( publicado el 20 de octubre de 2008 )
Ayer leí, a través del blog de mi pululante ser preferido, el interesante mensaje que le dejaba otra de nuestras amigas de la facultad y me hizo pensar, y mucho, en la verdad de sus palabras.
Meli ha dejado constancia por escrito algo que todos (me refiero a mi grupo de amigos de la facultad) sabemos pero parece que ninguno se ha atrevido a decir en voz alta: estamos muy lejos, y no es sólo distancia física, que eso es lo de menos, sino lejos en el sentido de que nuestras vidas son, prácticamente, desconocidas ya para el resto.
Es una pena, porque hace 7 años éramos inseparables: las personas con las que más tiempo pasábamos al cabo del día. Lo conocíamos todo, pormenorizado, unos de otros. Y de pronto…la vida, que dicen que es eso que te pasa mientras tú estás planeando otra cosa (qué curioso, porque parece ser que lo dijo John Lennon). Terminamos la facultad y cada uno se enfrentó al futuro que se abría paso ante nosotros cómo y dónde pudo. Unos con más suerte, otros con menos, pero, al fin y al cabo, cada uno siguió su camino. Como debe de ser, ¿no?: son sólo eso: cosas de la vida.
Y mientras tanto nos enfrentamos a retos profesionales, a frustraciones porque el periodismo nunca termina siendo lo que soñabas (y es que Woodward y Bernstein hicieron mucho daño con su apasionante vida profesional mientras que el resto nos conformamos con lo que podemos), a relaciones que funcionan, otras que no funcionan y algunas que son de ida y vuelta o en dos tiempos, a traslados para buscarse la vida y el futuro, a nuevos amigos, a pérdidas de todo tipo, a nuevas y “mejoradas” frustraciones, crecemos, maduramos…nos alejamos.
Entonces todo era tan fácil, tan bonito: nos teníamos unos a los otros, y si uno lloraba, el resto estaba ahí, para cambiar eso; nos enfadábamos y reconcialiábamos, porque son cosas de postadolescencia; salíamos, mucho, dormíamos poco, estudiábamos de vez en cuando, jugábamos al buscaminas por las tardes en casa de Carlos, oíamos las historias de Juanma y sus “pepis”, Alfonso y yo hablábamos de música negra, Meli hacía gala de su salero gaditano, Marisa de su dulce inocencia que hacía que a la mayoría se nos cayese la baba con ella, Monti y su música (y todo lo demás), Javi y Raúl, el Sevilla, el Madrid y sus historias, David, ese gran desconocido, Jose y Rafa, nuestros cordobeses preferidos…y Marta, no me olvido de tí, sólo te dejo para el final porque tú, para mí, eres, simplemente, Marta: la amiga, la única de nosotras 4 de la que apenas me he alejado. Gracias a Dios, al menos logré conservar a una de las 3, porque, de lo contrario, ahora estaría perdida.
Meli, quizás estemos separados, pero yo aún soy capaz de oir vuestras voces a lo lejos, de escuchar vuestras risas, que retumban en mi cabeza haciéndome recordar viejos, y buenos, tiempos. Porque vosotros me disteis la mejor época de mi vida, al menos hasta la fecha. Y por eso siempre estareis en mí, formais parte de mi, de mil formas diferentes, en mayor o menor medida, pero jamás saldreis de mi corazón. Por muy lejos que parezcamos estar.
De cualquier forma, eso siempre puede arreglarse: cuando entre las personas se estableció en el pasado un vínculo poderoso, como es el de la amistad, nada es insalvable y mucho menos la distancia porque, en este caso, nunca será el olvido. Al menos yo lucharé por ello. Y espero que me ayudeis.
Un beso…os quiero.