a mujeres y que es la consecuencia lógica de tener un amor contrariado o también, por qué no, uno imposible.

El amor de Romeo y Julieta fue contrariado para que nos entendamos. Los amores contrariados son los trágicos, los que son superados por las circunstancias. Por ahí he leido que un amor contrariado es un amor sin dueño, supongo que se refería a sin dueño en el sentido físico del término: sí que tiene dueño, pero no puede tomar posesión de él por diversos motivos.

Por cierto, para los poetas clásicos (griegos) un amor tenía que ser contrariado para que fuera grande, por lo que podemos considerar que el amor contrariado es el Amor escrito con mayúsculas.

 

¿Felicidad o momentos felices?

Filed under: Pensamientos Profundos — altisidora @ 01:04
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¿Existe la Felicidad o solamente los momentos felices? Tuve esta conversación con mi amigo Antonio hace muchísimos años, tantos que aún estábamos en la facultad y la vida era mucho más sencilla. Fue una tarde de verano, allá por el año 2000, cuando los dos Antonios y yo éramos becarios en ABC: ¡qué recuerdos!. Ese día, durante el rato de la merienda nos dio por ponernos filosóficos. 21 añitos y filosofando…cosas de periodistas (todos pedantes, en mayor o menor medida).

No sé cómo surgió el tema, ni cual de los dos Antonios lo planteó. La cuestión es que jamás nos pusimos de acuerdo (yo creía en la existencia de momentos felices, igual que uno de los Antonios…y el otro Antonio sí creía en la Felicidad, aunque no recuerdo que argumentase demasiado bien su teoría)…y creo que nunca retomamos el tema, ni en días, ni meses, ni años posteriores: la próxima vez que vea a Antonio lo comentaremos, a ver si en 8 años han cambiado nuestras opiniones al respecto.

Yo opté por la existencia de momentos felices, que son como oasis que aparecen, de vez en cuando, a lo largo de tu vida, y que se intercalan, irremediablemente, con otro tipo de momentos, situaciones o circunstancias que no son buenas (y no tienen por qué ser infelices sino que, simplemente, no son grandes momentos que recordar con una sonrisa).

No creo que exista la Felicidad, así, con mayúsculas, porque siempre habrá problemas, siempre ocurrirán cosas malas y, por tanto, no puede existir nada más allá de momentos felices: pocos o muchos, eso ya es cuestión de suerte.

Pero que no exista la Felicidad, sino sólo los momentos felices, no tiene por qué ser malo: es una cuestión de equilibrios en el Universo. Ni sería soportable el sufrimiento constante ni divertido la felicidad permanente, porque eso sería aburrido. Además, es una cuestión de lecciones de vida: al fin y al cabo, la mejor forma de apreciar lo bueno que te regala la vida es siendo plenamente consciente de tus padecimientos pasados y del dolor que puede venir en el futuro. Es como eso de que hay que aprender de los errores para no volver a cometerlos. Esto es lo mismo, pero a un nivel incluso más elevado si cabe: disfrutas más de la felicidad cuando, previamente, has sufrido. Aprender a valorar lo bueno que te regala la vida.

Nos debatimos constantemente entre tristezas y alegrías, se pasa por unas y luego por otras, y viceversa y, en el fondo, el dolor también te ayuda a sentir que estás viva. Y no hay mayor felicidad conocida que respirar, sentir…¡vivir! Superar los obstáculos que la Vida nos pone en el camino, conocer la amistad y el amor y tener la esperanza, cuando el mundo se te ha venido abajo, de que algo bueno está por llegar porque, gracias a Dios, después de la tormenta siempre llega la calma (Sí, ya sé que es de una canción de Alejandro Sanz, pero no por ello menos cierto).

Además, el ser humano es incorformista por naturaleza y aunque lográsemos todo aquello que, en un momento dado, consideramos que nos haría plenamente felices, siempre encontraríamos un motivo para estar descontentos, quejarnos, sufrir, llorar…

La cuestión es que hay que disfrutar al máximo de los momentos felices que nos regala el Destino proque no sabemos cuánto van a durar y, cuando se esfumen, guardar los buenos recuerdos y esperar con paciencia a que, de nuevo, nos llegue esa felicidad momentánea que tanto ansiamos. Pero siempre mirando al frente, sin miedos. Y no es malo llorar, las lágrimas te liberan del dolor, pero hay que poner de nuestra parte y quedarnos sólo con lo bueno, deshechar lo malo y ser consciente de que, tarde o temprano, volveremos a encontrarnos inmersos en un momento feliz.

Por cierto:

Si la vida te da la espalda…¡TÓCALE EL CULO!

 

…Y de la prosa

“Terminaron por conocerse tanto, que antes de los treinta años de casados eran como un mismo ser dividido, y se sentían incómodos por la frecuencia con la que se adivinaban el pensamiento sin proponérselo, o por el accidente ridículo de que el uno se anticipara en público a lo que el otro iba a decir. Habían sorteado juntos las incomprensiones cotidianas, los odios instantáneos, las porquerías reciprocas y los fabulosos relámpagos de gloria de la complicidad conyugal. Fue la época en que se amaron mejor, sin prisa y sin excesos, y ambos fueron mas conscientes y agradecidos de sus victorias inverosímiles contra la adversidad. La vida había de depararles todavía otras pruebas mortales, por supuesto, pero ya no importaba: estaban en la otra orilla.”

