Las Cosas De Altisidora

Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú la goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro.

Cuando un amigo se va 16/04/2009

Archivado en: Pensamientos Profundos — altisidora @ 22:09
Tags: ,

No, no voy a cantar eso de “algo se muere en el alma, cuando un amigo se va”. Pero sí que es cierto: una verdad como un templo hecha ’sevillana’ para la Feria.

Hace 18 meses conocí a una chica entusiasta, comprometida, positiva, inteligente y dicharachera. Entró a trabajar en mi empresa y, aunque al principio fuimos sólo buenas ‘compis’, las circunstancias nos acabaron convirtiendo en amigas. Al final no hay mal que por bien no venga y de todo se saca una lectura positiva. Así que, Raquel, al final tendremos que dar incluso las gracias a aquellos que han mantenido una guerra abierta con nosotras, porque nos unieron, a las 3 (incluyo a nuestra pequeña Cris), en lo que se ha convertido, a día de hoy, en una amistad estupenda. Tanto, que no sé qué haría sin vosotras.

Aunque pronto averiguaré que será la vida diaria sin una de vosotras…y no sabes cuánto te echaré de menos: nuestras risas, las conversaciones, los ‘desayunismos’, las escapaditas a almorzar fuera, las quedadas en fin de semana (con o sin el pequeño saltamontes), el ‘malismo’, los congelados, la comida de Navidad y los vestidos verdes, nuestro ‘Charli’ particular, las conversaciones profundísimas, los paseos por la empresa para que nos llamen ‘las relaciones públicas’…ahora, a Cris y a mi nos faltará una Supernena.

Has sido un gran apoyo para mí en meses difíciles y me da mucha pena que ahora que ya estoy bien y que vuelvo a ser feliz el 85% de mi tiempo (y no infeliz el 90% del total) no vayas a estar a diario para compartir mi alegría ¡y la tuya!.

Sé que seguiremos siendo amigas porque si quieres puedes, y sólo dependerá de nosotras, pero no será lo mismo…Aunque me alegro muchísimo por tí, porque sé que, ahora, serás más feliz porque podrás dedicar tu tiempo a tus auténticos intereses y estarás más cerca de alcanzar tus sueños. Y cuando un amigo es feliz, automáticamente, tú también lo eres porque igual que dolor compartido es mitad de dolor, alegría compartida es el doble de alegría.

No olvides nunca que podrás contar conmigo siempre, estemos donde estemos, y yo te seguiré contando mis paridas y tú tus movidas. Que así sea.

Un besazo amiga…aunque aún quedan algo más de dos semanas para tu despedida oficial y nos veremos (mucho) por Chiclana (si me invitas, claro).

PD: Ahora sí sé lo que se siente cuando un amigo de los de verdad, y no de los fingidos, sale de tu día a día para seguir siendo amigo, pero de una forma totalmente distinta. Ahora sé quiénes son mis amigos.

 

I remember 28/03/2009

Voy a ‘imitar’ a Joe Brainard y a evocar recuerdos en forma de frasecitas breves. Estos recuerdos de Brainard fueron considerados una especie de experimento poético vanguardista que resultó ser, simplemente, la forma más fiable, sencilla y sincera de recordar tu pasado.

