Hoy una amiga y compañera de trabajo, mientras hablábamos de política a una hora infame para temas tan elevados (16:00 horas, medio adormiladas después de almorzar y en el trabajo…) me ha definido como la representante tipo o modelo de la Socialdemocracia: “tú no eres rojilla…sino socialdemócrata. Cumples perfectamente el perfil de representante tipo de la socialdemocracia”, me ha venido a decir, más o menos.
A saber: joven, de profesión liberal (en mi caso, el periodismo), de familia de clase media también socialdemócrata, progresista, que cree en la movilización social pero no en la revolución…en definitiva, el público-objetivo primordial y principal del PSOE. A esto añado yo: republicana convencida y fan de ZP (y de Carme Chacón, qué diablos).
La Socialdemocracia fue una ideología política de final del XIX que no pretende acabar con el predominio del Capitalismo (Socialismo) o, directamente, reemplezarlo y punto (Marxismo). La Socialdemocracia cree en la reforma democrática del capitalismo, mediante la regulación estatal y la creación de programas y organizaciones también estatales cuyo objetivo sea aliviar o eliminar las injusticias que provoca el ssitema de mercado.
Un socialdemócrata cree en la participación ciudadana para realizar la reforma de la sociedad, cree en la protección del medioambiente y cree en la integración racial y de las minorías en general.
Es cierto: me adapto a la perfección a ese perfil, porque creo en el capitalismo, pero con ciertos límites, es decir, dejando hacer a los gobiernos para garantizar la protección de la ciudadanía, creando un auténtico estado de bienestar para todos. Un socialdemócrata cree en el aumento de las pensiones, las subvenciones, las ayudas a asociaciones sociales y culturales, la creación y mantenimiento de empresas públicas (a todos los niveles, incluyendo los medios de comunicación), en el matrimonio gay y el derecho a adpotar tanto de parejas gays como heteros y, por supuesto, de personas sin pareja que deseen ser padres; creo en la legalización de ciertos asuntos controvertidos que no voy a poner por escrito para no herir sensibilidades, porque creo en la libertad de expresión y, desde luego y como periodista, en la de información, pero como también creo que la libertad de cada uno termina donde empieza la de otro, no voy a abrir debates peliagudos; creo en la educación pública y laica, en la libertad de cultos y religiones (pero en un estado laico). Y creo en los derechos humanos, en los de los animales…¡y en los de las plantas! y, por encima de todo, creo en las libertades individuales de todos los ciudadanos (afecten a la cuestión que afecten: sexo, religión…).
Por todo ello, me encanta que Felipe González fuese Presidente de este país, porque es, quizás, el máximo representante de la Socialdemocracia en España. Y por eso soy fan de ZP.
Sí, soy “progre” y es curioso, porque mucha gente opina que soy una pija…quizás sea un nuevo tipo de pijas, esas que votan al PSOE y creen en las políticas sociales y la necesaria intervención del Estado en ciertas cuestiones para mejorar la calidad de vida de todos.
Mi amiga dice que yo soy su candidata, es decir, que si fuera política, me votaría…me lo plantearé. Y como decían los franceses (muchísimo antes de Sarkozy): “LIBERTÉ, EGALITÉ, FRATERNITÉ”