Las Cosas De Altisidora

Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú la goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro.

Quién me presta una escalera 04/04/2010

¿Quien me presta una escalera

para subir al madero,

para quitarle los clavos

a Jesús el Nazareno?

(Saeta Popular)

¡Oh, la saeta, el cantar

al Cristo de los gitanos,

siempre con sangre en las manos,

siempre por desenclavar!

¡Cantar del pueblo andaluz

que todas las primaveras

anda pidiendo escaleras

para subir a la Cruz!

¡Cantar de la tierra mía,

que echa flores

al Jesús de la agonía,

y es la fe de mis mayores!

¡Oh, no eres tú mi cantar!

¡No puedo cantar, ni quiero,

a ese Jesús del madero,

sino al que anduvo en el mar!

(Antonio Machado. La Saeta)

El Cachorro

Hoy finaliza la Semana Santa, una de las dos semanas grandes de Sevilla, ciudad de pasiones encontradas y alegrías desbordantes, ciudad dual (Sevilla y Triana, Betis y Sevilla, capillitas y feriantes, amor-odio a la ciudad a partes iguales) y sentida, sensible, grandiosa.

Esta Semana Santa ha sido fría y plomiza, excepto a partir del Jueves Santo y, en especial, en su Viernes Santo, tradicional día lluvioso de la Semana de Pasión durante los últimos años y que en este 2010 ha visto el sol deslumbrante y el cielo azul interminable e inabarcable.

Tras la devoción y la Pasión, las lágrimas de muchos devotos y la hermosura de palios y misterios, empieza la cuenta atrás para la Feria de Abril, la otra semana grande sevillana, la de la luz y el color, las risas, los cantes y bailes, el rebujito, los volantes y el encuentro y reencuentro con los amigos.

Pero aún nos quedan unas horas de recordar saetas, incienso mezclado con aromas de naranjos y limoneros (los que olía Machado), cornetas y tambores, gritos de ‘¡Al Cielo con Ella!’ (o con Él), venias en Campana, palquillos en San Francisco y cera en las calles y avenidas del centro.

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Azahar y primavera 31/03/2010

Hoy me ha dicho un amigo gaditano que en su corazón se encuentra el mar, ese mar que brilla en la costa de Cádiz, ya sea a la altura de Doñana o del Peñón y más allá; mientras que en mi corazón, ha dicho, hay trajes de gitana. Pero se equivoca, porque hay mucho más. En mi corazón hay azahar y primavera sevillana. Hay incienso y saetas, luz de cirios y niños estrenando en Domingo de Ramos. Hay reuniones con amigos en El Salvador y paseos por la orilla del Guadalquivir mientras hueles, a lo lejos, la sal de la desembocadura en Sanlúcar. Hay tardes interminables previas al verano y helados que amenizan más paseos. Hay caracoles y terrazas. Y, por supuesto, hay lunares y farolillos, casetas y portadas, fino y sevillanas. Sí, también hay trajes de gitana. Y la Feria, máxima exaltación de la primavera hispalense, capital de Andalucía y del mundo durante una semana en la que todo es alegría, felicidad, reencuentros y “nos vemos en el  Matamoros” o “te llamo al móvil” y “vente a mi caseta”.

Sé que la vida es más que eso, y que todo lo que acabo de exponer será, para muchos, la simple confirmación del estereotipo sevillano: capillitas, feriantes y olé, que aquí no pasa nada y somos felices en nuestro mundo y en nuestra ciudad de lona y papel que apenas dura una semana.

Pero Sevilla es mucho más que saetas y sevillanas: es una ciudad alegre y brillante, llena de gente amable y siempre dispuesta a ayudar al turista a encontrar el destino que busca. Es una ciudad de gente trabajadora, pero que sabe disfrutar de su tiempo libre y de su primavera. Trabajo de lunes a viernes, o los días que sean en el horario que sea, pero cuando descanso, quiero disfrutar de mi ciudad y mi gente. Porque la vida también es eso, y al final será lo que recuerdes y lo que haga que tu vida haya merecido la pena.