  • Recuerdo a todas y cada una de mis amigas…incluidas las que no lo son ya.
  • Recuerdo el día en que nació mi prima Marta: su primer día de vida, casi mi último día de facultad. 22 años de diferencia.
  • Recuerdo mi primer día en ABC: menos mal que me acompañaba Antonio.
  • Recuerdo casi todos los días de aquel verano que pasé en ABC: las fiestas con los compañeros, el trabajo, las meriendas, mi absurdo choque con el poste azul, las conversaciones con los dos Antonios, el R5 echando calor en pleno julio…
  • Recuerdo las risas y las sonrisas de mis amigos de la facultad.
  • Recuerdo haber visto llorar a mi padre varias veces…a mi madre sólo una.
  • Recuerdo el día en que nació mi hermano: yo cenaba en el balcón, al calor de agosto, con mi padre. Tenía 4 años.
  • Recuerdo un sábado de playa: el cielo estaba gris, hacía frío pero eso no importaba.
  • Recuero mi primer día de colegio: lloraba y mi amiga Bea también. Así nos hicimos amigas: unidas por el llanto.
  • Recuerdo a mi amor platónico: Jesús. Era tan guapo…
  • Recuerdo la Exposición Universal de Sevilla 92…y ¡recuerdo a Curro!
  • Recuerdo a una amiga enferma, postrada en la cama de un hospital…y recuerdo el día de su funeral y las lágrimas de mi hermano mezcladas con las mías.
  • Recuerdo un sábado de lluvia, mi pelo enredado. Recuerdo cada minuto.
  • Recuerdo las Olimpiadas de Barcelona 92: España, oro en fútbol; Fermín Cacho; el Borbón de abanderado; el pebetero…
  • Recuerdo mi Selectividad…las dos veces (la segunda fue peor, por la presión de necesitar subir nota).
  • Recuerdo mi uniforme del colegio de monjas, de la falda de lana que picaba en mayo.
  • Recuerdo la primera vez que estuve en Italia, y la segunda, y la tercera y la cuarta.
  • Recuerdo bailar la banda sonora de ‘Grease’ y de ‘Fiebre en Sábado Noche’ con mis primos.
  • Recuerdo que vi ‘Regreso al Futuro II’ en el cine; y ‘Batman’; y ‘Cariño, he encogido a los niños’.
  • Recuerdo las camisetas de Gn’R de mi primo Antonio y sus posters de Iron Maiden (que me daban miedo).
  • Recuerdo mi llanto en la Piazza di Spagna por sentir que jamás volvería a Roma…¡qué estupidez! (eso no puedo saberlo).
  • Recuerdo el concierto de Mecano del 91 en el Auditorio de la Cartuja.
  • Recuerdo los concierto de la Expo: Sergio Dalma, Alejandro Sanz, Cómplices, Presuntos Implicados, Barricada…
  • Recuerdo el calor que desprendían los asientos de la plaza de toros de Córdoba cuando tuve el privilegio de asistir, en directo, a la despedida de B.B. King de los escenarios con mi hermano.
  • Recuerdo el concierto, en la Sala Q, de “The Sunday Drivers”. Lo mejor, la compañía y el resto del fin de semana, que, al final, resultó ser casi una despedida.
  • Recuerdo a Rafa y la extraña relación que nos unía…y lo mal que acabó todo.
  • Recuerdo cuando el Trastabaro aún no era O’Davids.
  • Recuerdo a Dani, a Moisés, a muchos pero, sobre todo, a 2.
  • Recuerdo las tardes en el Bitákora.
  • Recuerdo las despedidas, las rupturas, las cosas que no se dicen, las que nunca deberían haberse dicho…
  • Recuerdo las clases coñazo de cierto profesor de la facultad de Ciencias de la Información de cuyo nombre no quiero acordarme…
  • Recuerdo un regalo: un libro de viñetas de Snoopy.
  • Recuerdo un par de regalos más: unas Converse rosas y el primer disco de Craig David.
  • Recuerdo cada Feria pero, sobre todo, las dos últimas.
  • Recuerdo dos peluches que ahora duermen en una caja.
  • Recuerdo cada episodio de ‘Friends’.
  • Recuerdo mis tres comidas de Navidad en mi empresa actual con sentimientos diferentes: buena, horrible, y muy buena a pesar de todo, respectivamente.
  • Recuerdo lo estúpida que me he sentido mil veces por culpa de personas que fingieron ser mis amigos.
  • Recuerdo la entrevista que tuve el honor y el placer de hacerle a David DeMaría.
  • Recuerdo una dedicatoria en una tarjeta de cumpleaños: “Espero que nuestra relación de amor-odio crezca (en ambos sentidos)”. Y vaya si lo hizo…
  • Recuerdo a Brenda abrazándome en Palermo mientras cantaba ‘aire, soy como el aire’ en libre versión en inglés macarrónico.
  • Recuerdo un fin de semana de agosto en la playa, afianzando la relación con mis amigas.
  • Recuerdo el 11S y el 11M.
  • Recuerdo el día que asesinaron al Concejal Alberto Jiménez Becerril y a su esposa, por la espalda, como enfrentan las cosas los cobardes, en una calle cercana a la Giralda.
  • Recuerdo cuándo se me cayó el cenicero, de camino a la habitación de mi abuelo moribundo (eso lo supe luego) cuando apenas tenía un año y medio.
  • Recuerdo el día en que mi padre se puso tan enfermo que le dije a Dios que le entregaba mi felicidad a cambio de su vida. (A veces pienso que se lo cobró).
  • Recuerdo mi primer día en mi actual trabajo.
  • Recuerdo muchos de los motivos por los que he llorado a lo largo de mi vida.
  • Recuerdo que mis manos siempre han estado frías.
  • Recuerdo el Renault 7 verde limón de mi padre…y el Renault 11 rojo, que acabó siendo mi primer coche.
  • Recuerdo mi 30 cumpleaños…no hace demasiado (6 meses).
  • Recuerdo las tardes de sábado en casa de Alicia.
  • Recuerdo mi vida en Huelva, aunque fuera muy breve.
  • Recuerdo un verano con Yoli: qué bien lo pasamos.
  • Recuerdo cómo me sentía mientras leía ‘El Amor en los Tiempos del Cólera’ y lo muhco que disfruté cuando la vi en el cine, aunque la película no me gustó nada.
  • Recuerdo besos y caricias…
  • Recuerdo muchas sonrisas bonitas de muchas personas distintas.
  • Recuerdo la boda de Aurora y lo mal que me sentía. Curiosamente, me olvidé de mis problemas por unas horas.
  • Recuerdo un golpe fortuito en la rodilla en casa de Marta: vi las estrellas.
  • Recuerdo una vez que se paró el mundo hace muchísimo tiempo (unos 8 años) gracias a un abrazo.
  • Recuerdo palabras, recuerdo miradas.
  • ¡Recuerdo las magdalenas!
  • Recuerdo los domingos en la piscina con los vecinos.
  • Recuerdo el día de mi Primera Comunión. Recuerdo que a mi tía y mis primos sólo los pude ver a la salida de la Iglesia: cosas de familias, que no se eligen.
  • Recuerdo la impotencia, la frustración, el dolor, la estupidez y lo recuerdo porque, a veces, aún me siento así.
  • Recuerdo mis aventuras en Amsterdam, y en Praga, y en la Toscana, y en Sicilia, y en Mallorca…
  • Recuerdo el día en que un cliente, cuando trabajaba en Telefónica, me hizo llorar.
  • Recuerdo mi último día en El Correo de Andalucía: la única vez en un año que salí a una hora razonable para una becaria.
  • Recuerdo la final de la Copa del Rey del 97: yo estuve en el Bernabeu, animando a mi Betis. Perdimos. No importa.
  • Recuerdo al Betis campeón de Copa en 2005. Este me tuve que conformar con verlo por la tele. Lloré, igual que en 1997, pero ahora de alegría.
  • Recuerdo la primera vez que fui al fútbol: Betis-Real Madrid B.
  • Recuerdo los partidos del equipo del trabajo y mi estrella preferida demostrando que era el mejor con contundencia.
  • Recuerdo la final de la Eurocopa pasada y España campeona.
  • Recuerdo una exposición de corresponsales durante la Guerra Civil que me hizo mucha ilusión.
  • Recuerdo los Domingos de Ramos luminosos y alegres.
  • Recuerdo la Esperanza de Triana girando para adentrarse en Pagés del Corro de recogida un Viernes Santo por la mañana.
  • Recuerdo ‘Titanic’ en el cine y las chicas gritando cada vez que salía Di Caprio.
  • Recuerdo mi experiencia como extra en la película ‘Crimen Ferpecto’.
  • Recuerdo lágrimas, muchas lágrimas.
  • Recuerdo las sensaciones del primer día de Feria, cuando te apuras por llegar al albero de Los Remedios y ver la grandeza de la ciudad fugaz de la primavera sevillana mientras tus volantes se airean al sol de abril.
  • Recuerdo los veranos en Punta del Moral con Estrella, mi amiga más antigua.
  • Recuerdo las flores de papel mojadas en Romerías otoñales.

