Las Cosas De Altisidora

Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú la goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro.

Polémica torera 13/03/2010

En los últimos días hubo polémica en los medios de comunicación con los toros y la petición de prohibirlos en Cataluña que se opone frontalmente a Esperanza Aguirre que, fiel a su necesidad constante e incesante de ser el centro de todo aunque no la hayan invitado, ha abierto expediente de propuesta a la lidia como BIC, es decir, Bien de Interés Cultural, en la Comunidad Autónoma de Madrid. Qué lista. Así impide que se pueda plantear siquiera la cuestión porque los BIC se someten a sus propias leyes.

En contra de los estereotipos y las supuestas costumbres que en España nos achacamos unos a otros, tengo que decir que soy sevillana contraria a los toros. Bueno, no al animal, por supuesto, sino a su utilización en las plazas de toros para el goce y disfrute de personas que llaman arte a la destrucción animal (¿o es que esto no es tan horrible como golpear focas para quitarles la piel? Es horrible, pero lo ponen por la tele. Increíble). Yo sí concibo las semanas que transcurren desde el Domingo de Resurrección y hasta el final de la Feria de Abril sin toros. No necesitamos colaborar en matanzas de ser vivos durante nuestras fiestas de primavera.

Dicen que a una persona le gustan las cosas o es de tal o cual partido político o de un equipo de fútbol u otro en función de lo que han vivido en casa. Vale. Voto al PSOE porque mis padres lo hacen y porque siendo prácticamente un bebé me llevaban a mítines de don Felipe González. Vale. Soy del Betis, quizás, porque mi padre también lo es (aunque soy de la opinión de que un bético nace, no se hace…pero esa es otra cuestión). Pero, qué curioso: a mis padres les gustan los toros, tengo recuerdos de siempre de ver las corridas por televisión pero resulta que, con los años, he sabido diferenciar el Bien del Mal, y el sufrimiento gratuito también, ya sea animal o humano. Y por eso odio los toros.

Odio ver cómo torturan a un animal hasta la muerte, entre vítores y palmas de un público entregadísimo que seguro que piensa que las luchas de gladiadores durante el Imperio Romano, vistas en perspectiva, estaban muy mal. Pues esto es lo mismo: cambia gladiadores (esclavos) por toreros (por propia voluntad) y animales de cualquier tipo por toros. Tienes lo mismo: un ‘espectáculo’ lamentable que, encima, se suele defender diciendo cosas como “toro y torero se encuentran en igualdad de condiciones”. Y una mierda (con perdón). ¿Cuántos toreros mueren por cada toro sacrificado?.

Y mientras tanto, veterinarios relatan con todo lujo de detalles en el Parlament cómo una banderilla está hecha para que siga en su sitio después de ser clavada en el lomo del pobre animal, y sigue hurgando en la herida y enquistándose en la carne; o cómo la mayoria de las veces el pobre toro no muere al primer estoque sino que sufre un dolor que no se puede medir, apenas puede moverse ya y el torero presume de valiente ante un animal herido de muerte, que no logra ni girar su cuello por las heridas. Así es muy fácil envalentonarse. Y aún es peor ese público entregadísimo, que realmente ve a este torero como un galdiador, un héroe ante una bestia, cuando la realidad es bien distinta: la bestia, como casi siempre, es el ser humano, ese torero con su brillante traje de luces, con sus admiradoras groupies y toda esa casta de señorones y señoronas que creen que es fantástico y fascinante semejante espectáculo grotesco, doloroso e inhumano. Pero claro, ¿cuántas de estas señoras de toros a las 5 de la tarde no son fans de las pieles auténticas? Seguro que les parece perfecto, además, que a las focas se las golpeen cruelmente hasta morir para que ellas puedan lucir sus pieles. Salvajes ellos. Cualquier animal tiene más moral que los defensores de esas atrocidades.

Volvamos a los toros. Lo único malo que le veo a la prohibición de las corridas es la cantidad de familias que se quedarían sin fuentes de ingresos. Y no me refiero a enriquecidos toreros y apoderados o a criadores de toros con enormes cortijos. Me refiero a las personas que trabajan en las plazas de toros ya sean en labores de mantenimiento, en las taquillas, con esos criadores, etcétera. Familias normales que se quedarían sin trabajo. Eso es lo único malo de prohibir las salvajadas primaverales que se cometen cada año en Sevilla o Madrid y que, encima, retransmitimos al mundo. Y no vale con decir que Hemingway o Ava Gardner eran grandes aficionados. ¿Y qué? Eso los convierte en un gran escritor y una gran actriz, respectivamente, pero en dos personas de dudosa moralidad. ¿O es que como es Hemingway y el lo hizo también deberíamos dispararnos todos con una escopeta? Absurdo.

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2 Responses to “Polémica torera”

  1. ariovisto Says:

    El ser humano no tiene por qué soportar un espectáculo que le parece repulsivo. Por eso no los veo, no me gustan. Pero por mí, no por el toro. A mí el toro me da lo mismo, igual que yo a él.
    A diferencia de otros, pretendo ser sincero. El toro me d alo mismo, y ganar votos con él también,

    El toro… y las gallinas, y los conejos, y las terneras, y los corderos, y las perdices y los atunes, y las sardinas… no sé, necesito que me den lo mismo… no sería una buena digestión.

    Un beso.
    (PD.- Pobre Betis… 🙂 )

  2. Kisco Says:

    La verdad es que éste es un tema que daría para muchas y muchas horas de debate, y si está doña Espe por medio, más todavía. Nuevamente el más claro ejemplo de Ministerio de INcultura que hemos tenido se ha limitado a ser coherente consigo misma: Una inculta. El sufrimiento de un ser, sea cual sea, por mera diversión no puede considerarse nunca cultura de ningún tipo. Si no, ¿por qué no hacen BIC también el lanzamiento de cabra desde el campanario? La única diferencia que hay entre un caso y el otro, es el dinero que mueve. Simplemente. Y será por eso por lo que va a resultar casi imposible que se prohíba realmente un “fiesta”, que más que fiesta nacional debería ser considerada una vergüenza nacional.


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