Las Cosas De Altisidora

Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú la goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro.

Tu risa 24/02/2009

Archivado en: Genios — altisidora @ 20:08
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Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

 

Recuerdo…la lluvia 23/02/2009

Tenía pensado iniciar este post como una de esas novelitas románticas soñadas por García Márquez que tanto me gustan y que fuera algo así como “Hoy ha venido a mi encuentro el vago recuerdo de una lluviosa tarde de febrero ya lejana…“. Pero sería mentira. La tarde sí era lluviosa y queda ya lejana…un año, para ser exactos…pero el recuerdo no es vago. En absoluto. Es más, por alguna extraña razón que desconozco es tan claro y detallado que incluso sorprende. Y angustia. Es un recuerdo tan real como el de un abuelo octogenario que es capaz de darte una descripción perfecta de un día concreto de hace 50 años y, sin embargo, le resulta imposible recordar qué hizo a primera hora de la mañana.

Un año de 366 días han pasado desde entonces…y podría hacer una descripción perfecta de cada minuto. Imagino que porque fue un día especial. Ni puedo ni quiero olvidar aquel sábado, la lluvia, el cielo gris plomizo tan diferente al de este febrero azul, reluciente, limpio.

Siempre me encantó su sonrisa, sincera, risueña, perfecta. Porque, como le pasaba a Miguel Hernández con su esposa, a mí su risa también me hacía libre, me ponía las alas, soledades quitaba y, en cierta forma, cárcel me arrancaba (aunque, en mi caso, la cárcel no era de barrotes…).

Y todo esto me suena a ñoñería ridícula pero, realmente, fue así, era así. Por eso, cada vez que huelo la lluvia, me acuerdo de él, como Juvenal con las almendras. Porque todo lo importante está asociado a algún tipo de experiencia sensorial: un sabor, una textura, un color…o un olor, como en mi caso. Al de la tierra húmeda por la lluvia, al gris del cielo cuando llueve, al inicio de la primavera.

Pero, ¿qué diablos? la verdad es que hoy he pasado un día estupendo…he estado alegre, dicharachera, divertida, simpática…¡y en manga corta! Luego he pasado la tarde con mi Cristi, que siempre me hace feliz…ella y Raquel son mi luz en los días laborables. Hoy faltaba Rak, enferma, pero ahí ha estado mi otra Supernena, para hacerme pasar un gran lunes, un buen 23 de febrero de 2009. Quizás esto signifique que lo estoy superando, y que, por fin, me quedo con lo bueno y de mi memoria se borra lo malo o, como mínimo, se va limando, poco a poco. Con paso lento pero seguro.

Amiga: aquí tienes de nuevo mis sentimientos, más allá de la música, menos sutil, más directo. Aunque ya sé lo que pensarás…espero que lo disfrutes.

[Andrés Calamaro - Para no olvidar]


"De un tiempo olvidado ha venido un recuerdo mojado
de una tarde de lluvia de tu pelo enredado..."
 

Memoria 08/02/2009

( publicado el 6 de enero de 2009)

Esta mañana, mientras me dirigía con mis padres a casa de mi abuela, tradición familiar desde que mi memoria alcanza a recordar en el día de Reyes, ha surgido, de pronto, una extraña conversación en torno a la memoria histórica, la apertura de fosas comunes para devolverle el honor, la honra, el recuerdo y todo lo que perdieron los asesinados de la Guerra Civil, sobre Lorca, el Valle de los Caídos, el Juez Garzón, los herederos de Lorca…etc, he recordado algo que leí la semana pasada, y es que, en tierras del Ebro, se colgó una placa conmemorativa en la que puede leerse:

“A los que perdieron la guerra, que fueron todos”.

Dos tíos de mi padre fueron sacados de sus casas, por la fuerza y sin explicaciones, en una de las trágicas noches que duró aquella guerra entre hermanos. Jamás su volvió a saber de ellos…¿quién sabe?: quizás sean nuestros tíos ricos de América, aunque la cruda realidad es que, probablemente, no volvieran a ver la luz del sol. Seguramente fueron disparados a quemarropa por algún pelotón de fusilamiento y lanzados a una fría fosa común donde aún hoy reposan sus huesos. Y como dice mi padre: “todo el mundo tiene el derecho de enterrar a sus muertos”.

