Las Cosas De Altisidora

Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú la goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro.

Cuando descubrí a un genio 08/02/2009

La literatura siempre ha sido una de mis grandes pasiones: desde pequeña tengo recuerdos de mil lecturas que comenzaron con los libritos de “El Barco de Vapor”, pasaron por los clásicos de lectura obligada durante los años de estudio y actualmente dedicada a leer aquello que, por una razón u otra que va desde la recomendación de alguien a la búsqueda de algo, simplemente me interesa.

El caso es que, probablemente sin motivo alguno, siempre me negué a leer a García Máquez. Imagino que será porque la primera vez que intenté leerme “Cien Años de Soledad” no estaba preparada para enfrentarme a una historia familiar cíclica de esas características, cargada de realismo mágico que entonces no supe apreciar y escrita con la sensibilidad propia de un grande de las letras.

De repente, el otoño pasado (2007) me enfrenté a mis demonios y me dije a mí misma: “Cien Años de Soledad no va a poder conmigo. En peores plazas hemos toreado”. Al principio no pude evitar el desasosiego que me produjo la primera vez que lo intenté: demasiado lento, demasiado repetitivo, demasiado mágico sin ser fantasía…en una palabra: excesivo lo mires por donde lo mires. Los Aurelianos, las Amarantas, los José Arcadios, las Úrsulas, Rebecas y Remedios…¡ah! y las colas de cerdo como castigo por matrimonios consanguíneos, Macondo y los Buendía me superaban.

Pero no me rendí. Y terminé descubriendo una de las mejores obras de la Literatura Universal y, sin duda, a uno de los escritores más sensibles que ha dado el Universo conocido. Gabo es un genio. Nadie escribe una prosa más poética que la suya, con tanta magia que ningún otro escritor expresa mejor la desesperación que produce vivir (o más bien sufrir) un amor contrariado o directamente perdido.

Desde ese momento el colombiano me obsesionó. Y le rendí tributo con otras dos lecturas posteriores más que se extendieron hasta febrero de 2008, concretamente “El Amor en los Tiempos del Cólera” y “Del Amor y Otros Demonios”.

La primera fue injustamente acusada de “folletinesca”, pero da igual lo que digan: no deja de ser una de las historias de amor eterno y desesperado más grandes jamás contadas, la de Florentino Ariza, que esperó 51 años, 9 meses y 4 días a Fermina Daza, el amor de su vida, demostrando, así, que hay personas a las que no se olvidan ni jamás dejan de amarse, pese a todo.

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Gracias a Gabo y al Cólera, cada vez que veo una almendra no puedo evitar pensar en el destino de los amores contrariados: es inevitable, igual que le pasaba al doctor Urbino, el mismo que, antes de expirar su último aliento le dijo a su esposa una de las frases más bellas que he visto impresas en un libro: “Sólo Dios sabe cuánto te quise”, porque hay tanta amargura, dolor y desesperación en una frase como esa que una vez se ha tatuado en tu piel, es imposible liberarse de su significado más profundo: hay amores que son, simplemente, imposibles de describir con palabras y por ello sólo Dios es testigo de los verdaderos sentimientos que alberga un corazón.

Alguien que es capaz de escribir con tanto sentimiento sobre el tema más universal de todos, el Amor, merece todos mis respetos, así como mis disculpas, por haber repetido hasta la saciedad durante años que el único García Máquez que soportaba era el periodista.

Me equivoqué, porque el mejor Gabito está en páginas y páginas plagadas de Realismo Mágico y en pueblecitos de ficción en algún rincón de Colombia.

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One Response to “Cuando descubrí a un genio”

  1. ariovisto Says:

    Ayer vimos en mi casa Serendipity. La descubrí gracias a ti, porque la sacaste en un post y sentí curiosidad. Nos gustó mucho y al ver la novela de tu Gabo me la has vuelto a recordar. Es curioso el destino y es curioso Macondo… “…Ursula confirmó su impresión de que el tiempo estaba dando vueltas en redondo”. Ni la “magia” de Melquíades puede con esa sensación de soledad que sólo romperá el fruto del amor.
    ………
    Me gustaba más Campanilla, Tinkerbell…, te hacía más accesible, ahora estás como más alti… y espero que tras el velo no tengas barba. Pero en fin, me imagino que habrá cosas que a ti no te gusten…
    Por cierto, enhorabuena, doce años después, bética… ya tiene guasa el añito…


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