Las Cosas De Altisidora

Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú la goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro.

Persiguiendo al más débil 31/01/2010

Filed under: Actualidad — altisidora @ 12:53
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Primero fueron a por los sin papeles, pero como yo tenía documentación, guardé silencio; 
después vinieron a llevarse a los sin techo y no dije nada, porque no duermo en la calle; 
después vinieron a buscar a los musulmanes, pero yo no tenía esa religión y miré a otro lado; 
después vinieron por todos los inmigrantes y no protesté porque yo estaba en mi país; 
finalmente, se llevaron a gays, judíos y demócratas, tampoco reaccioné pues pensé que no era mi problema,
y cuando vinieron a buscarme no había nadie que pudiera protestar.
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Los creyentes de Apple

Esta semana he leído en  El País, al hilo de la presentación del iPad de Apple, una frase que se me ha quedado grabada en la mente, sobre todo porque es una verdad como un templo: Apple no tiene clientes sino creyentes. Y es cierto: Apple es mi religión y Steve Jobs su profeta.

Apple no necesita hacer publicidad de sus productos, se la hacen los medios, y gratis, cuando acuden a cubrir estos grandes eventos anuales en el que Jobs, mi gurú y héroe particular (uno de ellos) presenta el nuevo ‘juguetito’ (o la nueva versión) con el que hacer las delicias de sus seguidores. Y no sólo el día del ‘estreno’ mundial, sino que ya desde semanas antes no hay medio digital que se precie que no dedique unas líneas a profetizar en torno a lo nuevo de la compañía de la manzana.

Jobs es un genio: un hombre capaz de revolucionar las tecnologías de la información y la comunicación, demostrando que el diseño y la belleza no tienen por qué estar reñidas con lo último en tecnología, con su facilidad de uso, su utilidad, su calidad de imagen y de sonido, sus funciones que mejoran nuestra experiencia y un millón de cosas más que, cada día, disfrutamos los que escuchamos música con un iPod o utilizamos un Mac para navegar por Internet o escribir documentos, descargar nuestras fotos, etcétera.

Tengo dos iPods en casa: un nano de 2ª generación: ya prácticamente pieza de coleccionista porque casi nadie tiene uno de ellos (y no fue el primero: cuando nadie tenía artilugios con manzanas impresas, yo escuchaba mi música con un iPod mini azul turquesa precioso: aquello era una maravilla y yo la envidia de todas mis amigas); y un recientemente adquirido iPod Touch que es como tener un iPhone, pero sin la función de llamada (al iPhone me resisto, de momento, porque me niego a que mi compañía de móvil sea MoviStar: mientras esto sea así, me conformaré con mi Nokia táctil, que tampoco está nada mal).

Y mi relación con Apple no se limita al MP3-4, sino que va más allá, a lo más grande que creo Steve: los ordenadores. Tengo un G3 de sobremesa con la pila de años que va de lujo a pesar que ni siquiera es Intel y prácticamente no es compatible con nada (¡ni con los iPods!), pero para navegar por la Red y darle la utilidad que se le da en casa, está perfecto.

Además, mi pequeña joya de la corona: un Mac Book de 13,3 pulgadas. Mi niño pequeño. Blanco, reluciente, precioso, con esa manzana que se ilumina cuando lo enciendo (¡y tarda 30 segundos en hacerlo! No como el lentísimo Windows) y que es mi tesoro (material) más preciado.

Una vez has probado un Mac te cuesta horrores usar un PC. Desgraciadamente, en el trabajo tengo que hacerlo. Pero no importa: tengo a Apple donde me interesa, en la parte más importante de mi vida: la privada.

Yo he esperado ansiosamente en las últimas semanas a que se presentara el iPad. ¿Me compraré uno? No lo sé. Dependerá de si le encuentro, en mi vida, utilidad y de si se mejorará con el tiempo. No sea flor de un día, dejen de fabricarlo y acabe con un iPhone gigantesco que no sabré ni dónde llevarlo si se estropease.

Esto parece publicidad encubierta de Apple. Nada más lejos de la realidad. Alabo las virtudes que, para mi, tiene la tecnología de la manzana y quien nunca ha usado un portátil Mac o ha intentado buscar el botón derecho a uno de sus ratones (¡¡es Ctrl+botón ddel ratón!!…no es tan complicado, y te ahorras un botoncito) no puede opinar.

De cualquier forma, estoy en contra de quien se compra un Mac sin saber en realidad lo que está comprando. He escuchado niñas en grandes almacenes pidiendo “un ordenador de esos que tienen la manzanita” simplemente porque son bonitos. Sin saber para qué o por qué. La ‘manzanita’ no es para cualquiera, sólo para quienes de verdad sabemos apreciarla. Al menos en lo que a ordenadores se refiere. Para el gran público ya están los iPods e incluso los iPhones. Que nos dejen lo importante a quiénes nos interesa de verdad.

Un beso a los macqueros del mundo