Y no voy a hablar de que un bando fuese mejor o peor que el otro: todos cometieron atrocidades y punto. Es lo que tiene una Guerra Civil que, de entre todas las guerras, es la que saca lo peor de cada ser humano, porque no deja de ser una matanza cainita: familiares denunciándose mutuamente para intentar salvar el pellejo, amigos a los que les tocó luchar en bando opuestos, personas que fueron obligadas a pertenecer a un bando que, quizás, no fuera el que iba con sus convicciones políticas (a mi abuelo paterno le pasó: fue enfermero del bando nacional, a pesar de que, dentro de su mente, estuviese más a la izquierda), saqueos, enfrentamientos…y todo lo que sobrevino después: la Dictadura, la Autarquía, el aislamiento internacional, las prohibiciones, la falta total y absoluta de derechos y libertades, el racionamiento, los grises, las persecuciones, las cárceles, y así hasta el infinito.

Está claro que yo no viví aquella época y, gracias a Dios, soy una hija de la Democracia (literalmente, que por algo nací en 1978), así que no estoy en posición de opinar si antes se vivía mejor o peor, pero, desde luego, no cambio la libertad por nada y, probablemente, si hubiera vivido en aquella época habría acabado como las 13 rosas o, un poco más tarde, en la cárcel, “entre rojas”, por sindicalista, por la defensa a ultranza de la memoria histórica, por condenar el vacío en torno a la muerte de Lorca, por los exiliados (sobre todo culturales: una vergüenza. Todo dictador, lo primero que hace al llegar al poder, es quitar de en medio a los intelectuales, porque son ellos los que piensan. Y así aquella guerra mató, no sólo a Lorca, sino a Machado e incluso a Miguel Hernández), por todo.

Quizás hoy, día de la Epifanía del Señor, no sea el más adecuado para este posrt pero, simplemente, quería tener mi particular regalo de Reyes con todas las víctimas de la guerra (de ambos bandos) y de la Dictadura, y no sólo los asesinados, sino los encarcelados, los exiliados…y todos los que sufrieron que fue españa entera.

Aunque no soy muy aficionada al cine de José Luis Garci, me encanta su dedicatoria final en la película Asignatura Pendiente, dividida en dos partes:

1. “A nosotros que nos han robado la inocencia….”, en clara alusión a la juventud de los últios años de la Dictadura, los que más sufrieron las represiones probablemente.

2. “A Miguel Hernández que murió sin que supiéramos de su existencia”

El día que vi esta película, durante mis años de facultad, me emocioné al leer esa dedicatoria a Hernández, el poeta, porque es uno de mis preferidos, y murió pobre y relegado al olvido más vergonzoso porque su recuerdo no le convenía al régimen.

 

…El mutuo jardín que inventan dos corazones al par… 08/02/2009

Se dice en Sevilla que los padres de Antonio Machado se conocieron mientras presenciaban un acontecimiento único, increible e irrepetible en esta ciudad: delfines nadando en el Guadalquivir. Este ambiente mágico fue propicio sin duda para que el amor naciese primero y creciera después. Además, con semejante historia de amor, el segundo hijo de Antonio y Ana no podía ser más que poeta.

El 26 de julio de 1875, día de Santa Ana (como su madre y la mía) nacía este sevillano ilustre en una de las viviendas que, por entonces, albergaba el Palacio de las Dueñas (residencia de la Duquesa de Alba). Sus recuerdos siempre lo fueron de un patio de Sevilla, el del palacio, y el limonero que fue una constante de su obra, como la primavera, estación en la que su ciudad (y la mía) brilla con más y mejor intensidad. Y es que Sevilla es sinónimo de primavera.

Con ocho años se trasladó a Madrid, ya que al ser nombrado su abuelo catedrático de la Universidad de la capital, toda la familia decidió acompañarlo. Se alejó de Sevilla en cuerpo, porque su espíritu seguía vivo en cada flor de azahar de ese patio que vió sus primeros juegos infantiles.