…Seguiré recordando.

 

Como una pastilla… 23/02/2009

En 2002 Pink lanzó al mercado su single ‘Just Like a Pill’, que pertenecía a su disco Missundaztood y que corroboró el paso del R&B al Rock en la carrera de la cantante norteamericana.

A mi Pink siempre me gustó, desde aquel ‘There You Go’ que sí era bastante negro, pasando por ‘Stop Fallin’ (porque Pink también sabe hacer baladas) y hasta lo más nuevo. Y, entre todos sus temas, siempre ocupó un lugar destacado ‘Just Like a Pill’, sobre las relaciones dolorosas de las que queremos salir, porque son como una droga (no importa lo que te lastimen, porque ahí sigues, al pie del cañón, pensando que todo puede mejorar, que él puede cambiar, o lo que sea) a la que estás enganchada sin remedio.

Y esta canción me trae muy buenos recuerdos, porque aquel año 2002 y el siguiente (2003) fueron geniales: mi año de beca en El Correo de Andalucía (donde conocí a Irene, donde aprendí muchísimo, donde lo pasé genial) y un año y medio aproximadamente fantástico con mis amigos del barrio y mis niñas: ese fin de año en el zulo del Arenal que fue mucho mejor de lo que pensábamos cuando vimos aquel antro y los niños quitando la cal de la pared después de jugar a la “locomotora”; la noche en Collage del incidente del Clío de Fernando con el ‘putero’ y la borrachera que lo postró en la escalara del disc-jockey; las tardes (y las noches) en el Bitákora, donde éramos famosos; la inauguración del ‘tablao’ flamenco de Los Remedios y el ‘Marisa porfaaaaaaa, dame un piquito, ¿qué te cuesta?’ (y lo logró…menuda carita se le quedó…y los morros llenos de brillantina); las breves pero intensas relaciones que acabaron mal, muy mal…; la Semana Santa en El Portil, el fantasma en medio de la carretera, El Terrón, dormir de tres en tres; reir hasta llorar o, como canta Amaral: ‘de tanto reir no puedo ni hablar’; los cócteles en mi Santo después de un nefasto e infame fin de semana en Córdoba de cuya esencia no quiero ni acordarme; la Feria de aquel 2003 y el ‘cachondeito’ y, de paso, espectáculo público divertidísimo con el que animamos aquella caseta; el fin de semana en Conil, 10 en una tienda de campaña protegiéndonos del Levante y jugando a los chupitos (aún recuerdo a alguien pidiéndome que le diera un besito y diciendo lo mucho que nos queríamos todos porque en el vino está la verdad; mi primo derramando el whisky en el saco de dormir; mi huida a medianoche y Jose persiguiéndome por el camping…); Rafa y el triángulo amoroso (mejor sin comentarios por la parte que me toca) o ¿era cuarteto?; los que se iban de misiones humanitarias y los que volvieron para fundirse la pasta que ganó en 6 meses en el maldito infierno bosnio; las salidas nocturnas, las quedadas de domingo por la tarde, pasarnos horas en la placita charlando, el coche de Jose y el techo movible que dejaba melenas al viento (por la velocidad sobre todo), las terracitas de verano, las cenitas improvisadas en el Alamillo las noches de julio…

