Hace unas 3-4 semanas me compré en Fnac dos libros de Gabriel García Márquez: uno de ellos de título larguísimo prácticamente imposible de recordar (me lo compré porque me gustó eso de la cándida Eréndira) y los 12 cuentos peregrinos.
Entre los cuentos, que he leido con una rapidez asombrosa, sobre todo teniendo en cuenta que en los últimos meses he estado bastante apática con la lectura y he sido incapaz de leerme un solo libro entero, hay algunos muy buenos y otro solo buenos (no me atrevo a decir que malos porque es Gabo y él no hace nada mal cuando escribe). Pero, por lo general, me han sorprendido gratamente por esa carga de realismo mágico que los impregnaba a todos. Por eso y por sus grandes personajes, sobre todo los femeninos: Lázara, Frau Frida, la señora Forbes, María Dos Prazeres, Prudencia…y, por supuesto, Nena Daconte.
Nena Daconte fue dejando el rastro de su sangre en la nieve de Madrid a París, de una forma absurda y, a la vez, mágica: ¿puede una persona desangrarse por culpa de la espina de una rosa?. Me ha fascinado este personaje y, sobre todo, el de su joven esposo, desesperado y perdido en un París agobiante, tan distinto al Caribe, y donde no conoce a nadie, no habla el idioma y ni todo el dinero del mundo ni el apellido más lustroso de toda Sudamérica pueden hacer nada por tí, tus miedos y tu pérdida.
Claustrofóbico y espeluznante, genial y profundo. Sin duda, el mejor cuento de los 12 de García Márquez es el último, el de Nena Daconte, aunque, desgraciadamente, la gente creerá que simplemente es el nombre de un grupo comercial de pop en español y no uno de los personajes más interesantes creados por el Nobel colombiano.
Por cierto, otro título poético y profundo de otro de sus cuentos peregrinos que también me fascinó: “me alquilo para soñar”…