Dos veces visitó París durante su juventud, conociendo a Oscar Wilde o Pío Baroja primero y Rubén Darío, después. De vuelta a Madrid entabló amistad con otro andaluz ilustre de la época, Juan Ramón Jiménez (andaluz y Premio Nobel, con acento “choquero” incluido) y publicó su primer libro Soledades, que luego ampliaría pasando a denominarlo Soledades, Galerías y Otros Poemas en 1907, año en el que se trasladó a la ciudad donde conoció al primer amor de su vida, la joven y malograda Leonor, a la que le doblaba la edad, pero es que el amor no entiende de diferencias de ningún tipo: edad, raza, sexo, religión…no son impedimentos para sentir y amar.

Pero aunque el sentimiento de amor pueda permanecer intacto para siempre, Dios parece jugar a los dados con nosotros, y eso hizo con Antonio, al que le arrebató a su joven esposa cuando ésta apenas contaba con 18 años y llevaban casados 3.

Sin hijos, sin esperanza, solicitó el traslado a Andalucía, que no había visitado desde sus 8 años, cuando abandonó su patio, esta vez para asentarse en Baeza (Jaén, como los aceituneros de otro grande: Miguel).

Ya en Baeza publicó Campos de Castilla y más tarde, los únicos textos en prosa que escribió: Abel Martín y Juan de Mairena, sus apócrifos…¿o fueron heterónimos como los de Pessoa? Eso no importa…fue precursor del portugués de cualquier forma.

Y en 1924, con casi 50 años, se volvió a enamorar. La dama se descubrió, muchísimos años después, que era Pilar Valderrama. Para Antonio (y para mí) siempre será Guiomar, Doña Guiomar, a la que Sevilla honra su existencia con una estrechísima callejuela en su centro histórico…

En un jardín te he soñado,

alto, Guiomar, sobre el río,

jardín de un tiempo cerrado

con verjas de hierro río.

A su Guiomar le dedicó un libro entero, Nuevas Canciones (1924), última obra que fue ampliando con los años. Nunca fueron amantes en cuerpo, sólo lo fueron en alma: Amor puro, limpio, profundo. “Por tí, Guiomar”, “A tí Guiomar” repitió el poeta incansablemente.

Luego estalló la Guerra Civil y todos sabemos qué pasó: encarcelados, fusilados, exiliados…hermanos derramando sangre de hermanos. Antonio marchó a Valencia en 1937 y del 37 al 39 publicó artículos en La Vanguardia, por entonces el medio oficial de la República.

Pero en 1939, cuando Barcelona se rindió, Machado se vió obligado a huir a Francia: llegó a Colliure, una pequeña villa en la frontera con españa donde murió, apenas recién llegado. En uno de sus bolsillos llevaba escrito un verso:

“Estos días azules y este sol de la infancia”

Sevilla, siempre Sevilla, y su infancia, el azul infinito de su cielo, el sol reflejado en su río, los olores a azahar y a incienso de mil iglesias, cada calle, cada fuente. Su último recuerdo fue para aquel huerto claro donde maduraba el limonero.

Fue enterrado en Colliure, pero en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, aún aguarda su nicho, entre otros sevillanos ilustres, para proteger, como un gran tesoro, sus restos para siempre…

 

La fuerza de un verso… 08/02/2009

..Oro bruñido al sol relumbra en vano…

Y llega a fingir que es dolor, el dolor que en verdad siente.

Ríete tanto…                                   …tu silencio es de estrella…

…y podrá desatar esta alma mía…

…la noche azul ardía toda sembrada de estrellas…

Poesía…eres tú.                                      Se equivocó la paloma, se equivocaba…

Con diez cañones por banda…                              ¿Qué tendrá la Princesa?

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.                                          Vivo sin vivir en mí…

Por el Arco de Elvira, quiero verte pasar…

…El mutuo jardín que inventan dos corazones al par.                                    …por fin me necesites.

…Trataría de tener sólo buenos momentos…

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla. …

Que pierdo el ser de mi ser…