Esta canción fue banda sonora de aquel año, porque Fernando no dejaba de ponerla en la radio-CD de su flamante coche nuevo (el incidente del Clío precipitó su compra) y supongo que por eso es especial para mí, porque me trae buenos recuerdos.

Al final, cada uno tomó su camino y hoy apenas tenemos relación entre nosotros, excepto las chicas que seguimos siendo tan amigas como antes, incluso algunas vivimos juntas. Pero fue una época fantástica. De las mejores hasta la fecha y, al menos yo, siempre recordaré aquel año y medio intenso (y tenso a veces), divertido y único con una sonrisa. Porque no me arrepiento, a pesar de que también hubo cosas malas, pero me quedo con las carcajadas, el buen rollo, lo que compartimos, lo que vivimos, porque algunos maduramos un poco con todo aquello y aprendimos a valorar la amistad y sus circunstancias.

Hoy esta canción ha venido a mi memoria…curiosamente, resulta que la letra es de esas que me parecen ‘interesantes’, de una forma sutil como no le gusta que haga a una de mis amigas…

[Pink - Just Like a Pill]

Voy a largarme de aquí, donde pueda

Correr tan rápido como sea posible

En medio de ninguna parte

En medio de mis miedos y frustraciones

Y te juro que eres casi como una píldora

En lugar de hacerme mejorar

Me sigues haciendo enfermar

 

Mis Momentos F 08/02/2009

Alfonso, tu post me ha inspirado, así que ahí van alguno de esos momentos que, para mí, son de felicidad…

  • El olor del azahar en primavera
  • Una buena película
  • Quedar con mis amigos de la facultad, aunque sea media hora
  • Escuchar una canción que hace muchísimo que no oías
  • Ver el cielo azul de abril en Sevilla
  • Recordar historias divertidas del pasado
  • Hacer planes de quedadas, reencuentros, viajes…
  • Sentir el calor sel sol en la cara en pleno invierno
  • Las risas con las amigas
  • Una llamada o un sms inesperado
  • Que alguien que te gusta, aunque sea sólo un poquito, te sonría al cruzarse contigo
  • Mirarse al espejo y decir: pues hoy estoy fantástica
  • Jugar con un niño pequeño
  • El Betis goleando
  • Un baño caliente después de un día difícil
  • Un beso
  • Abrazos…muchos abrazos
  • Cruzar la mirada con alguien que te importa
  • Que alguien te haga reir
  • Gestos, miradas, sonrisas cómplices
  • Recuerdos de amor bonitos
  • Ir a un concierto
  • Leer un libro que embargue mi emoción total y aboslutamente (como me pasó con “El Amor en los tiempos del cólera”)
  • Ver una película que te inspire, te enseñe…te aporte algo, en definitiva.
  • Recibir un regalo
  • Ir a pagar en caja y descubrir que el precio es menor del marcado en la etiqueta (me ha pasado hoy mismo)
  • Haberos conocido…
  • Escribir mucho, escribir siempre…pensar que algún día podría vivir de ello.
 

