Las Cosas De Altisidora

Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú la goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro.

Un bonito regalo 10/08/2010

Hace poco alguien me regaló algo para mantener siempre viva mi creatividad, alimento para mi mente siempre en funcionamiento y algo que, a pesar de ser pequeño y, a simple vista para la mayoría, de poco valor, deseaba muchísimo porque para mí sí que tiene ese valor que muchas personas no alcanzarán a comprender. Y aún tiene más valor para mi al venir ese regalo de la persona que vino.

¿Qué fue eso ‘tan misterioso’ que me regalaron? Simplemente, un cuaderno Moleskine, sí, de esos para notas que llevan una goma para mantenerlo cerrado.

Este cuaderno está creado a imagen y semejanza de los que utilizó Bruce Chatwin, escritor de viajes, durante todas sus aventuras. Y, al parecer, también es el tipo de cuaderno que Picasso, Hemingway o Van Gogh utilizaban para tomar sus notas.

Por ahí he leido que es el cuaderno que utilizan algunos mediocres para igualarse en grandeza a unos cuantos genios, objeto de culto entre pedantes e intelectualoides (ésta es la conclusión que saco de lo leido) que se dejan ‘engañar’ por una empresa que fue fundada en 1996 (lo que hace imposible que Picasso, Hemingway o Van Gogh utilizasen los Moleskine) y que sacan un provecho enorme de un falso mito al ‘módico’ precio de 10-13€ la unidad. Eso es marketing. Puede que no sea verdad, pero cada uno que se deje engañar si así lo desea.

Puede que existan pedantorros, probablemente mediocres (o no) que utilicen los Moleskine porque antes los usó Hemingway (que no es precisamente un ejemplo a seguir: amante de los toros, borracho y suicida…oye, y que cada uno sea lo que desee ser), pero mis ganas de tener una libretita de estas también se basan en una cuestión romántica pero distinta.

Me importa un pito si Van Gogh escribió notas o no en un cuadernito como este, porque tener uno presuntamente igual no me va a convertir en un genio de la pintura (hay que ser cazurro para creer que el talento se obtiene mágicamente al comprar algo que pudo utilizar un genio de lo que fuera…es como si me compro unas Air Jordan porque pienso que así saltaré un par de metros y haré canastas impresionantes, a la par que me gano un par de anillos NBA).

Si deseaba un Moleskine es porque resulta comodísimo para anotar cualquier cosa que me venga a la cabeza, ya sea un pensamiento profundo o una dirección que me acaben de dar y necesite. Y la cuestión romántica en mi caso es, simple y llanamente, el periodismo: un Moleskine es bastante periodístico, cómodo, fácil de transportar, de calidad…y me recuerda a los cuadernos de notas de los periodistas antiguos, esos de los que tenemos una visión idealizada: gabardina, sombreno, pluma…y cuaderno pequeño, negro y cómodo.

¿Me convierte eso en una periodista mediocre que cree que usar un cuaderno como este me convertirá en una suerte de Bernstein o de Woodward a la española y en femenino? Pues yo no me considero mediocre en absoluto y soy consciente de que el hábito no hace al monje y un cuadernido de 10€ y tapas negras no me convertirá en la persona que descubra un nuevo Watergate o gane un Pulitzer, pero, aún así, yo me siento un poco más periodista llevándolo en el bolso porque la noticia puede estar en cualquier parte…

Gracias por el cuadernito. 😀

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