Acabo de ver un episodio de “Entre fantasmas” que me ha hecho pensar en un tema que suele ser recurrente en mi y, en general, en toda la humanidad: la existencia del amor verdadero, más allá de la vida y la muerte.
Resulta que nuestra protagonista Melinda (o Jennifer Love-Hewitt) pierde a su marido, pero éste se resiste a abandonar a su esposa, así que su espíritu se introduce en el cuerpo de un hombre que ha estado implicado en el mismo accidente o lo que sea que pasó (esto no lo tengo claro, porque no soy seguidora de la serie, y sólo veo episodios sueltos…los domingos lluviosos en los que no salgo, como hoy). Ella empieza a ver a este hombre con el rostro de su esoso muerto, aunque cuando él se mira al espejo tiene otra cara…
El caso es que ella está segura de que en un nuevo cuerpo vive el espíritu de su difunto esposo, el amor de su vida, el único…ella lo había encontrado y el amor verdadero va más allá de la muerte, de ahí que ahora su alma esté en otro sitio pero, al fin y al cabo, es la que era antes…mismo espíritu, distinto envoltorio, de tal forma que, si el amor verdadero es el amor de las almas, al más alto nivel, no importa qué cara tenga…como decía Julieta “¿acaso una rosa no llamándose así no tendría el mismo perfume?”.
Como siempre me da por marearme con cuestiones al más alto nivel filosófico me he preguntado: ¿existe el amor verdadero?. es decir, ¿existe alguien, en algún lugar del mundo, que es justo la otra mitad de nuestro ser?. Y si existe…¿todos tenemos esa otra mitad?. Entonces…¿por qué hay personas que nunca conocen a su media naranja?. ¿Tenemos que conformarnos con quien más se aproxime esa idea, aún sabiendo que nuestra alma gemela estará en algún lugar?. ¿Cómo sabes que es el amor de tu vida?
Por lo general, cada vez que te enamoras piensas y siente que esa persona es el amor de tu vida, el único, el definitivo, el que ha sido capaz de acariciar con las yemas de los dedos tu espíritu, el que ocupa la totalidad de tu corazón. Pero, si la relación no funciona, al principio siempre piensas que has perdido al amor de tu vida…luego pasa el tiempo, aparece otra persona, vuelves a enamorarte y te das cuenta de que la primera vez estabas equivocada…¿o quizás no?. Podría ser que esa persona fuera tu verdadero amor, el extremo de tu hilo rojo, tu Florentino/Fermina porque, como diría Florentino: ¿Cuánto esperarías por amor? La respuesta es simple: para siempre.
El problema con esto suele ser que hasta que encuentras a una persona que sustituye a la anterior como objeto de tu afecto en tu corazón no puedes evitar pensar que quizás hayas perdido a ese amor de tu vida, que nada ni nadie será igual, que quizás pienses para siempre en lo que pudo ser y no fue…etcétera.
Una cosa está clara: todo sucede por alguna razón, así que si no estás con alguien, obviamente no era el amor de tu vida, independientemente de que exista o no eso de la media naranja.Lo malo es que los espíritus románticos le damos demasiadas vueltas a este tipo de cuestiones de Amor al más alto nivel, en vez de dedicarnos a, simplemente, vivir la vida y disfrutar de lo que nos da y nos permite. ¿Que no vuelves a enamorarte?…eso no lo sabemos, nunca se sabe, que la vida (y el mundo) dan muchas vueltas y a lo mejor puedes conocer a alguien incluso en la cola del supermercado, en un ascensor, el amigo de un amigo…o vete a saber.
Y si no conoces a nadie lo suficientemente especial… ¿qué más da? La vida no se limita a eso simplemente, ¿no? Hay muchas formas de amar: a los amigos, a la familia, la naturaleza, tu profesión…todo llena, todo te hace sentir bien, sentir viva, y no estar enamorada no significa que no puedas disfrutar de las relaciones “amorosas”, aunque no sea tu alma gemela. De cualquier forma, esta idea tiene más de romanticismo que de realidad, ¿no? porque cada persona es un mundo, eso nos diferencia y nos distancia, y es complicado que exista alguien como tú en alguna parte. ¿Dos iguales? Madre mía…que Dios nos coja confesados (o mejor, os coja a los que me conoceis…).