Aforismos de Antonio Porchía 08/02/2009

“Me hicieron de cien años algunos minutos que se quedaron conmigo, no cien años”

“Durmiendo sueño lo que despierto sueño. Y mi soñar es contínuo”

“Si amas el sol que te alumbra, tal vez amas y si amas al insecto que te muerde, amas”

“¿Por qué te pido tanto que me ayudes?. Es que te estoy ayudando”

“Las cadenas que más nos encadenan son las cadenas que hemos roto”

“Si no levantas los ojos creerás que eres el punto más alto”

“Te quiero como eres. Pero no me digas cómo eres…”

“Quien abre todas las puertas puede cerrarlas todas”

“Se aprende a necesitar necesitando”

“Cuando me conformo con nada es cuando me conformo con todo”

“La verdad tiene muy pocos amigos y los muy pocos amigos que tiene son suicidas”

“Dirán que andas por un camino equivocado si andas por tu camino”

“Y si no pudiera alejarme de mí, no podría acercarme a nadie, a nada. Ni a mí”

“Para que tu tristeza muda no oyese mis palabras, te hablé bajito”

“A veces de noche enciendo la luz para no ver mi propia oscuridad”

“Sin esa tonta vanidad que es el mostrarnos y que es de todos y de todo, no veríamos nada y no existiría nada”

“Se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo”

“Un corazón grande se llena con poco”

“Las dificultades también pasan como todo pasa, sin dificultad”

“Quien perdona todo ha debido perdonarse todo”

“Algunas cosas se hacen tan nuestras que las olvidamos”

“Lo que no se convierte en recuerdo no fue”

“Pierdo el deseo de lo que busco buscando lo que deseo”

“Sabes tanto de mí y no me comprendes. Saber no es comprender. Podríamos saberlo todo y no comprender nada”

“Tú crees que me matas. Yo creo que te suicidas”

 

A pesar de la distancia aún escucho tu voz, vuestras voces, a lo lejos 08/02/2009

( publicado el 20 de octubre de 2008 )

Ayer leí, a través del blog de mi pululante ser preferido, el interesante mensaje que le dejaba otra de nuestras amigas de la facultad y me hizo pensar, y mucho, en la verdad de sus palabras.

Meli ha dejado constancia por escrito algo que todos (me refiero a mi grupo de amigos de la facultad) sabemos pero parece que ninguno se ha atrevido a decir en voz alta: estamos muy lejos, y no es sólo distancia física, que eso es lo de menos, sino lejos en el sentido de que nuestras vidas son, prácticamente, desconocidas ya para el resto.

Es una pena, porque hace 7 años éramos inseparables: las personas con las que más tiempo pasábamos al cabo del día. Lo conocíamos todo, pormenorizado, unos de otros. Y de pronto…la vida, que dicen que es eso que te pasa mientras tú estás planeando otra cosa (qué curioso, porque parece ser que lo dijo John Lennon). Terminamos la facultad y cada uno se enfrentó al futuro que se abría paso ante nosotros cómo y dónde pudo. Unos con más suerte, otros con menos, pero, al fin y al cabo, cada uno siguió su camino. Como debe de ser, ¿no?: son sólo eso: cosas de la vida.

Y mientras tanto nos enfrentamos a retos profesionales, a frustraciones porque el periodismo nunca termina siendo lo que soñabas (y es que Woodward y Bernstein hicieron mucho daño con su apasionante vida profesional mientras que el resto nos conformamos con lo que podemos), a relaciones que funcionan, otras que no funcionan y algunas que son de ida y vuelta o en dos tiempos, a traslados para buscarse la vida y el futuro, a nuevos amigos, a pérdidas de todo tipo, a nuevas y “mejoradas” frustraciones, crecemos, maduramos…nos alejamos.

Entonces todo era tan fácil, tan bonito: nos teníamos unos a los otros, y si uno lloraba, el resto estaba ahí, para cambiar eso; nos enfadábamos y reconcialiábamos, porque son cosas de postadolescencia; salíamos, mucho, dormíamos poco, estudiábamos de vez en cuando, jugábamos al buscaminas por las tardes en casa de Carlos, oíamos las historias de Juanma y sus “pepis”, Alfonso y yo hablábamos de música negra, Meli hacía gala de su salero gaditano, Marisa de su dulce inocencia que hacía que a la mayoría se nos cayese la baba con ella, Monti y su música (y todo lo demás), Javi y Raúl, el Sevilla, el Madrid y sus historias, David, ese gran desconocido, Jose y Rafa, nuestros cordobeses preferidos…y Marta, no me olvido de tí, sólo te dejo para el final porque tú, para mí, eres, simplemente, Marta: la amiga, la única de nosotras 4 de la que apenas me he alejado. Gracias a Dios, al menos logré conservar a una de las 3, porque, de lo contrario, ahora estaría perdida.

Meli, quizás estemos separados, pero yo aún soy capaz de oir vuestras voces a lo lejos, de escuchar vuestras risas, que retumban en mi cabeza haciéndome recordar viejos, y buenos, tiempos. Porque vosotros me disteis la mejor época de mi vida, al menos hasta la fecha. Y por eso siempre estareis en mí, formais parte de mi, de mil formas diferentes, en mayor o menor medida, pero jamás saldreis de mi corazón. Por muy lejos que parezcamos estar.

De cualquier forma, eso siempre puede arreglarse: cuando entre las personas se estableció en el pasado un vínculo poderoso, como es el de la amistad, nada es insalvable y mucho menos la distancia porque, en este caso, nunca será el olvido. Al menos yo lucharé por ello. Y espero que me ayudeis.