(El Amor en los Tiempos del Cólera. García Márquez)

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“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta”.

(Lolita. Vladimir Nabokov)

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“Ha sido en vano que yo luchase. Nada he conseguido con ello. Mis sentimientos pueden más que yo. Permítame que le diga cuanta es la admiración que me inspira y cuanto la amo”

(Orgullo y Prejuicio. Jane Austen)

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“Todos los niños crecen, excepto uno. No tardan en saber que van a crecer y Wendy lo supo de la siguiente manera.

Un día, cuando tenía dos años, estaba jugando en un jardín, arrancó una flor más y corrió hasta su madre con ella.

Supongo que debía estar encantadora, ya que la señora Darling se llevó la mano al corazón y exclamó:
-¡Oh, por qué no podrás quedarte así para siempre!

No hablaron más del asunto, pero desde entonces Wendy supo que tenía que crecer. Siempre se sabe eso a partir de los dos años. Los dos años marcan el principio del fin.”

(Peter Pan. J.M. Barrie)

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“Bienvenido a mi morada. Entre por su propia voluntad y deje parte de la felicidad que trae”.

(Drácula. Bram Stoker)

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“Ahora medía sólo veinticinco centímetros, y su cara se iluminó de alegría al pensar que tenía la talla adecuada para pasar por la puertecita y meterse en el maravilloso jardín. Primero, no obstante, esperó unos minutos para ver si seguía todavía disminuyendo de tamaño, y esta posibilidad la puso un poco nerviosa. «No vaya consumirme del todo, como una vela», se dijo para sus adentros. «¿Qué sería de mí entonces?» E intentó imaginar qué ocurría con la llama de una vela, cuando la vela estaba apagada, pues no podía recordar haber visto nunca una cosa así.”

(Alicia en el País de las Maravillas. Lewis Carroll)

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“Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo. “

(El Quijote. Miguel de Cervantes)

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” Habiendo interrogado al hombre y al pájaro y a los insectos (porque los peces, cuentan los hombres que para oírlos hablar han vivido años su soledad de verdes cavernas, nunca, nunca lo dicen, y tal vez lo saben por eso mismo), habiendo interrogado a todos ellos sin volvernos más sabios, sino más viejos y más fríos -porque ¿no hemos, acaso, implorado el don de aprisionar en un libro algo tan raro y tan extraño, que uno estuviera listo a jurar que era el sentido de la vida?- fuerza es retroceder y decir directamente al lector que espera, todo trémulo, escuchar qué cosa es la vida: ¡ay! no lo sabemos. “

(Orlando. Virginia Woolf)

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” ¡He aquí la excelente estupidez del mundo; que, cuando nos hallamos a mal con la Fortuna, lo cual acontece con frecuencia por nuestra propia falta, hacemos culpables de nuestras desgracias al sol, a la luna y a las estrellas; como si fuésemos villanos por necesidad, locos por compulsión celeste; pícaros, ladrones y traidores por el predominio de las esferas; beodos, embusteros y adúlteros por la obediencia forzosa al influjo planetario, y como si siempre que somos malvados fuese por empeño de la voluntad divina! ¡Admirable subterfugio del hombre putañero, cargar a cuenta de un astro su caprina condición! Mi padre se unió con mi madre bajo la cola del Dragón y la Osa Mayor presidió mi nacimiento; de lo que se sigue que yo sea taimado y lujurioso. ¡Bah! Hubiera sido lo que soy, aunque la estrella más virginal hubiese parpadeado en el firmamento cuando me bastardearon. “

(El Rey Lear. William Shakespeare)

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“El amor precede al conocimiento, y este mata a aquel. Nihil volitum quin praecognitum, me enseñó el padre
Zaramillo, pero yo he llegado a la conclusión contraria y es que nihil cognitum quin praevolitum. Conocer es
perdonar, dicen. No, perdonar es conocer. Primero el amor, el conocimiento después. Pero ¿cómo no vi que me daba mate al descubierto? Y para amar algo, ¿qué basta? ¡Vislumbrarlo! El vislumbre; he aquí la intuición amorosa, el vislumbre en la niebla. Luego viene el precisarse, la visión perfecta, el resolverse la niebla en gotas de agua o en granizo, o en nieve, o en piedra. La ciencia es una pedrea. ¡No, no, niebla, niebla! ¡Quién fuera águila para pasearse por los senos de las nubes! Y ver al sol a través de ellas, como lumbre nebulosa también. ”

(Niebla. Miguel de Unamuno)

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” La memoria es frágil y el transcurso de una vida es muy breve y sucede tan deprisa que no alcanzamos a ver la relación entre los acontecimientos, no podemos medir la consecuencia de los actos… por eso mi abuela Clara escribía en sus cuadernos, para ver las cosas en su dimensión real. “

(La Casa de los Espíritus. Isabel Allende)

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” Uno tiene la angustia, la desesperación de no saber qué hacer con la vida, de no tener un plan, de encontrarse perdido. Andrés se inclinaba a creer que el pesimismo de Schopenhauer era una verdad casi matemática. El mundo le parecía una mezcla de manicomio y de hospital; ser inteligente constituía una desgracia, y sólo la felicidad podía venir de la inconsciencia y de la locura. “

(El Árbol de la Ciencia. Pío Baroja)

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