Sevilla es una ciudad moderna y ecológica, con pulmones verdes siempre repletos de gente haciendo deporte, leyendo o descansando a la sombra de un frondoso árbol; con un carril-bici (del que no soy en absoluto defensora) que nos convierte en ciudad sostenible; con tranvía y metro (por fin y aunque sólo sea una línea) que les encanta a los turistas, con parte de nuestro centro histórico preservado de la polución gracias a un inteligente proyecto de peatonalización (lo mejor que ha hecho Monteseirín por nosotros). Cada vez somos más cosmopolitas y la Feria y la Semana Santa son nuestras tradiciones y por eso nos importan y las preservamos, por mucho que nos estereotipen. ¿O acaso a los valencianos no les importan sus Fallas o a los pamplonicas sus San Fermines?

Y sí: en mi corazón hay azahar y primavera.

 

¡¡Primavera!! 21/03/2010

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Así está Sevilla ya:

¡Qué bonita es esta ciudad en primavera! No hay nada mejor que Sevilla en primavera: su olor, su color, su alegría que todo lo invade.

 

Duele, tiembla, ríe, vive 15/03/2009

Hoy he descubierto a un cantautor gaditano, de San Fernando, ‘La Isla’,  para ser más exactos, como Camarón, Sara Baras, la Niña Pastori, Álex O’Dogherty o José Oneto. Demostrando que en Cádiz hay mucho arte. Eso nadie lo dudaba. Pero, por si acaso, aquí dejo constancia escrita de ello.

Carlos Chaouen, nombre artístico dee Juan Carlos Sánchez Ceballos, gaditano afincado en Madrid desde los 12 años. Pero Cádiz nunca se olvida. Andalucía jamás se olvida. Por la complejidad de su cultura, forjada a golpe de decenas de pueblos que ocuparon nuestra tierra desde tiempos inmemoriales, dotándonos, con ello, de una realidad única y propia, que nos identifica como pueblo.

Y nuestras penas y tristezas que bañan todas y cada una de nuestras manifestaciones artísticas aunque ocultas tras una risa limpia y fresca como el olor al azahar sevillano, como el aroma del salitre en la Bahía de Cádiz, como el rumor de la marisma onubense, cada una de las gotas del deshielo que caen desde Sierra Nevada en el inicio del verano, el sonido de las malagueñas, la negra arena de la costa almeriense, el río que parte en dos Córdoba o la serenidad de cada olivar jiennense.

Y en medio de todo esto, Carlos Chaouen, representante de lo que se ha dado en llamar “fusión de autor” por lo variado de sus influencias, de Sabina a Silvio Rodríguez, mientras comparte generación musical con Quique González, versiona a Serrat o escribe para Diego el Cigala y Ana Torroja, a la vez que se solidariza, aportando temas musicales, a discos en favor de las víctimas del terrorismo, de Intermón Oxfam, Palestina, Amnistía Internacional o ALCER.

Entre todas sus canciones destacaría “Semilla en la Tierra”, sublime sin duda cuando habla de la fugacidad del amor probablemente, que hace que la vida duela porque querer es sufrir también, o el miedo que provoca cuando, un día todo está perfecto pero desconoces cuándo puede cambiar y por qué puede hacerlo. Pero el amor también es risa y, sobre todo, vida porque el amor es ‘vivir con creces’, es vivir más y mejor. Toda una declaración de amor al Amor en sí mismo. Alarde poético impresionante e intenso, de los que anulan tu entendimiento y te hacen asumir y aceptar que la música no es más que poesía.

Duele,
la vida como un puñal hay veces que duele
y nada tiene que ver con tu boca
que hecha para besar
hay veces que muerde
que anuncia cordura
y a veces se vuelve loca
Duele porque la piel no es materia inerte
Duele porque el querer es dolerse a veces.