Un beso…os quiero.

 

La vida antes de Internet, Messenger y la Web 2.0 08/02/2009

Ayer un buen amigo me dio una idea sobre la que postear a través del Blog: qué era de nuestra vida antes de Internet y el Messenger. Me pareció una idea excelente. Sobre todo ahora, que mi prolífica creatividad empieza a brillar por su ausencia, porque parece ser que, en mi caso, el talento prosístico, que no prosaico con sus connotaciones negativas, bebía directamente del mal de amores…por lo que el inicio de la recuperación marca, ni más ni menos, que el final de mi “carrera” literaria. Hay que joderse. Al menos, tengo un motivo más que alimente mi odio profundo hacia su persona…

Sin más dilación, la cuestión es ¿cómo podíamos vivir antes sin Internet?. Pues ni idea pero el caso es que lo hacíamos. Estudiábamos, hacíamos trabajos y deberes en el colegio y en el instituto sin que Dios Google nos ayudase en lo más mínimo. Costaba, pero salía.

Pero claro: una vez te acostumbras a lo bueno…vamos, que te quedas un día sin Internet y sientes que se acaba el mundo. Sin ir más lejos, sin Internet yo no podría trabajar y, lo que es peor, ¡no tendría trabajo! (es lo que tiene dedicarse a esa pijada que denominan por ahí “Arquitectura de la Información”: ¡toma ya!).

Ahora utilizas Internet para trabajar, para comunicarte (gratis) con los amigos que están lejos o quedar con los que están cerca. Porque mandar (y recibir) sms está muy bien pero hay que pagarlos. Sin embargo, enciendes el ordenador, conectas el Messenger, y todo un mundo de posibilidades se abre ante tí: cotilleas con los amigos, pones a parir a la gente, haces planes para el fin de semana, comentas la última película que has visto, intercambias canciones, enlaces a Youtube, envías las fotos vergonzosas de esa noche tonta de alguno de tus amigos…y así hasta el infinito.

Y todo esto va creciendo. Así que si el Messenger nos parecía la leche e Internet el mejor invento de la segunda mitad del siglo XX (sin duda lo único que le podemos agradecer al ejército, americano en este caso), ahora vamos y nos damos de frente con las redes sociales y la Web 2.0. Y así todos tenemos Facebook, los grupetes musicales de nueva hornada se publicitan vía Myspace, además del Messenger nos comunicamos por Google Talk, existe el Skype, todo el que tiene algo que decir, o quiere dar salida a su talento bloggea, se hacen wikis (en mi empresa la Intranet se basa en una Wiki sin ir más lejos), publicas tus fotos en Flickr, especulas en EBay, compras on line de todo,  Apple creó el ITunes, etcétera.

Por todo lo anterior, ¿qué más da como fuera nuestra vida antes de Internet? Lo que realmente importa es cómo será de aquí en adelante, porque no dejará de crecer y sorprendernos. Y si un cataclismo del tipo “Efecto 2000″ o algo peor en la línea catastrofista del Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN, finalmente se produjese, pues que Dios nos coja confesados y que cada uno rece lo que sepa o se encomiende a quien considere necesario.

 

Aclaraciones al concepto “platónico” del amor 08/02/2009

( publicado el 3 de agosto de 2008 )

El amor platónico:

  • No tiene matices
  • No tiene negociación
  • No tiene detalles sucios
  • Esta fuera del tiempo: no envejece
  • No cambia de humor
  • No da lugar a discusiones
  • Es limpio puro, y está siempre en suspensión

Por lo que un amor no se convierte en platónico en un momento concreto ni por un motivo determinado, simplemente ya desde su origen lo es. Pero si Antonio necesita saber cuándo un amor se convierte en platónico supongo que será cuando tienes conciencia de que jamás se materializará y que no lo hará bien porque la persona que ama platónicamente no quiere (probablemente porque el ideal que se ha formado en su mente siempre será mejor que lo que puede encontrar en la realidad: un amor que vive en tu imaginación es tal y como tú quieres que sea, por lo que puedes hacer desaparecer todo lo malo: las discusiones, el miedo al abandono o a que se acabe el amor, al engaño…) o bien porque, por el motivo que sea (tu amor idealizado es homosexual, o alguien a quien sólo has visto un instante en un bar, el autobús, un semáforo, el centro comercial…, un amigo de toda la vida, el novio de una amiga, un famoso de la televisión, tu vecino del 1º, un compañero del trabajo…etc) su materialización es imposible o, como mínimo, demasiado dificultosa y complicada.

