Las Cosas De Altisidora

Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú la goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro.

La magia… 08/02/2009

Filed under: Viajes — altisidora @ 00:56
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Hace trece años pase 12 días con mis compañeras de colegio recorriendo parte de Italia de viaje de fin de curso. Aquel viaje fue raro porque mis dos mejores amigas del colegio no fueron y cuando tienes 17 años eso puede convertirse en un auténtico drama adolescente…justo como ocurrió.

Mi actitud fue negativa durante todo el viaje; tanto que tuve que volver a Italia once años después para apreciar la belleza del país transalpino porque en aquel año 1995 no supe disfrutarlo. ¡¡Incluso llegué a decir que Roma era fea!! Obviamente, no lo creo en absoluto (y a las pruebas me remito: en un par de meses me iré a la Ciudad Eterna por tercera vez en mi vida…¡y las que me quedan!), aunque prefiero Florencia…pero mi preferencia en torno a las grandes ciudades italianas no es el objeto de este post.

¿Existe la magia? Yo creo que sí y, además, está en las cositas pequeñas. Aquel viaje me dió un momento de cuento de hadas que tuve la oportunidad de compartir con 6 compañeras del colegio, aunque ni siquiera sé si ellas aún se acuerdan de esa anécdota.

Nuestra primera noche en Italia la pasamos en un pueblecito precioso de la Riviera italiana que se encontraba, además, a las faldas de una montaña, donde había un hotel pequeño y acogedor en medio de un bosque verde desde cuyos balcones y ventanas se veía el Mediterráneo con toda su intensidad azul.

Compartíamos la habitación siete chicas, por lo que fue complicada la convivencia, compartir el baño, el reparto de camas…hasta que, por fin, nos acostamos y apagamos las luces. De pronto, la habitación a oscuras se iluminó y todas empezamos a gritar como locas pensando que un ataque alienígena nos había sorprendido a 2000 km de Sevilla.

En unos metros cuadrados corríamos de una lado aa otro gritábamos, nos abrazábamos…hasta que, por fin, una de nosotras encendió la luz y se produjo la magia. No se trataba de un ataque alienígena ni un acontecimiento paranormal ni nada por el estilo. Simplemente eran ¡Luciérnagas!. Abrimos el balcón, nos asomamos y, al menos yo, me sentí como si estuviese en Nunca Jamás rodeada de hadas que iluminaban el bosque y me permitían ver el mar que se extendía ante nosotras.

luciernagasenlagrama

Aquel momento fue precioso, mágico, único…y eterno, porque quedó, para siempre, grabado en mi mente demostrándome que el mundo puede ser un lugar maravilloso…¡y mágico!, aunque sólo en contadas ocasiones.

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