Tiembla,
la vida como con miedo hay veces que tiembla
y nada tiene que ver con el aire
que mueve tu ropa
en noches de luna escueta
que aprieta suelta y evoca y me enloquece
tiembla por los latidos que tu provocas
y también porque el querer es temblar a veces.

Y cada uno en su camino
va cantando espantando sus penas
Y cada cual en su destino
va llenando de soles sus venas.
Y yo aquí sigo en mi trinchera, corazón
tirando piedras,
contra la última frontera
la que separa el mar del cielo
del color de tus maneras,
la que me lleva a la guerra,
a ser semilla en la tierra.

Y no me pidas tanto, corazón
que tengo poco aire en el pulmón
lo que tengo es un castillo en el cielo
si viene la guadaña a mi rincón
envuélveme la frente en tu sudor
y le das un beso a todos si me muero…

Ríe,
la vida como un volcán hay veces que ríe
y nada tiene que ver con el tiempo
Se ríe porque para ella somos tan leves
como el humo azul
que del pudor se desprende
ríe porque tu llanto se lo merece
y también porque el querer es reírse a veces.

Vive,
la vida por compasión hay veces que vive
y nada tiene que ver con la muerte
Y cuando llegue ese instante
déjame verte
que no hay mayor libertad que tenerte enfrente
y que nadie sea absuelto por no quererse
y vive porque el querer es vivir con creces.

Y si todo es semilla
no me dolerá la astilla
que sangran de mi costado tus andares de chiquilla,
y no me digas nada,
déjame a mi en mi ventana
con los pies del otro lado,
yo me fumo mis mañanas.

 

…El mutuo jardín que inventan dos corazones al par… 08/02/2009

Se dice en Sevilla que los padres de Antonio Machado se conocieron mientras presenciaban un acontecimiento único, increible e irrepetible en esta ciudad: delfines nadando en el Guadalquivir. Este ambiente mágico fue propicio sin duda para que el amor naciese primero y creciera después. Además, con semejante historia de amor, el segundo hijo de Antonio y Ana no podía ser más que poeta.

El 26 de julio de 1875, día de Santa Ana (como su madre y la mía) nacía este sevillano ilustre en una de las viviendas que, por entonces, albergaba el Palacio de las Dueñas (residencia de la Duquesa de Alba). Sus recuerdos siempre lo fueron de un patio de Sevilla, el del palacio, y el limonero que fue una constante de su obra, como la primavera, estación en la que su ciudad (y la mía) brilla con más y mejor intensidad. Y es que Sevilla es sinónimo de primavera.

Con ocho años se trasladó a Madrid, ya que al ser nombrado su abuelo catedrático de la Universidad de la capital, toda la familia decidió acompañarlo. Se alejó de Sevilla en cuerpo, porque su espíritu seguía vivo en cada flor de azahar de ese patio que vió sus primeros juegos infantiles.

Dos veces visitó París durante su juventud, conociendo a Oscar Wilde o Pío Baroja primero y Rubén Darío, después. De vuelta a Madrid entabló amistad con otro andaluz ilustre de la época, Juan Ramón Jiménez (andaluz y Premio Nobel, con acento “choquero” incluido) y publicó su primer libro Soledades, que luego ampliaría pasando a denominarlo Soledades, Galerías y Otros Poemas en 1907, año en el que se trasladó a la ciudad donde conoció al primer amor de su vida, la joven y malograda Leonor, a la que le doblaba la edad, pero es que el amor no entiende de diferencias de ningún tipo: edad, raza, sexo, religión…no son impedimentos para sentir y amar.

Pero aunque el sentimiento de amor pueda permanecer intacto para siempre, Dios parece jugar a los dados con nosotros, y eso hizo con Antonio, al que le arrebató a su joven esposa cuando ésta apenas contaba con 18 años y llevaban casados 3.