Además, hay otra cuestión importante y es el hecho de que el amor platónico es más emocional y pasional que físico (incluso puede que no pienses, en ningún momento, en esa persona como objeto sexual y físico del amor), en el que prevalecen los sentimientos, los pensamientos y la fantasía, que sólo se hace realidad en nuestra imaginación y nos gusta que sea precisamente así: real sólo a través de la creatividad que cada uno es capaz de desplegar en su mente.

Es un amor idealizado y soñado, que forma parte de cada uno pero que, incluso, deseamos que jamás se materialice porque, probablemente, perdería todo su encanto porque, y aquí creo que es donde está el quid de la cuestión, es más que probable que tengamos miedo de confirmar que ese ser perfecto y que hace y siente justo como queremos que lo haga, según nuestros propios deseos, porque vive en nuestra fantasía, nos decepcione y desilusione a través de su propia realidad más mundana. Aunque, claro, siempre podemos ser optimistas y arriesgarnos porque quizás la realidad supere nuestras expectativas a pesar de todo.

De todas formas, podríamos considerar que todo amor es platónico al principio, porque no es inmediatamente materializable, sino que esto se daría, en todo caso, con el tiempo, independientemente de que sean días, semanas, meses o incluso años. Porque, en definitiva, sólo el tiempo es quién puede decirnos si un amor platónico puede hacerse realidad o no, puede materializarse e, incluso, convertirse en “amor verdadero” (seguro que esto también traerá cola y generará polémica).

Además, no hay que olvidar que tener un amor platónico hace la vida más interesante, menos triste y aburrida, porque mantiene viva la ilusión y la esperanza. Aunque sólo sea por eso, merece la pena el tener y mantener un amor platónico, al menos mientras no exista uno real.

Ya sé que no he aclarado absolutamente nada y que en los grandes temas de la vida es imposible llegar a una conclusión satisfactoria porque, de ser así, ¿sobré qué discutiría el ser humano?. Al menos, espero que sirva para algo.

 

Amores Platónicos 08/02/2009

( publicado el 1 de agosto de 2008 )

Hoy una amiga me ha recordado los amores platónicos. Esos amores ideales que viven tan solo en tu imaginación, una especie de amor espiritual y totalmente puro que se puede sentir tanto hacia una persona a la que ves a diario pero con la que nunca has cruzado una palabra o que puedes experimentar con un amigo por el que sientes algo más que amistad pero que es diferente al amor tal y como lo entendemos en nuestra vida diaria.

Fue Platón, a través de la clasificación de los tipos de amor en sus “Diálogos”, quien concibió este tipo de amor que se expresa de una forma intelectual y no física. Es, en definitiva, el amor por la belleza absoluta, que siempre está idealizada.

Hoy día un amor platónico es aquel que es inalcanzable y que, por lo general, se mantiene en nuestro ideal para siempre aunque de una forma que, gracias a Dios, no duele, porque desde el inicio eres consciente de que es amor idealizado e idealista, “platónico”, inalcanzable, irrealizable, imposible de materializar por el motivo que sea. Pero, a pesar de todo, no te importa, porque lo asumes como tal desde el principio y no es exactamente como un amor no correspondido (estos sí duelen, aunque por ahí leí una vez que duele más el amor correspondido que el no correspondido, y creo que es cierto), sino que es otra cosa.

Todo esto viene a que mi amiga me ha recordado hoy a mi amor platónico. Al decirme que, de pronto, hoy ha tenido noticias de un amor platónico al que no ve desde el colegio, me he acordado de Jesús.

Yo tenía 12 años cuando lo conocí. Él era un año mayor que yo, estudiábamos en el mismo colegio e íbamos juntos a clases de artes marciales. Además, su hermana era amiga mía del colegio. Entonces no sabía que era un amor platónico porque era pequeña para tener conciencia de ideas filofósicas de semejante magnitud. Así que, simplemente, me gustaba y punto. Nos veíamos todos los días y, obviamente, apenas si hablábamos: sólo alguna que otra vez a través de su hermana o en las clases de taekwondo. Pero eran niñerías de púberes.

Desde luego, no era uno de esos amores que te quitan el sueño y te duelen. Era, simplemente, un sentimiento idealizado, puro y precioso que vivía en la imaginación de una pre-adolescente pelín tímida para ese tipo de cosas.

Poco después. él terminó la EGB (sí, así de mayor soy) y ya sólo nos veíamos en las clases de taekwondo. Un año después, fui yo quien terminó y empezó BUP en un colegio de cuyo nombre no quiero acordarme…Y con las presiones de los estudios, la carrera que quería hacer, etc, dejé las artes marciales y, por extensión, dejé de verlo.

De vez en cuando lo veía por el barrio y el corazón siempre me daba un vuelco. Luego pasaba un par de días visualizándolo en mi mente y caía de nuevo en lo más profundo y oculto de mi cabecita para permitirme seguir con mi vida.

La última vez que lo ví fue un par de años después de terminar la carrera, en el autobús…y entonces fui consciente de que se trataba de un amor en el sentido platónico del mismo. De nuevo me dio un vuelco el corazón y en mi imaginación, él seguía siendo perfecto.

No sé en qué momento me olvidé total y absolutamente de él, relegándolo, durante años, a un oscuro rincón de mis recuerdos infantiles…pero hoy mi amiga ha devuelto ese recuerdo a mi realidad: me ha arrancado una sonrisa y me he preguntado “¿Qué será de él? ¿Estará casado? ¿Tendrá niños?…” Y, curiosamente, su rostro se ha dibujado con tal claridad en mi mente que hasta me he sorprendido un poco.

Sería genial cruzarme con él, de pronto y durante un minuto, en cualquier parte de Sevilla o de cualquier ciudad del mundo. Sólo por ver si su sonrisa sigue siendo la misma.

 

¿Felicidad o momentos felices? 08/02/2009

Archivado en: Pensamientos Profundos — altisidora @ 01:04
Tags: , , , , , , ,

¿Existe la Felicidad o solamente los momentos felices? Tuve esta conversación con mi amigo Antonio hace muchísimos años, tantos que aún estábamos en la facultad y la vida era mucho más sencilla. Fue una tarde de verano, allá por el año 2000, cuando los dos Antonios y yo éramos becarios en ABC: ¡qué recuerdos!. Ese día, durante el rato de la merienda nos dio por ponernos filosóficos. 21 añitos y filosofando…cosas de periodistas (todos pedantes, en mayor o menor medida).

No sé cómo surgió el tema, ni cual de los dos Antonios lo planteó. La cuestión es que jamás nos pusimos de acuerdo (yo creía en la existencia de momentos felices, igual que uno de los Antonios…y el otro Antonio sí creía en la Felicidad, aunque no recuerdo que argumentase demasiado bien su teoría)…y creo que nunca retomamos el tema, ni en días, ni meses, ni años posteriores: la próxima vez que vea a Antonio lo comentaremos, a ver si en 8 años han cambiado nuestras opiniones al respecto.

Yo opté por la existencia de momentos felices, que son como oasis que aparecen, de vez en cuando, a lo largo de tu vida, y que se intercalan, irremediablemente, con otro tipo de momentos, situaciones o circunstancias que no son buenas (y no tienen por qué ser infelices sino que, simplemente, no son grandes momentos que recordar con una sonrisa).

No creo que exista la Felicidad, así, con mayúsculas, porque siempre habrá problemas, siempre ocurrirán cosas malas y, por tanto, no puede existir nada más allá de momentos felices: pocos o muchos, eso ya es cuestión de suerte.

Pero que no exista la Felicidad, sino sólo los momentos felices, no tiene por qué ser malo: es una cuestión de equilibrios en el Universo. Ni sería soportable el sufrimiento constante ni divertido la felicidad permanente, porque eso sería aburrido. Además, es una cuestión de lecciones de vida: al fin y al cabo, la mejor forma de apreciar lo bueno que te regala la vida es siendo plenamente consciente de tus padecimientos pasados y del dolor que puede venir en el futuro. Es como eso de que hay que aprender de los errores para no volver a cometerlos. Esto es lo mismo, pero a un nivel incluso más elevado si cabe: disfrutas más de la felicidad cuando, previamente, has sufrido. Aprender a valorar lo bueno que te regala la vida.

Nos debatimos constantemente entre tristezas y alegrías, se pasa por unas y luego por otras, y viceversa y, en el fondo, el dolor también te ayuda a sentir que estás viva. Y no hay mayor felicidad conocida que respirar, sentir…¡vivir! Superar los obstáculos que la Vida nos pone en el camino, conocer la amistad y el amor y tener la esperanza, cuando el mundo se te ha venido abajo, de que algo bueno está por llegar porque, gracias a Dios, después de la tormenta siempre llega la calma (Sí, ya sé que es de una canción de Alejandro Sanz, pero no por ello menos cierto).

Además, el ser humano es incorformista por naturaleza y aunque lográsemos todo aquello que, en un momento dado, consideramos que nos haría plenamente felices, siempre encontraríamos un motivo para estar descontentos, quejarnos, sufrir, llorar…

La cuestión es que hay que disfrutar al máximo de los momentos felices que nos regala el Destino proque no sabemos cuánto van a durar y, cuando se esfumen, guardar los buenos recuerdos y esperar con paciencia a que, de nuevo, nos llegue esa felicidad momentánea que tanto ansiamos. Pero siempre mirando al frente, sin miedos. Y no es malo llorar, las lágrimas te liberan del dolor, pero hay que poner de nuestra parte y quedarnos sólo con lo bueno, deshechar lo malo y ser consciente de que, tarde o temprano, volveremos a encontrarnos inmersos en un momento feliz.

Por cierto:

Si la vida te da la espalda…¡TÓCALE EL CULO!