Sin hijos, sin esperanza, solicitó el traslado a Andalucía, que no había visitado desde sus 8 años, cuando abandonó su patio, esta vez para asentarse en Baeza (Jaén, como los aceituneros de otro grande: Miguel).

Ya en Baeza publicó Campos de Castilla y más tarde, los únicos textos en prosa que escribió: Abel Martín y Juan de Mairena, sus apócrifos…¿o fueron heterónimos como los de Pessoa? Eso no importa…fue precursor del portugués de cualquier forma.

Y en 1924, con casi 50 años, se volvió a enamorar. La dama se descubrió, muchísimos años después, que era Pilar Valderrama. Para Antonio (y para mí) siempre será Guiomar, Doña Guiomar, a la que Sevilla honra su existencia con una estrechísima callejuela en su centro histórico…

En un jardín te he soñado,

alto, Guiomar, sobre el río,

jardín de un tiempo cerrado

con verjas de hierro río.

A su Guiomar le dedicó un libro entero, Nuevas Canciones (1924), última obra que fue ampliando con los años. Nunca fueron amantes en cuerpo, sólo lo fueron en alma: Amor puro, limpio, profundo. “Por tí, Guiomar”, “A tí Guiomar” repitió el poeta incansablemente.

Luego estalló la Guerra Civil y todos sabemos qué pasó: encarcelados, fusilados, exiliados…hermanos derramando sangre de hermanos. Antonio marchó a Valencia en 1937 y del 37 al 39 publicó artículos en La Vanguardia, por entonces el medio oficial de la República.

Pero en 1939, cuando Barcelona se rindió, Machado se vió obligado a huir a Francia: llegó a Colliure, una pequeña villa en la frontera con españa donde murió, apenas recién llegado. En uno de sus bolsillos llevaba escrito un verso:

“Estos días azules y este sol de la infancia”

Sevilla, siempre Sevilla, y su infancia, el azul infinito de su cielo, el sol reflejado en su río, los olores a azahar y a incienso de mil iglesias, cada calle, cada fuente. Su último recuerdo fue para aquel huerto claro donde maduraba el limonero.

Fue enterrado en Colliure, pero en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, aún aguarda su nicho, entre otros sevillanos ilustres, para proteger, como un gran tesoro, sus restos para siempre…

 

Mis Momentos F

Alfonso, tu post me ha inspirado, así que ahí van alguno de esos momentos que, para mí, son de felicidad…

  • El olor del azahar en primavera
  • Una buena película
  • Quedar con mis amigos de la facultad, aunque sea media hora
  • Escuchar una canción que hace muchísimo que no oías
  • Ver el cielo azul de abril en Sevilla
  • Recordar historias divertidas del pasado
  • Hacer planes de quedadas, reencuentros, viajes…
  • Sentir el calor sel sol en la cara en pleno invierno
  • Las risas con las amigas
  • Una llamada o un sms inesperado
  • Que alguien que te gusta, aunque sea sólo un poquito, te sonría al cruzarse contigo
  • Mirarse al espejo y decir: pues hoy estoy fantástica
  • Jugar con un niño pequeño
  • El Betis goleando
  • Un baño caliente después de un día difícil
  • Un beso
  • Abrazos…muchos abrazos
  • Cruzar la mirada con alguien que te importa
  • Que alguien te haga reir
  • Gestos, miradas, sonrisas cómplices
  • Recuerdos de amor bonitos
  • Ir a un concierto
  • Leer un libro que embargue mi emoción total y aboslutamente (como me pasó con “El Amor en los tiempos del cólera”)
  • Ver una película que te inspire, te enseñe…te aporte algo, en definitiva.
  • Recibir un regalo
  • Ir a pagar en caja y descubrir que el precio es menor del marcado en la etiqueta (me ha pasado hoy mismo)
  • Haberos conocido…
  • Escribir mucho, escribir siempre…pensar que algún día podría vivir de ello.